Ucrania también está cometiendo barbaridades y esta investigación lo demuestra

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La guerra de Ucrania se encamina rápidamente hacia los dos meses de conflicto. Un periodo de tiempo en el que los rusos han tenido enormes problemas para hacer avances significativos y los ucranianos han destacado por su feroz resistencia.

Pero también estas semanas han servido para constatar la brutalidad de las tropas rusas, que han perpetrado matanzas en ciudades como Bucha o Borodyanka que podrían ser consideradas como crímenes de guerra. Ahora el New York Times acaba de desvelar que los ucranianos también han respondido con la misma moneda.

Para saber qué ha pasado hay que viajar hasta la pequeña localidad de Husarivka, situada al sur de la ciudad de Járkov y a pocos kilómetros de la frontera rusa. En los primeros días de marzo, el Ejército ruso tomó el control del pueblo, ocupando sus edificios y estableciendo un pequeño cuartel en el centro.

La localidad de Husarivka tras ser recuperada por los ucranianos. (REUTERS/Alkis Konstantinidis)
La localidad de Husarivka tras ser recuperada por los ucranianos. (REUTERS/Alkis Konstantinidis)

Sin embargo, los ucranianos estaban dispuestos a todo por recuperarlo. Y ese todo incluía el lanzamiento de bombas de racimo. Se trata de armas prohibidas internacionalmente por los graves efectos que tienen sobre la población civil.

Las municiones de racimo comprenden cohetes, bombas, misiles, morteros y proyectiles de artillería que se abren en el aire y lanzan pequeñas bombas en un área muy amplia. Se trata de ataques que tienen la capacidad de matar al azar, ya que no se dirigen contra un único objetivo concreto.

Por eso, la Convención de Bombas de Racimo, en vigor desde 2010, prohíbe su utilización por el daño devastador que pueden causar sobre la población civil. No solo durante los bombardeos, sino también debido a que aproximadamente un 20% de las bombas no detonan al impactar, pero lo pueden hacer más adelante si son recogidas o manipuladas.

En este sentido, conviene recordar que la Convención la han firmado más de 100 países en el mundo, pero entre ellos no están ni Estados Unidos, ni Rusia, ni Ucrania.

La mayoría de la población de Husarivka ha abandonado el pueblo. (REUTERS/Alkis Konstantinidis)
La mayoría de la población de Husarivka ha abandonado el pueblo. (REUTERS/Alkis Konstantinidis)

Los reporteros del New York Times pudieron verificar sobre el terreno que las tropas ucranianas habían hecho uso de las bombas de racimo para recuperar la localidad, atacando así de manera indiscriminada a su propia población y sembrando los alrededores de numerosas municiones sin estallar. El peligro se va a mantener hasta que los expertos puedan recoger todo este material.

Finalmente, tras un mes lleno de bombardeos y fuego cruzado, el 26 de marzo el Ejército de Kiev recuperó el territorio, pero los efectos de la guerra ya se habían hecho notar en la localidad. Si antes contaba con 1.000 habitantes aproximadamente, ahora apenas quedan 400, por lo que la gran mayoría han huido por el conflicto.

Solo unos pocos días después, el periódico estadounidense pudo comprobar que las tropas rusas protagonizaron unos ataques similares en Bezruky, situado en las inmediaciones de Járkov.

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