La última polémica del Gobierno catalán pone en jaque el futuro del independentismo

El presidente de la Generalitat de Cataluña, Pere Aragonès, aguantó el órdago y ahora el tiempo corre en contra de Junts. Foto: David Zorrakino/Europa Press vía Getty Images.
El presidente del Gobierno catalán, Pere Aragonès, aguantó el órdago y ahora el tiempo corre en contra de Junts. Foto: David Zorrakino/Europa Press vía Getty Images.

Junts amenazó la pasada semana con romper la coalición del Gobierno catalán, este lunes decidió plantear a la militancia si quiere divorciarse de ERC y ahora sus líderes trabajan para que la ruptura no se consuma. ¿Qué ha pasado en este tiempo? ¿Por qué el planteamiento de la pasada semana no parece hoy tan buena idea? ¿Cómo se ha llegado a que el futuro del Ejecutivo autonómico recaiga sobre poco más de 6.000 afiliados? La respuesta no es fácil de resumir en una sola frase porque hay varios factores que entran en liza. Primero un farol de póker que no sale bien, después un puñetazo en la mesa, posteriormente un envaine en toda regla y, finalmente, el miedo a lo desconocido.

Por partes. Dentro de los tiras y aflojas habituales entre Junts y ERC, y sin olvidar que la vuelta del verano siempre es un periodo de intensidad dentro del independentismo catalán -Diada, aniversario del 1º de octubre O...- Junts per Catalunya tensó un poco más la cuerda. Según la reconstrucción de los hechos, la corriente liderada desde el exilio por Carles Puigdemont (Junts) proponía plantear una cuestión de confianza al ‘president’ de la Generalitat, Pere Aragonés (ERC). La idea no gustó a todo el mundo por igual pero, con matices, la secundaron Laura Borrás -muy cercana a las ideas de Waterloo- y Jordi Turull -actual secretario general de Junts-.

Tras destaparse el asunto y viendo que todo esto se estaba orquestando en secreto, Aragonés decidió cesar al vicepresidente de su gobierno, Jordi Puigneró (Junts) alegando una "importante pérdida de confianza". Junts no se lo esperaba. Se revolvió y reclamó su restitución. Y viendo que su desaire no tuvo el impacto deseado, elevó la apuesta dejando caer la posibilidad de romper la coalición.

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Aquí es cuando en ERC entendieron que era el momento de mantenerse firmes. Es cierto que la causa independentista une a ERC y Junts. Pero no comparten muchas más cosas. En el Congreso llevan años votando de manera diferente en la práctica totalidad de asuntos que se debaten, así que ahora ven la posibilidad de gobernar Cataluña en solitario. Sin amenazas ni tiranteces constantes. De ahí que el propio ‘president’ de la Generalitat hiciera una pregunta muy sencilla, pero complicada, a los ‘consellers’ de Govern: "O sois Govern o sois oposición", coinciden en apuntar las fuentes.

En Junts estaba como cuando le dan las largas a una liebre en la carretera. El propio Turull, según cuenta Lola García en 'La Vanguardia', ha reconocido haber "bajado un par de escalones o tres" en sus pretensiones. Hasta el punto de estar trabajando entre bambalinas para convencer a sus afiliados, a quienes él ha decidido proponer el referéndum interno, para que voten a favor de quedarse en el Govern en el que, no lo olvidemos, poseen la mitad de las consejerías.

Para aquellos a quienes aún no les haya quedado claro la gravedad del asunto, el último en acudir para evitar el desastre ha sido el ‘expresident’ de la Generalitat Artur Mas. Pese a no ser militante de Junts, aunque lideró Convergencia -que sí formó parte de la fundación de Junts-, Mas ha apelado a la responsabilidad de Aragonés para que haga un "esfuerzo sincero" para evitar que se rompa el Govern.

Si el Govern se rompe, con él se resquebrajará buena parte del ‘procés’ independentista. Y también Junts. Pese a que el proyecto sigue latente, las sucesivas encuestas están evidenciando que esta cuestión está perdiendo enteros en la sociedad catalana. Que ve cómo la apuesta de máximos por la independencia lleva monopolizando la política desde hace años. Más de un lustro en el que apenas hay avances en lo que no tiene que ver con el secesionismo. Y ese bloqueo en materia económica -fuga de empresas-, social -tramitación de ayudas- y crecimiento -puesta en marcha de iniciativas- ya empieza a verse como algo perjudicial. Más aún cuando la inflación ya ha llamado a la puerta de millones de hogares. ERC, por contra, mantiene su imagen de socio del Gobierno central. Y ahora que hay que negociar los presupuestos anunciados ayer por PSOE y Unidas Podemos, sienten que pueden capitalizar la consecución de ayudas, planes y mejoras que arropen a las clases medias y bajas de Cataluña.

Junts se ha pegado un tiro en el pie. Pero no es definitivo. Si retrocede y acepta seguir en el Govern, podrá evitar el descalabro. Y además de mantener un hilo de esperanza para su proyecto independentista, alargar la vida de Junts. Algo que, hoy en día, importa menos a sus votantes que a sus líderes.

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