Ucrania, el penúltimo episodio de la guerra del hambre

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Un militar vigila un campo de cereal en Zaporiyia (Photo: Future Publishing via Getty Images)
Un militar vigila un campo de cereal en Zaporiyia (Photo: Future Publishing via Getty Images)

Un militar vigila un campo de cereal en Zaporiyia (Photo: Future Publishing via Getty Images)

Hace, por lo menos, 2.500 años que el hambre se usa como arma de guerra. La primera referencia, como de casi todo, la cuenta Herodoto acerca de la estrategia que se encontró el rey persa Darío en sus incursiones hacia el este contra los escitas. Desde entonces, la falta de alimentos ha servido para hacer rendir castillos y ciudades, y la estrategia de ‘tierra quemada’ fue utilizada en la guerra de Secesión norteamericana, contra el ejército de Napoleón o frente a los rebeldes de Zapata.

Los siglos pasan, pero la humanidad no cambia. ”Holomodor” quiere decir en ucraniano ‘matar de hambre’. Así se conoce a la hambruna que sufrió este país entre 1932 y 1933 y que se habría cobrado un millón y medio de vidas. Hay debate sobre las intenciones que podría tener Stalin para provocarla, pero quedan muy pocas dudas de que las incautaciones y la colectivización forzosa tuvieron mucho que ver. Apenas una década después, el Plan Hambre (los nazis no iban con indirectas) era lo que el ejército alemán tenía en la cabeza en 1941 cuando empezó la invasión de Rusia. La idea era destinar toda la producción soviética para abastecer a Alemania. El previsible genocidio haría posible la expansión nazi hasta los Urales.     

“Queda prohibido, como método de guerra, hacer padecer hambre a las personas civiles”. Es uno de los artículos del protocolo adicional al Convenio de Ginebra aprobado en 1977. La invasión rusa de Ucrania parece haberlo convertido de nuevo en papel mojado. El codirector del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria, Jesús Núñez, denunciaba en un artículo que el ejército ruso se había dedicado no solo a “destruir cosechas de trigo, maíz, girasol y cebada, sino también a castigar sin alimentos a la población local en aquellas ciudades que ha asediado”. Pero el experto en Relaciones Internacionales alertaba de que el bloque naval impuesto por Moscú agravaría una crisis alimentaria que va mucho más lejos que el territorio controlado por el ejército ruso. 

“Rusia planea matar de hambre a asiáticos y africanos para ganar su guerra en Europa. Este es un nuevo nivel de colonialismo y el último capítulo de la política del hambre”. Es la conclusión  del hilo de twitter en el que el profesor de Historia en la Universidad de Yale, Timothy Snyder, explicó el “Plan del Hambre” que según él estaría llevando a cabo Vladimir Putin. 

El puerto de Odesa y el hambre en el mundo

“El hecho de no abrir puertos en la región de Odesa es una declaración de guerra a la seguridad alimentaria mundial y provocará hambrunas, disturbios y desplazamientos, a nivel global”, avisó en mayo el director ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos. 

Antes de la invasión rusa, Ucrania exportaba alrededor de 6 millones de toneladas de cereales al mes. Lo hacía principalmente a través de barcos que partían desde el Mar de Azov y el Mar Negro, principalmente el de Odesa. Ahora esos puertos están prácticamente inutilizados. Ucrania culpa a Rusia, que es quien controla la zona. Rusia culpa a Ucrania de no retirar las minas que impiden cualquier paso.

Trigo, maíz, cebada, colza. Ucrania es uno de los principales exportadores de cereales del mundo. Gran parte del trigo que se consumía en Turquía, Egipto, Líbano, Sudán o Yemen, provenía de los campos ucranianos. Christian Castillo, experto en logística y profesor de Economía en la UOC, cifra en 25 millones las toneladas de cereales que habría ahora mismo retenidas en los almacenes ucranianos. Por cada barco que no sale, harían falta entre 50 y 70 trenes que transportasen el grano hasta Rumanía, o hasta Polonia y de ahí a Turquía. Es decir, una operación “muy complicada”.

La producción de alimentos no era el objetivo clave de la invasión rusa, pero sí está jugando un papel que la diplomacia rusa está aprovechando.Según Eduard Soler, investigador del CIDOB

Aunque reconoce que conocer la capacidad operativa actual de Ucrania resulta casi imposible, Castillo apunta que uniendo todas las vías se podría llegar sacar del país la mitad de lo que se conseguía antes de la invasión. Pero todo depende también de cómo evolucione el conflicto. 

