Pizza a cambio de que ortodoxos y jóvenes se vacunen en Israel

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Israel se ha convertido en un ejemplo en todo el mundo en lo que se refiere a la vacunación contra el coronavirus. En menos de tres meses ha conseguido que más de la mitad de su población (un 52,4% a día 23 de febrero) haya recibido al menos la primera dosis de una de las vacunas; mientras que más de un tercio (un 36,4% en la misma fecha) ya tenga la inmunización completa, según los datos de Our World in Data.

Esto significa que más de 4 millones de personas ya han recibido al menos una inyección. Como consecuencia de esta intensa campaña, los contagios han caído en las últimas semanas, a medida que progresaba la inmunización. Sin embargo, las autoridades se están encontrando con dificultades para continuar el avance en el plan.

Pizza gratis para los que se vacunen de coronavirus en Bnei Brak.  (Photo by JACK GUEZ/AFP via Getty Images)
Pizza gratis para los que se vacunen de coronavirus en Bnei Brak. (Photo by JACK GUEZ/AFP via Getty Images)

Concretamente, el mayor problema está viniendo de dos grupos de población: los ortodoxos y los jóvenes. Mientras que los primeros se han mostrado negacionistas respecto a la vacuna por regla general; los segundos no se están vacunando debido a que los efectos de la enfermedad suelen ser más moderados en ellos.

Pese a que actualmente cualquier persona mayor de 16 años ya puede vacunarse en Israel, lo cierto es que el ritmo ha decaído peligrosamente. El 12 de enero se llegaron a inocular hasta 240.000 dosis, lo que supuso un récord, mientras que actualmente la cifra se sitúa en la mitad, con entre 100.000 y 120.000.

Con el objetivo de animar a estos colectivos a acudir a los centros de vacunación y así avanzar hacia la inmunidad, las autoridades han optado por ofrecer incentivos en forma de comida y bebida para los indecisos.

Así, en la ciudad ultraortodoxa de Bnei Brak se ha repartido cholent (un estofado de carne y frijoles muy popular entre la comunidad) de forma gratuita para conseguir más vacunados. El resultado no ha podido ser mejor: un aumento en tres veces del número habitual de personas. Tampoco ha faltado la pizza.

Una estrategia que también se ha aplicado con los jóvenes. En la ciudad de Tel Aviv se ha ofrecido este popular plato italiano, así como hummus, pasteles y una taza de café a aquellos que se vacunen; mientras que en uno de los bares más populares de la urbe los que acudieran a ponerse una dosis se llevaban una cerveza y un chupito gratis. En la ciudad de Yafo se regalaba también knafe, un dulce árabe.

Estos incentivos llegan ante los preocupantes datos que manejan las autoridades. Las cifras revelan que apenas uno de cada diez ultraortodoxos se ha vacunado. El colectivo, que se ha caracterizado durante la pandemia por el rechazo a las medidas restrictivas y que ha protagonizado importantes enfrentamientos con el Gobierno, se muestra reacio a las inyecciones. De hecho ha habido varios ejemplos de rabinos negacionistas que han alertado sobre supuestos efectos negativos de las vacunas sin aportar ningún tipo de prueba.

Un ultraortodoxo es vacunado en Bnei Brak. (Photo by GIL COHEN-MAGEN/AFP via Getty Images)
Un ultraortodoxo es vacunado en Bnei Brak. (Photo by GIL COHEN-MAGEN/AFP via Getty Images)

En lo que respecta a los jóvenes, los números también son contundentes y enseñan que solo un 30% de los adolescentes se ha vacunado, un 40% de los que están en la veintena y un 50% de los que están en la treintena.

Si se comparan estas cifras con los mayores, las diferencias son notables, ya que el 90% de los mayores de 70 y el 80% de entre 50 y 60 ya están inmunizados. Conviene recordar que a diferencia de España, donde de momento la vacunación está limitada a determinados rangos de edad, en Israel cualquier ciudadano puede recibir una dosis en el momento que lo solicite.

Más contagios de los jóvenes

Esta desigual vacunación está provocando que la mayor parte de los contagios en Israel sean de personas menores de 39 años (el 75%, según el Centro de Información del Coronavirus). El informe oficial señala que el 15% de los pacientes serios pertenecen a este rango de edad y desde diciembre la cifra ha ido aumentando progresivamente.

Así pues el objetivo de las autoridades es seducir a esta población y si no es posible terminar obligándoles a vacunarse, ya que solo con la inoculación generalizada se puede vencer al virus. El Gobierno prepara un proyecto de ley en el que se obligue a los trabajadores cuya labor requiere exposición pública (maestros, personal sanitario…) a vacunarse o si no, a someterse a una prueba de coronavirus cada dos días que además sería de pago.

Israel sigue avanzando así hacia la inmunidad y sirve como ejemplo al resto de países de lo que puede ocurrir en los próximos meses.

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