Un pueblo egipcio da una nueva vida a los neumáticos de todo el país

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Niños frente a pilas de neumáticos en un taller de reciclaje de caucho en Mit al Harun, en Egipto, el 14 de enero de 2020

Desde hace décadas, los vecinos del pueblo egipcio de Mit al Harun (al norte de El Cairo) se ganan la vida transformando neumáticos usados en cestas para la compra o en virutas para el suelo de parques infantiles.

Desde bien temprano, los obreros empiezan a afilar los cuchillos con los que van desmontando las montañas de neumáticos que hay en los márgenes de las carreteras.

La pequeña localidad de Mit al Harun, situada en el Delta del Nilo, a 70 km al norte de El Cairo, se ha convertido en la capital egipcia del tratamiento de residuos de caucho.

"Todo el pueblo trabaja en el reciclaje de neumáticos usados. Aprendimos el oficio de nuestros padres y de nuestros abuelos", cuenta un Mohamed manchado de tizne, de 35 años, a las puertas de su taller.

Los trabajadores del sector recogen neumáticos por todo el país y vienen a venderlos a Mit al Harun, por "hasta 70 libras egipcias (4 euros; 4,43 dólares) o incluso más", según su tamaño, indica Mohamed.

"Luego, los cortamos y retiramos los anillos metálicos, que también son recogidos y reciclados" por la industria siderúrgica local, explica.

El obrero explica que una parte del caucho acaba reducido a pequeños trozos, que se reutilizan en la industria del cemento "como una fuente alternativa de energía". La materia restante se transforma en virutas para el suelo de los parques infantiles.

Sin embargo, Mohamed lamenta que sus actividades de reciclaje hayan disminuido a causa de los disturbios políticos y los atentados que siguieron a la revuelta popular de 2011, que asestaron un duró golpe a la economía del país.

"Hay días en que tenemos mucho trabajo y otros en el que prácticamente no tenemos nada", añade.

En otro taller, Mustapha Azab, de 43 años, fabrica capazos de caucho a partir de neumáticos de caminos, tractores y cargadoras.

"Partimos el neumático en dos y después separamos las capas interiores (de caucho) con una manivela, antes de moldearlas en cestos y ponerles clavos en los extremos para mantener" la forma, comenta Azab.

Según el artesano, los capazos suelen acabar en manos de granjeros, jardineros y obreros agrícolas para transportar objetos pesados.

Y aunque no tenga más que un puñado de obreros, el taller de Azab trata cerca de una decena de neumáticos al día, y produce entre 80 y 120 capazos. "Nuestro trabajo es un trabajo agotador que requiere una cierta fuerza física para desplazar los neumáticos pesados", considera Haitham, hermano de Azab.

"Si hubiéramos podido tener un oficio más estable, habríamos abandonado este, pero esta es nuestra única fuente de ingresos", zanja.