La UE deja correr el tiempo frente al dilema del retorno de los yihadistas

Didier LAURAS y las oficinas europeas de la AFP
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El fin del califato del Estado Islámico obliga a los europeos a decidir qué hacer con sus nacionales que quieren regresar a sus países, pero los gobiernos se muestran reticentes a los retornos y aplazan la gestión de esta bomba de relojería.

Desde hace unos años, y sobre todo desde el fin del autoproclamado califato del grupo Estado Islámico (EI) en marzo de 2019, expertos y responsables de seguridad en Europa exigen el regreso a sus países de los yihadistas extranjeros, de sus esposas e hijos.

Los kurdos mantienen a unos 43.000 extranjeros detenidos en el noreste de Siria: los hombres en cárceles, las mujeres y los niños en campos, según Human Rights Watch (HRW). Entre ellos hay unos 27.500 menores extranjeros.

Pero su retorno se enfrenta a la hostilidad de la opinión pública. En Francia, por ejemplo, dos tercios de la población se opone al regreso de los hijos de los yihadistas, por temor a que se conviertan a su vez en yihadistas, según un sondeo publicado a principios de 2019.

- En Bélgica "saltaron los cerrojos" -

A inicios de marzo el primer ministro belga Alexander De Croo dio una patada al hormiguero al decir que quería "hacer todo lo posible" para repatriar a los niños belgas. "En estos campos, están los terroristas de mañana y no podemos admitirlo", señaló.

Aunque varios países han repatriado a niños, en su mayoría huérfanos, mujeres e incluso algunos hombres, este anuncio es el primero de este tipo en la Unión Europea.

"Saltaron los cerrojos en Bélgica debido a un nuevo contexto político", estima Thomas Renard, investigador del Instituto Egmont, un grupo de reflexión belga independiente, haciendo referencia en particular a la ausencia de elecciones a medio plazo en el reino.

Si Bélgica cumple con esta declaración, se convertiría en la primera nación de la UE en traer de vuelta a todos sus niños de Siria. La mayoría de sus vecinos los tratan caso por caso.

Pero para los adultos, la precaución es aún mayor. Muchos gobiernos están alineados con Londres, que considera que deben ser juzgados donde cometieron sus crímenes.

Francia, por su parte, ha repatriado a 35 niños, suscitando críticas por esta política a cuentagotas. Pero también preconiza que los adultos sean juzgados en los países en los que están detenidos.

En cuanto a Noruega, se niega a repatriar a los adultos, pero hizo una excepción con una mujer de origen paquistaní y sus dos hijos, uno de los cuales estaría gravemente enfermo. Esta decisión provocó la ira de la derecha populista, que aprovechó la oportunidad para dar un portazo a la coalición de gobierno.

- Viveros de aprendices yihadistas -

Los analistas son unánimes. Los campos son verdaderos viveros de aprendices de yihadistas criados en medio de la violencia y el odio al Occidente.

"Se han denunciado casos de radicalización, adiestramiento, recaudación de fondos e incitación a operaciones externas" en el campo sirio de Al-Hol, según un informe para el Consejo de Seguridad de la ONU redactado en febrero. "Algunos detenidos perciben a Al-Hol como el último vestigio del califato".

Y cada mes que pasa sólo empeora la situación. Entre las personas detenidas algunas se sienten decepcionadas por el EI, pero no pueden alejarse por temor a las represalias. Para ellos, "la detención inhumana e indefinida podría (...) aumentar el riesgo de que se conviertan o vuelvan a la violencia", afirma Mary Beth Altier, profesora de la Universidad de Nueva York.

A nivel de la UE, el tema es tabú. La seguridad queda fuera de las prerrogativas de Bruselas y los Estados miembros se niegan a que la cuestión se discuta en los Consejos Europeos. Los únicos que hablan de ello públicamente son los eurodiputados y Gilles de Kerchove, coordinador de la lucha antiterrorista del bloque.

"No asumimos tomar una decisión difícil y dejamos que los próximos gobiernos gestionen las consecuencias, con mucha incertidumbre. Es una apuesta arriesgada", señala Thomas Renard.

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