Un nuevo método para darle sus medicinas a nuestros gatos

Crédito: Jaana Hautala

Cualquiera que tenga o haya tenido gato sabe lo difícil que resulta darles medicación, especialmente si es en forma de pastilla. De hecho, tienen fama de ser las mascotas a las que más cuesta medicar. Y sin embargo, en un artículo reciente se da una solución simple y elegante: hacer las pastillas más pequeñas, con mejor sabor y textura.

Pero si la solución es tan simple, ¿por qué no existe ya? Bueno, razones hay muchas. Tal vez la principal es que se emplean en muchas ocasiones medicamentos veterinarios genéricos, que sirven para un mayor número de mascotas. Vaya, que no son específicas de gatos. El problema es que están diseñadas con otra mascota en mente, la más común: los perros.

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Antes de entrar en el detalle de cómo hacer los medicamentos más tolerables para los gatos, vamos a explicar por qué es importante. Estos felinos son una de las mascotas más comunes en el planeta, y su salud resulta importante no sólo por su bienestar. También por su efecto sobre la salud humana – ya que pueden transmitir enfermedades a las personas – y el impacto de sus enfermedades sobre los ecosistemas – porque también pueden infectar a otros felinos con los que entren en contacto.

Visto así, se entiende que se quiera facilitar la medicación de animales de compañía que pueden funcionar como vector de epidemias. Lo primero que hay que conseguir es que las dosis sean adecuadas. Aquí es donde entra en juego el tamaño de las pastillas.

Como los medicamentos veterinarios se diseñan para perros más que para ningún otro animal, las dosis van relacionadas a su tamaño. Pero en general los gatos son de menor talla y peso, por lo que hay que partirlas. Con esto se dificulta conseguir la dosis adecuada, pero también se afecta a la textura y palatabilidad.

Así que el primer paso es reducir el tamaño para adaptarlo al del animal. Pero no es suficiente. Porque los sabores con los que se recubren las pastillas, para “engañar” al animal y que se las coman, también son importantes. Y la dieta de un perro y un gato no son iguales.

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Los perros tienen una dieta más amplia, y por lo tanto hay más sabores que admiten. Los gatos, sin embargo, son carnívoros estrictos. En las comidas artificiales – piensos y demás- se incluyen cereales, pero el sabor predominante es el de presas, bien carne o pescado.

Y las pastillas deben tener también ese sabor, si queremos que los gatos las admitan. Cosa que hasta ahora no ocurre, en parte porque los sabores a carne son más complicados de obtener de manera artificial y por otro lado, porque resultan menos estables y por lo tanto más caros de fabricar.

Todo lo comentado hasta ahora está muy bien, y tiene todo el sentido del mundo, pero… ¿hasta qué punto funciona en situaciones reales? Este es el mayor aporte del estudio, ya que todas las pruebas se han realizado en situaciones reales. Las pastillas contenían placebo, pero quienes las daban eran dueños de mascotas y quienes las recibían, gatos domésticos. Así que está probado en la situación en que debe funcionar.

Aún faltan trabajos y estudios – y compromiso por parte de las empresas fabricantes – para que estas “mini-pastillas” agradables para los gatos sean habituales en el tratamiento de las mascotas. Pero al menos el primer paso ya se ha dado.

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