La venganza de Trump contra los republicanos que lo desafían (y la zancadilla que le ha puesto a su propio partido)

Jesús Del Toro
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Donald Trump continúa su campaña de alegaciones de fraude electoral, pese a que no ha presentado pruebas de ello, a que sus demandas al respecto han sido rechazadas una y otra vez en las cortes y a que los resultados en estados decisivos han sido validados y refrendado la victoria del demócrata y presidente electo Joe Biden.

Ahora incluso ha arremetido contra miembros de su propio partido porque no han querido plegarse a sus esfuerzos de cuestionar, distorsionar o alterar el resultado de las votaciones.

Donald Trump ha atacado en redes sociales a republicanos que no apoyan su infundada teoría de que se cometió un fraude electoral masivo en su contra. (AP Photo/Patrick Semansky)
Donald Trump ha atacado en redes sociales a republicanos que no apoyan su infundada teoría de que se cometió un fraude electoral masivo en su contra. (AP Photo/Patrick Semansky)

Los gobernadores de Arizona y Georgia, ambos republicanos, han mantenido la posición de que la elección del 3 de noviembre en sus respectivos estados fue limpia, de que el proceso se ha llevado a cabo con apego a la ley y que el triunfo de Biden es legítimo. Pero eso les ha atraído la animadversión de Trump.

Y aunque muchos republicanos se han negado a reconocer el triunfo de Biden y han hecho eco de las alegaciones infundadas y teorías conspirativas de la campaña de Trump, a un número creciente de ellos les queda cada vez más claro que el demócrata asumirá la presidencia el 20 de enero y que los alegatos de fraude que se han presentado carecen de fundamento.

A Trump, con todo, al parecer no le importa nada que no sean sus propios intereses y obsesiones y ha arremetido incluso contra miembros de su propio partido, algo que posiblemente le dé dividendos en el corto plazo y una vez que deje la Casa Blanca pero que podría, irónicamente, dar a Biden y a los demócratas un mayor margen de poder y maniobra, en detrimento del Partido Republicano y su agenda.

Una puñalada al partido que lo llevó a la presidencia

Así, molesto porque los gobernadores republicanos de Arizona, Doug Doucey, y de Georgia, Brain Kemp, han avalado la victoria electoral de Biden en esos estados, Trump hizo retuit a mensajes que los critican y que, incluso, podrían desalentar el voto a favor de los candidatos republicanos al Senado en la crucial segunda vuelta electoral en Georgia.

“¿Por qué molestarse en votar por los republicanos si lo que se obtiene son Ducey y Kemp?”, cuestiona un tuit que recibió el influyente retuit de Trump.

“¿Quién necesita demócratas cuando uno tiene republicanos como Doug Ducey y Brian Kemp”, reza otro mensaje que Trump retuiteó.

Millones de los seguidores del presidente siguen y atienden lo que él dice o reproduce en sus redes sociales y por ello esos retuits, con toda su inquina y sus equívocos, resultan relevantes.

Trump y sus simpatizantes más fervientes presumiblemente están molestos con Ducey y Kemp, pero al plantear dudas sobre la pertinencia de votar por los republicanos estarían dándole una puñalada al Partido Republicano del propio presidente, que lo ha apoyado de modo consistente, incluso en casos extremadamente punzantes como el impeachment y la ominosa politización de la respuesta contra el covid-19.

Ello porque desalentar el voto a favor de los republicanos, en específico en el caso de Georgia, podría conducir a que los demócratas ganen los dos escaños del Senado que se elegirán a principios de enero en ese estado y con ello se transferiría el control al Partido Demócrata. Algo que ciertamente favorecería a Biden y a su agenda, pues le daría control de ambas cámaras del Congreso y le permitiría avanzar más fácilmente con sus nominaciones y cambios legales.

Justo lo que los republicanos quieren evitar.

Pero si los votantes republicanos en Georgia le hacen caso al retuit de Trump, eso podría entregar el Senado a los demócratas. Al denostar Trump a quienes no se pliegan a sus intereses no solo desdeña que esos gobernadores, y otros en todo el país, están cumpliendo la ley sino que pone en riesgo el control republicano del Senado y le estaría poniendo una zancadilla a su propio partido.

