Ucrania lanza su guerra de guerrillas: qué es, cómo se aplica y cuán efectiva resulta

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Servicios de emergencia ruso apagan un fuego en un depósito de combustible en la región de Belgorod, el pasado 1 de abril.  (Photo: via Associated Press)
Servicios de emergencia ruso apagan un fuego en un depósito de combustible en la región de Belgorod, el pasado 1 de abril. (Photo: via Associated Press)

Servicios de emergencia ruso apagan un fuego en un depósito de combustible en la región de Belgorod, el pasado 1 de abril. (Photo: via Associated Press)

Lo anunció el lunes Oleksiy Arestovich, asesor de la presidencia de Ucrania: la guerra de guerrillas ha comenzado en Rusia. Los incendios de depósitos de combustible, bases militares, almacenes de armas u oficinas de reclutamiento que se vienen detectando en suelo ruso desde hace varias semanas son el primer paso en esta nueva fase de la guerra, en la que se trata de golpear al enemigo por sorpresa, de forma rauda, con el máximo posible de daño y, también, dejando el sabor de boca del desconcierto y la rabia.

Aunque nadie tiene claro en qué va a consistir exactamente esta nueva apuesta ucraniana, desde hace días recorren los grupos de WhatsApp y Telegram memes que muestran a John Travolta confundido, mirando a su alrededor, sin entender qué pasa. De fondo, infraestructuras en llamas en Briansk o Belgorod. ¿Quién ha sido? ¿Dónde se han metido los que nos han atacado?, parece decir. “Se desconoce lo que está sucediendo en Rusia”, se limita a decir Arestovich. La Inteligencia de Reino Unido ha confirmado algunos de estos ataques en suelo ruso y hasta las autoridades de Moscú han condenado el uso de proyectiles y lanzamientos desde helicópteros en estas zonas, muy próximas a su frontera con Ucrania.

La guerra de guerrillas -un término acuñado en la España que peleaba contra las tropas napoleónicas- es una estrategia militar que consiste en que pequeños grupos de combatientes, en muchos casos paramilitares, civiles armados o irregulares, lanzan ataques móviles a pequeña escala contra un enemigo mayor, menos versátil o más estancado. La meta es debilitarlo o vencerlo mediante una guerra de desgaste, en la que se evita la confrontación directa. Informaciones de diarios como El Mundoo el New York Timeshan narrado sobre el terreno cómo grupos de partisanos ucranianos infiltrados entre las líneas enemigas están ya atemorizando a los invasores.

Los mayores beneficios de las guerrillas a veces no son ni las dianas ni las bajas, son el desbarajuste que causan, el chute de confianza que suponen por humillar al enemigo, el fortalecimiento del ánimo en zonas donde están sus colaboradores (en cada pueblo tienen aliados) y la facilidad de retirada porque se conoce el terreno, lo que evitar perder efectivos. Se ha visto en la ciudad de Mariupol, donde en parte con estas técnicas se ha evitado una conquista anterior por parte de los rusos, como parte de la resistencia que sigue sorprendiendo al mundo en este choque con la segunda potencia militar del planeta.

Pero ¿es algo generalizado o puntual? El coronel retirado Manuel Gutiérrez entiende que más lo segundo que lo primero. “Forma parte de la guerra de desgaste que se quiere imprimir a Rusia, ya que la estrategia de (Vladimir) Putin de una ofensiva rápida no ha resultado. Sin embargo, la reorganización de la ofensiva limita esta estrategia al Donbás y la frontera”, explica.

Y es que con el fin de los asedios a ciudades como Kiev y la concentración de efectivos en el este, es más difícil caer encima de soldados rusos. Por ahora, insiste, estas actuaciones están siendo limitadas, acompañados de sabotajes que el Kremlin está llamando “terroristas”y que están inutilizando tanques o dificultando las comunicaciones.

