Un poco de música y "felicidad" en el desfigurado este de Mosul

Por Edouard GUIHAIRE
Abdesatar al Hamdany, un estudiante de Farmacología de 21 años, delante de la destruida Universidad de Mosul, en el este de la ciudad iraquí, el 22 de enero de 2017

¿Música en Mosul? Era un delito hasta hace poco, cuando el grupo Estado Islámico era el amo y señor de la ciudad. Desde que los yihadistas fueron expulsados de la zona, un vendedor de discos recupera el tiempo perdido.

Mohamed Mohsen instaló su mercancía en una acera de una calle del centro de esta ciudad del norte de Irak. En enero las fuerzas gubernamentales reconquistaron la parte este y ahora combaten por recuperar el control de los barrios del oeste.

Justo enfrente está la universidad, o lo que queda de ella. Era una de las más prestigiosas del país, pero eso era antes de que el grupo EI ocupara Mosul en 2014. Los combates la destrozaron, reduciéndola a ruinas.

Los discos compactos se venden en fundas de plástico. La mayoría son álbumes de artistas iraquíes. Incluso tiene grandes éxitos de Majed al Muhandis, alias 'la Voz de Diamante', un cantante muy conocido en el mundo árabe.

Mohamed, un treintañero con jersey y cazadora gris, reabrió su comercio hace unas semanas. Intenta atraer a los clientes difundiendo pop a todo volumen por pequeños altavoces conectados a un ordenador.

- A cara descubierta -

La música "es una felicidad de la que se privó a la gente", afirmó a la AFP este hombre, que recuerda muy bien el día en que los yihadistas le ordenaron que parara el negocio.

"Me dijeron: 'Tienes que cerrar. Todo esto, música, canciones, danza, está prohibido. Prohibido en nombre de la religión'", cuenta, mientras se oye el ruido de explosiones procedentes del oeste de Mosul. "Me quitaron mis cosas, mis discos y otros trastos y los quemaron en la calle".

Escuchar música bajo el yugo yihadista era, dice, arriesgarse a ser "convocado por la policía religiosa" y que te "dieran latigazos". "Ahora, gracias a Dios, Dáesh (acrónimo en árabe del grupo EI) se fue y las tiendas vuelven a abrir".

La parte este "liberada" vuelve a la vida poco a poco. En las calles se intenta retirar los escombros causados por los combates, una tarea titánica a luz de los destrozos que han desfigurado la ciudad, la segunda más importante de Irak.

Las banderas iraquíes sustituyen a las de los yihadistas y la policía federal a los combatientes del grupo ultrarradical suní.

No sólo vuelve la música. Las mujeres pueden pasearse a cara descubierta, sin el velo negro que les imponían los yihadistas.

"Teníamos que llevar la cara oculta (...) y no podíamos caminar sin ir acompañadas de un hombre", explica Um Yusef, de pómulos prominentes enmarcados por un chal de color beige.

- Té, cigarrillos y televisión -

En cuanto fue expulsado el grupo EI, los comercios de ropa femenina sacaron los vestidos de colores prohibidos por los yihadistas. Hay lencería fina, faldas sofisticadas, pantalones floridos e incluso una túnica adornada con el lema "Paris is always a good idea".

Un poco más lejos se halla una pequeña cafetería. Los clientes beben té negro azucarado en tazas en forma de campana invertida. Ahora pueden fumar tabaco y ver la televisión estadounidense.

Los hombres bromean, hablan con entusiasmo y se lo pasan bien para intentar olvidar, al menos por un rato, el drama que se vive al otro lado del Tigris, el río que los separa del oeste de Mosul.

"Ahora aquí se está bien", afirma Mohamed Mahmud, de 28 años. "Pero allí, en el oeste de Mosul, sigue habiendo guerra".

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