Pero si en aras de su pragmatismo Trump ha de pasar por encima de su partido eso no parece, a juzgar por sus recientes tuits y retuits, importarle demasiado.

No es la primera vez que eso sucede. Trump ha usado al Partido Republicano para impulsar políticas y acciones de su preferencia e interés personal aunque estas no necesariamente estuvieran en línea con la ideología y la trayectoria de su partido.

Por ejemplo, durante su gobierno Trump ha dado la espalda al control del gasto público y al libre comercio que han sido elementos de peso de las políticas del Partido Republicano y en cambio se empecinó en dotar de fondos a su proyecto de muro fronterizo, que fue rechazado en ambas cámaras, incluso en el Senado de mayoría republicana, y ha impuesto aranceles y otras medidas que han acotado varios aspectos del comercio internacional.

También ha desdeñado a la Organización del Tratado del Atlántico Norte y ha mantenido una punzante ambigüedad ante regímenes como los de Rusia y Corea del Norte, situación que también va a contracorriente de las previas políticas republicanos al respecto.

El gobernador republicano de Georgia, Brian Kemp, al recibir al presidente Donald Trump en marzo de 2020. (AP Photo/Alex Brandon)
El gobernador republicano de Georgia, Brian Kemp, al recibir al presidente Donald Trump en marzo de 2020. (AP Photo/Alex Brandon)

La pertinencia o nocividad de esas medidas son otro tema, pero son ejemplo de cómo Trump ha usado o incluso pasado por alto a su propio partido en aras de impulsar sus planteamientos.

En contrapartida, Trump aceleró la nominación de jueces conservadores, redujo impuestos a los más ricos y recortado regulaciones, posiciones consistentes con la agenda republicana.

Otro caso son los muy considerables recursos, decenas de millones de dólares, que Trump ha recaudado para “defender la elección” pero que, en realidad, en poco han sido destinados a ese fin y en su mayoría, según reportes de medios, irán a financiar actividades políticas de Trump cuando deje la presidencia. Eso sugiere que, en gran parte, su estridencia al alegar un fraude masivo y contra quienes descartan tal suposición tiene que ver mucho más con apuntalar su influencia y recursos para cuando deje la presidencia que en realmente revertir el resultado, algo que es ya improbable pues la victoria de Biden es legítima.

Ciertamente, otros afirmarán que su crítica a Ducey o a Kemp estaría específicamente dirigida a ellos y no al general de los republicanos o a los candidatos al Senado en Georgia, y que Trump está defendiendo a los votantes republicanos de las decisiones de esos gobernadores.

Ello en la línea de un Trump que busca mantener el control y el respaldo de amplias masas de votantes de derecha y para ello le viene bien romper con ciertas élites republicanas, así sea de moro declarativo-propagandístico. El Partido Republicano de la era de Trump ciertamente no es el mismo del pasado y él desea mantener control luego de que deje la presidencia.

Incluso algunos seguidores del presidente estarían tan disgustados con los republicanos que no “han luchado por Trump” que en Georgia votarán en enero por los candidatos demócratas al Senado.

Los ataques de Trump contra Ducey y Kemp son una forma de ejercer presión no solo contra ellos sino contra otros republicanos que no lo apoyen, pudieran oponérsele o traten de comenzar a construir o reconstruir a su partido sin él.

El propio Trump dijo en un tuit que se dispone a mantener su influencia en el Partido Republicano en el futuro.

Con todo, al poner en duda la utilidad del voto no resultaría de mucha ayuda para los republicanos en la segunda vuelta de Georgia en enero y, en general, tampoco a la democracia en sí. Estigmatizar los procesos electorales porque su resultado no resulta favorable o porque sus procesos no coinciden con sus deseos es una práctica común de Trump, pero resulta lesiva para la institucionalidad republicana del país.

Y si en efecto sus seguidores le hicieran caso a gran escala en Georgia y dejaran de votar por los republicanos, Trump lograría con singular ironía darle más poder a un Biden que él mismo aún no ha reconocido como presidente electo.

No es claro si eso sucederá pero lo que sí resulta evidente es que Trump continuará atacando a todo aquel que no se pliegue a sus intereses y obsesiones, sin importar que al hacerlo pueda minar a aliados o peor aún afectar al general del país.

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