“Es un complemento, sobre todo si Rusia gana terreno, algo que por ahora no está sucediendo, pero seguimos teniendo una guerra abierta, convencional. La de guerrillas sería esencial si Putin va a por la invasión total pero, aunque eso sea lo que sigue diciendo el Gobierno de Kiev, lo cierto es que ahora mismo lo que tenemos es su deseo desenfrenado por el pasillo desde su territorio a Transnistria, pasando por el Donbás y Crimea”, indica.

Donetsk y Lugansk, donde se espera lo peor de la ofensiva del este, son zonas, asegura el militar, poco propias a las guerrillas. Hay menos lugares donde esconderse, porque los espacios son más abiertos. “Lo normal ahí es el uso de tanques, misiles y armas pesadas de los rusos, complicados de atacar, ir puerta a puerta es muy arriesgado, y se añade que tienen una información estupenda de la zona, al menos, desde 2014, cuando apoyaron a los rebeldes prorrusos que se quisieron independizar. Ahí el factor sorpresa es menos, porque no son locales pero tampoco nuevos y cuentan con un apoyo local importante”, sostiene.

La salida de las guerrillas puede acabar siendo una salida no voluntaria, también, porque si se extiende el conflicto en el tiempo, pueden crearse guerrillas desgastantes si el Ejército ucraniano no puede más y se descompone, lo que complicaría notablemente la vida del Ejército ruso. No tienes que enfrentar un ejército firme, ordenado, pero sí múltiples ataques imprevistos de grupos armados y formados. Siria es un ejemplo. No sólo allí: Rusia sabe bien lo que es enfrentarse en el pasado guerrilleros, de Afganistán a Chechenia, y el coste que supone. Intentará, en lo posible, impedir que cuajen estos grupos de ataque.

Así están las cosas

El final de esta guerra es aún imprevisible, los escenarios siguen siendo poco esperanzadores para Ucrania: no se espera una derrota de ninguna de las partes para mañana, pero estás más cerca la posible división del país –aunque el presidente Zelensky ha afirmado que Ucrania no está dispuesta a entregar territorios del este del país a cambio del fin de la guerra, una eventual derrota del ejército ucraniano, podría obligarle a aceptarla– o como mucho un alto el fuego, con acuerdo en el que Rusia conservaría los territorios ocupados pero en el que ni Ucrania ni la comunidad internacional los reconocería como rusos. Mucho tienen que forzar las guerrillas para cambiar el statu quo actual de la contienda.

Pero lo que hay ahora mismo sobre el terreno es pelea, pelea y pelea. Las batallas que Ucrania ganó en el norte en las últimas semanas se libraron en ciudades y los suburbios densamente poblados de los alrededores de Kiev, la capital, pero ahora la guerra ha virado hacia las vastas planicies abiertas del sudeste, modificando de raíz la naturaleza del conflicto, de las armas para llevarlo a cabo y de las estrategias para asegurarse una victoria.

Los analistas militares, los comandantes ucranianos, los soldados y hasta el presidente ruso, Vladimir Putin, reconocen implícita o explícitamente que la guerra de amplio alcance que arrancó con un fallido intento de tomar la capital ahora se libra en la región oriental del Donbás. Con pocas barreras naturales, en sus planicies los ejércitos pueden tratar de flanquearse o rodearse uno al otro, con feroces descargas de artillería a la distancia, para debilitar las posiciones del enemigo.

“No es ninguna broma: de lo que estamos hablando es de una cruenta guerra convencional de maniobras militares, donde las fuerzas rusas podrán torpedear las posiciones fijas de los Ucrania en un terreno mucho más abierto”, afirma el teniente general Ben Hodges, excomandante de las fuerzas norteamericanas en Europa, en el New York Times. Las vastas extensiones del Donbás parecen favorecer, de inicio, la ventaja de Rusia en cantidad bruta de armamento. Pero en su condición de fuerza defensiva, Ucrania tiene la ventaja de atacar desde posiciones atrincheradas a las tropas rusas, mientras estas avanzan sobre terreno abierto y dentro del alcance de la artillería. Todos se preparan para la gran batalla y en ella todo ayuda. Hasta las escaramuzas de las guerrillas.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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