Sí sabemos que parte de ese cereal cosechado en las fértiles tierras ucranias ya está saliendo, pero de una forma inesperada. Una investigación de El País identificó a 20 embarcaciones rusas y sirias que apagan sus sistemas de navegación para cargar ilegalmente el grano confiscado en los territorios ocupados. 

Para Eduard Soler, investigador del CIDOB, la producción de alimentos no era el objetivo clave de la invasión rusa, pero sí está jugando un papel que la diplomacia rusa está aprovechando. Por una parte, busca apoyos -o que al menos no se posicionen en su contra- en países que dependen de sus exportaciones de alimentos y fertilizantes, al tiempo que intenta convencerles de que la inflación en los precios es consecuencia de las sanciones impuestas por Occidente.

Una mujer cocina en un campo para personas desplazadas en Ouallam, Níger, el 3 de mayo de 2022. (Photo: ISSOUF SANOGO via Getty Images)
Una mujer cocina en un campo para personas desplazadas en Ouallam, Níger, el 3 de mayo de 2022. (Photo: ISSOUF SANOGO via Getty Images)

Una mujer cocina en un campo para personas desplazadas en Ouallam, Níger, el 3 de mayo de 2022. (Photo: ISSOUF SANOGO via Getty Images)

Por otra parte, Soler cree también que la estrategia de Putin pasa por que el aumento del precio de los alimentos desestabilice a los países del sur de Europa, como sucedió en 2010, y esto provoque un “pánico dentro de los Gobiernos” occidentales que les haga intentar que se acabe la guerra lo antes posible y estar por tanto más predispuestos a ceder a las exigencias rusas. En este sentido, el experto en Oriente Medio y Norte de África apunta la fuerte dependencia de alimentos rusos y ucranianos de países como Líbano, Túnez, Turquía, Sudán, Yemen y Etiopía.

Bombas en Ucrania, muertes en África

La invasión rusa ha contribuido a que en España aumenten los precios de casi cualquier cosa, y muchos vean como ciertos productos escapan a su alcance. Pero en otros lugares, la guerra en Ucrania se ha unido a sequías, conflictos locales y desplazamientos masivos para dar una vuelta de tuerca más en la espiral del hambre. 

Si formaran un solo país, las 181 millones de personas que viven en una situación alimentaria de “vulnerabilidad extrema” serían el octavo más poblado de la tierra. De ellas, 49 millones estarían ya al borde de la hambruna, según denunciaba en mayo el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas. En algunos países la situación ya era desesperada hace un año, pero no ha dejado de empeorar en los últimos meses. Oxfam Intermón y Save the Children calculan que solo en Kenia, Somalia y Etiopía el hambre se cobra una vida cada 48 segundos. En solo un año, el número de personas que padecen hambre extrema en estos países habría pasado de 10 a 23 millones. La última de estas ONG también señala la emergencia en la zona del Sahel, y en particular en Níger, donde nuevos aumentos en los precios han colocado a una séptima parte de la población en una “grave inseguridad alimentaria”. “Las esperanzas para este año están empezando a desvanecerse”, lamentaba Ilaria Manunza, directora de Save the Children en el país. 

Para Francesc Reguant, presidente de la Comisión de Economía Agroalimentaria del Colegio de Economistas de Cataluña, usar el hambre como arma está “en el ADN de la guerra”, pero más que al conflicto, apunta la responsabilidad de quienes se aprovechan de ese contexto de conflicto. “El hambre la provocan los precios, porque alimentos hay”, resume.

Reguant argumenta que si tomamos de referencia los precios de cereales de hace dos años, en mayo el incremento era del 135%, mientras que hoy sería solo del 56%. “Las condiciones no han cambiado, lo que se ha agotado es el ciclo de especulación”, sentencia. Así, para el economista la gran aportación para la lucha contra el hambre sería regular los mercados de futuros de los productos alimentarios, limitando la capacidad de los grandes bancos y fondos de inversión para influir en los precios. 

Si la Unión Europea quiere hacer algo contra el hambre en África y Oriente Medio, y de paso quitarle una carta estratégica a Rusia, el economista defiende que hacen falta tomar “las alternativas que sean necesarias”, aunque pasen por racionar ciertos productos en Europa para poder suministrar a terceros, ofrecer financiación y que se aumente la producción en algunos países. Miles de vidas están en juego cada día en dos campos de batalla que antes parecían lejanos pero que ahora se han unido, la guerra contra Putin y contra el hambre. 

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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