En la UE, optimismo y algunas dudas sobre el acuerdo con el Mercosur

Inés Capdevila

Ahora bajo revisión legal, al pacto aún le falta tiempo y superar obstáculos para su firma final y aplicación

BRUSELAS.- Se divorció de Gran Bretaña. Se aleja cada vez más de los Estados Unidos de Donald Trump. Es asechada por Rusia. Es cortejada por China, pero bajo condiciones sospechosas. Está en medio de una guerra comercial que no termina de disiparse. La Unión Europea (UE) está en un momento bisagra y busca hacer pie en el torbellino geopolítico global para, primero, proteger al bloque de las amenazas externas (e internas) y, segundo, para encontrar nuevas alianzas que la ayuden a mantener su influencia.

En esa segunda meta, el Mercosur es crítico y el futuro del acuerdo comercial, pactado en junio pasado después de 20 años de negociaciones, más todavía. Hoy bajo revisión legal, al acuerdo, que abarcará a 770 millones de personas y abre el comercio entre los dos bloques a mediano plazo, aún le falta tiempo y sortear obstáculos para su firma final y su aplicación.

Sin embargo, en la Comisión Europea -algo así como el Poder Ejecutivo de la UE- prima el optimismo sobre las posibilidades de aprobación del pacto, el mayor tratado comercial negociado hasta ahora por el bloque, a pesar de las críticas sudamericanas y del rechazo en países con poderosos sectores rurales, como Francia, Irlanda, Polonia o Bélgica.

En el Parlamento Europeo, ese buen ánimo se mezcla con dudas, generadas no tanto por las resistencias que el acuerdo provoca dentro del gobierno argentino, si no por la política ambiental del presidente brasileño, Jair Bolsonaro.

Los funcionarios claves de la Comisión se ilusionan con que el Parlamento y el Consejo Europeo -el órgano que reúne a todos los jefes de gobierno del bloque- aprobarán el acuerdo, en un proceso que tomará no menos de un año e incluso bastante más, porque es el "mejor pacto posible para todos". Y se entusiasman con que también lo harán los propios países del Mercosur, aun la Argentina, porque "beneficia a todos" en un momento en el que prevalece la incertidumbre global y "nadie tiene mucho en claro", ni siquiera si la estructura económica y comercial mundial sobrevivirá al reacomodamiento geopolítico.

"Muchos enemigos"

En 2018, la UE exportó hacia Brasil, la Argentina, Paraguay y Uruguay bienes y servicios por 50.000 millones de dólares e importó productos por 48.000 millones. El acuerdo rebaja progresivamente las trabas comerciales para que ese volumen se multiplique varias veces.

En la Comisión, estiman que el saldo será grande y positivo para los 27 países de la UE y los cuatro del Mercosur, y que el beneficio se sentirá rápidamente en la industria europea y en los sectores agroganaderos de nuestra región.

Pero las resistencias en el Mercosur, sobre todo la política argentina y en sectores de las economías de Brasil y Uruguay, son tan grandes como el volumen comercial que ya intercambian los dos bloques. Las voces críticas advierten que levantar las tarifas no hará más que aplastar las industrias locales.

Desde la Comisión responden que "tal vez es tiempo de que (esas industrias) se expongan a la competencia", porque "más primarizadas" no pueden estar las economías de Brasil, la Argentina, Paraguay y Uruguay. Citan como ejemplo el crecimiento de Perú y México luego de la firma de sus acuerdos de libre comercio con la UE, sostienen que el pacto con el Mercosur "suscita mucha pasión" y tienen "muchos enemigos allá y acá", y creen que los gobiernos argentino, brasileño, paraguayo y uruguayo deberían hacer lo mismo que sus contracaras europeas: lanzar campañas públicas de persuasión y explicación del tratado.

Pragmatismo

Así como el acuerdo genera críticas en todos los países, la postura del gobierno de Alberto Fernández provoca recelos en sus socios del Mercosur, que sospechan que el presidente argentino podría dejar caer el pacto y se preparan para aprobarlo de manera bilateral.

En la Comisión no están tan seguros de que vaya a ser así; ven a un Fernández "pragmático", luego de la gira europea del presidente argentino, en enero pasado.

El acuerdo con Europa fue negociado y aprobado por el gobierno de Mauricio Macri y cuestionado abiertamente por Fernández, que llamó a revisarlo, después de imponerse en las PASO, en agosto. Sin embargo, pese a la retórica, la postura de la Argentina no cambió con la asunción del nuevo mandatario.

"Su actitud [en la gira] fue muy positiva; hay ganas", dijo a una fuente de la Comisión a un grupo de periodistas de medios sudamericanos, entre los cuales estaba LA NACION.

Tampoco creen que las tensiones entre Bolsonaro y Fernández vayan a poner en peligro el acuerdo. "Son presidentes de grandes países con grandes desafíos. Y al fin y al cabo son dos pragmáticos", añadió la misma fuente.

Bolsonaro genera inquietud por otro tema, uno al que los europeos son cada vez más sensibles y que signó su relación con la UE desde el momento mismo que asumió, en enero de 2019.

La deforestación del Amazonas, la marcha atrás del gobierno en medidas históricas de protección ambiental, el retroceso de la agricultura sustentable son hoy el principal escollo para que el Parlamento Europeo respalde el acuerdo con el Mercosur.

"Las relaciones de casi todos los países con Bolsonaro son problemáticas. La tensión con el tema ambiental es muy fuerte. Y esta es una gran excusa para los que no quieren el acuerdo. Les da una razón [para no aprobarlo]", dijo el eurodiputado italiano Nicola Danti, de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (centro), ante un grupo de periodistas sudamericanos.

Esas relaciones tuvieron su punto más tenso en agosto pasado, cuando el presidente francés, Emmanuel Macron, se enfrentó abiertamente a Bolsonaro por su política con un Amazonas en llamas.

La reacción de Macron no estuvo solo basada en su reticencia al acuerdo por la presión de los ultraprotegidos sectores rurales franceses, sino también en la conciencia de que hay una flamante y poderosa generación de europeos que privilegia el cuidado de la naturaleza ante todo.