El turismo acelera: "Este ha sido el verano de la recuperación"

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Vista general de la playa de La Herradura en Almuñécar (Granada), este agosto. (Photo: EFE/Alba Feixas)
Vista general de la playa de La Herradura en Almuñécar (Granada), este agosto. (Photo: EFE/Alba Feixas)

Vista general de la playa de La Herradura en Almuñécar (Granada), este agosto. (Photo: EFE/Alba Feixas)

Playas abarrotadas, terrazas al 100% y hoteles con una ocupación que roza en algunos territorios el llenazo. Tras dos años marcados por el invierno nuclear que supuso la pandemia en 2020, y la agonía de 2021, este tercer año parece que a la industria turística le ha llegado el turno de la resurrección. Y pisa fuerte.

“Hemos tenido un gran verano, no podemos decir que no”, así empieza su mensaje Ramón Estalella, presidente de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (CEHAT), en un vídeo difundido por el equipo de prensa de esa organización.

Estalella apunta que las subidas son muy significativas con respecto a 2021, y aunque el turismo extranjero no ha venido a disfrutar de las playas y el sol tanto como en 2019, se ha suplido en gran medida gracias a la afluencia de turistas nacionales que ha funcionado “muy bien”.

Las pernoctaciones en los establecimientos hoteleros españoles sumaron en julio 42,3 millones, y no igualaron a las de 2019 por apenas 845.008. El precio medio por noche creció con respecto a 2021 un 17,5%, alcanzando una media de 121,4 euros la noche.

El levante, con la Comunidad Valenciana al frente, ha sido una de las regiones que más acelera, junto con las Islas Canarias. Nuria Montes es la secretaria general de la HOSBEC, la asociación empresarial hotelera y turística del Regne Valenciá: “Este ha sido el verano de la recuperación”.

La recuperación en esa comunidad empezó en semana santa, tras un primer trimestre en que la variante ómicron dio al traste con las previsiones que tenían. “A partir de febrero, cuando se controla ómicron y se observa que ya no se trata de una variante grave, sino que provoca síntomas más leves, es cuando empieza realmente el cambio”. Esta vez, desde Castellón a Alicante, lo que se contagió fue la ocupación hotelera.

En agosto la ocupación ha rondado el 90%, y en fechas concretas como el puente de la Asunción del día 15 se llegó al “lleno técnico”.Sonia Montes, secretaria general de la HOSBEC.

Desde la HOSBEC aseguran que en agosto la ocupación ha estado alrededor del 90%, y en fechas concretas como el puente de la Asunción del día 15 se llegó al “lleno técnico”. “En general vamos a estar, según el destino, unos puntos por encima o por debajo de las cifras de 2019″.

Un poco más abajo y a la izquierda, en la provincia de Málaga, atiende a El HuffPost Javier Hernández Rodríguez, vicepresidente ejecutivo de la Asociación de Empresarios Hoteleros de la Costa del Sol (AEHCOS). “Hemos tenido una ocupación media del 87% en julio y en agosto, por lo que podemos decir que hemos cumplido con el objetivo de tener resultados similares a los que teníamos antes de la crisis sanitaria”.

Además, el vicepresidente asegura que, aunque no ha igualado a 2019, el turismo internacional se ha recuperado un poco, gracias a que no existen tantas restricciones en países emisores de viajeros como Reino Unido, Alemania o Francia. Sin embargo, el turismo nacional ha suplido de nuevo ese vacío, apoyado además por la mejora en llegadas de holandeses y belgas, que han superado sus cifras de 2019.

Por puntos turísticos, la mejora es generalizada, especialmente en aquellos  destinos turísticos de sol y playa. Los datos de ocupación no dejan lugar a dudas de que han vivido un verano como los de antes o incluso mejores.

Benidorm, de nuevo a reventar

Más camas para turistas que habitantes, eso es Benidorm. Este año ha recuperado el esplendor que le quitó la pandemia, sobre todo en la segunda quincena de agosto, según la secretaria de la HOSBEC. No es baladí, ya que en este municipio se concentra el 40% de toda la planta hotelera de la Comunidad Valenciana.

Los datos que reflejan la aceleración de la actividad turística no solamente se miden en viajeros y noches, sino también en empleo. Con los ciudades receptoras como Benidorm, Palma de Mallorca o la Costa del Sol, el sector hotelero ha empleado a cientos de miles de personas este verano.

La playa de Palma de Mallorca, este agosto. (Photo: picture alliance via dpa/picture alliance via Getty I)
La playa de Palma de Mallorca, este agosto. (Photo: picture alliance via dpa/picture alliance via Getty I)

La playa de Palma de Mallorca, este agosto. (Photo: picture alliance via dpa/picture alliance via Getty I)

Y es que la gente ha llegado a estos lugares con ganas de fiesta y en masa, además de con unos buenos ahorros en el bolsillo tras los años de encierro. El gasto medio diario que han realizado durante el mes de julio subió un 17,4% hasta los 170 euros y 1.309 en total, según los datos publicados este jueves por el INE.

En total, 11.869 millones de euros han regado durante el séptimo mes del año las cuentas empresariales, que se suman a un acumulado anual de 47.637, un 331,5% más con respecto al mismo periodo de 2021.

