La jugarreta de Iglesias a Sánchez con Otegi a la mesa

Asier Martiarena
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El líder independentista vasco Arnaldo Otegi, en un mitin en el Velódromo de Anoeta, en San Sebastián, el 5 de marzo de 2016. EFE
El líder independentista vasco Arnaldo Otegi, en un mitin en el Velódromo de Anoeta, en San Sebastián, el 5 de marzo de 2016. EFE

Que PSOE y Unidos Podemos escenificaran el 27 de octubre un acuerdo presupuestario no significa que compartan la forma de sumar los apoyos necesarios. De la misma manera que el hecho de que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias busquen socios diferentes no implica que el Ejecutivo vaya a romperse o que esté en riesgo la duración de la legislatura. La sintonía del Gobierno de coalición por aprobar las cuentas y agotar la legislatura es total. Pero eso no quita para que la aparición de Bildu en escena, promovida y aplaudida por Podemos, sea una jugarreta del vicepresidente segundo al presidente del Gobierno. Porque lo que está en juego es la correlación de fuerzas para conformar una mayoría parlamentaria que refuerza la posición del partido morado tras el retroceso electoral sufrido en los últimos comicios.

Por tanto, el sí a los presupuestos que ayer anunció el coordinador general de EH-Bildu en RadioEuskadi no fue casual y está condicionando el debate de hoy en el Congreso. Además de ser otra prueba del nuevo escenario abierto en Euskadi y que algunos partidos se niegan a asumir -si con ETA activa la izquierda ‘abertzale’ llega a anunciar públicamente algo así, su militancia hubiera puesto el grito en el cielo. Y quien lo ha hecho, sin embargo, han sido sus rivales-, Arnaldo Otegi ayudó a Iglesias a alejar a Ciudadanos de los salones de Moncloa.

No es un secreto que el PSOE ha trabajado para que, con la llegada de Inés Arrimadas, el partido naranja se acerque al centro alejándose de PP y Vox. Ciudadanos ha entendido que debe hacernos olvidar cuanto antes que formó parte de la foto de Colón. Por eso no deja de hacerles guiños a los socialistas.

La idea de Arrimadas es recuperar parte del electorado perdido por alinearse con la derecha y que le supuso la pérdida del 83% de sus diputados en las últimas elecciones

Y la idea de Sánchez es evitar que Cs se desintegre buscando tener un socio moderado que, además, siga robando al PP votantes centristas. En el cuartel general de Ferraz saben, además, que contar con Ciudadanos como socio estable les permite librarse de las exigencias que los partidos nacionalistas le pueden hacer de cara a tramitar leyes en el Parlamento. Y si la estrategia funciona, cambiar de socio para mantenerse en el Gobierno.

Lo que ocurre es que, con el sí de Bildu a los presupuestos, parece difícil que Cs los apoye. No quieren plasmar de ninguna manera que votan conjuntamente con aquellos a quienes consideran “los herederos de ETA”. Eso es lo que ha buscado Iglesias pactando con Bildu que estos anunciaran su voto ayer a bombo y platillo. Alejar a Ciudadanos y avivar el pacto de la investidura para la que Sánchez sumó apoyos -algunos en forma de abstención- de los nacionalistas vascos, gallegos y catalanes.

El PSOE sabe que debe aprobar sí o sí las cuentas. Pero no se rinde a que su socio de coalición le gane la partida. Por eso la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha pedido a Podemos y a Ciudadanos a dejar de vetarse mutuamente. Solo un alto el fuego entre ellos permitiría al PSOE neutralizar las acusaciones de PP y Vox de vender España a los nacionalismos. La legislatura se agotará, pero lo que está en juego es la fortaleza con la que PSOE y Unidos Podemos llegarán a las nuevas elecciones.

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