Pero no son solo los hoteles, sino también todas las actividades que orbitan en torno a los visitantes, muy especialmente la restauración. Francisco Javier del Castillo es presidente de la asociación de bares restaurantes y cafeterías de Benidorm (ABRECA): “Este año ha venido muchísima gente, las terrazas estaban a reventar, hemos recuperado las cifras de 2019”.

Al echar la vista atrás se ve la senda que ni se quiere, ni se desea volver a pisar. “Los años de la pandemia fueron un desastre total. Muchos establecimientos cerraron y otros sobrevivieron gracias a algunas ayudas”, narra Del Castillo. Aquella pesadilla queda cada vez más lejos mientras que Benidorm vuelve a emplear a 12.000 personas solamente en restaurantes y cafeterías, si se suman los hoteles “brincamos de los 20.000”, afirma Del Castillo.

Más al sur, en el puerto de Gandía (Alicante), se encuentra el restaurante La cuina de Carlos Escoto, cuyo propietario, Carlos Escoto (como no podía ser de otra manera), asegura que viene de firmar una temporada “extremadamente buena”: “Empezó la cosa fuerte a partir del 15 de julio, y prácticamente no ha parado”. Asegura que no ha habido diferencias entre un lunes y un sábado, el comedor ha superado fácilmente el 80% de su capacidad todos los días.

Escoto, que presume de ofrecer una carta kilómetro cero y alta cocina, ha aumentado su facturación más de un 25% con respecto a 2019. De hecho, ha contratado a un camarero más, además de los extras habituales, para poder hacer frente a la cantidad de demanda que tiene esta temporada.

Cerca de la cocina de Carlos, se encuentra La Llotja, que regenta Enric Pellicer. Él no puede comparar sus resultados con el 2019 porque abrió nada menos que en marzo 2021, cuando aún había restricciones y la vacunación iba a medio gas: “Conocía al dueño anterior y me ofreció el traspaso, hubo un punto de locura en la decisión, pero al final nos ha salido bien la jugada”.

El dueño de este restaurante, situado en el mismo edificio de la lonja de Gandía, de donde saca buena parte de su producto, también afirma que han tenido unos resultados espléndidos, en esta temporada el número de empleados ha llegado a los 15.

Restaurante La Llotja, en Gandía. (Photo: CEDIDA)
Restaurante La Llotja, en Gandía. (Photo: CEDIDA)

Restaurante La Llotja, en Gandía. (Photo: CEDIDA)

Thatiana Gutierrez tiene 27 años y lleva trabajando en la hosteleria desde que tiene 17. Atiende a El HuffPost desde un atasco de vuelta a su casa en Coín, el pueblo de Málaga donde vive y desde donde viaja todos los días a Marbella para trabajar de cocinera en un hotel. Tiene un contrato de fija-discontinua. “Cuando hay meneo es entre Semana Santa y octubre. Después se queda el personal fijo”, cuenta.

El grueso de sus ingresos son en la temporada de verano, ya que después se encuentra con un dilema. Si encuentra otro trabajo, tiene dos pagadores y la Declaración de la Renta le sale a pagar, pero si no ha acumulado el suficiente tiempo, no tiene paro. “Es la pescadilla que se muerde la cola”, sostiene Gutiérrez. Los meses que no trabaja, viven de lo que gana su pareja, con la que tiene un hijo de dos años. Le encantaría trabajar de manera permanente.

Cuatro turistas en la playa de Benidorm, en julio. (Photo: Zowy Voeten via Getty Images)
Cuatro turistas en la playa de Benidorm, en julio. (Photo: Zowy Voeten via Getty Images)

Cuatro turistas en la playa de Benidorm, en julio. (Photo: Zowy Voeten via Getty Images)

Trabajar en la hostelería los meses de verano es una tarea “agotadora”, asegura esta cocinera: “Es horroroso, hay una carga física y mental que a veces te derrumba”. Afirma que muchos clientes y en general la concepción social del trabajo no está lo suficientemente valorada. Por muy bien que le vaya al turismo, está claro que aún hay mucho margen de mejora.

Nubarrones y “optimismo”

La corona de la industria turística también tiene algunas espinas. A pesar de los excelentes resultados, se divisan nubarrones con forma de inflación. Las patronales no dejan pasar que los buenos datos van acompañados de lastres muy pesados que minan la rentabilidad.

Este año, en la Costa del Sol se han pagado 96 millones en facturas de luz, 68 millones de euros más que en 2019Javier Hernández Rodríguez, vicepresidente de la AEHCOS.

Los hoteles no son ajenos, ni muchísimo menos, a la subida de los precios de la energía. “Este año, en la Costa del Sol se han pagado 96 millones en facturas de luz, 68 millones de euros más que en 2019”, expone Hernández, desde la AEHCOS.

El vicepresidente cuenta que de esta manera los beneficios de algunos hoteles con menos camas han visto mermados sus beneficios hasta ser prácticamente nulos. Desde la patronal malagueña apuestan porque se potencien las ayudas públicas y europeas para mejorar la eficiencia energética de los hoteles y así dar solución al problema.

La CEHAT también valora la subida de precios de la energía y los combustibles como uno de los principales problemas de cara al futuro. Los restaurantes y cafeterías de Benidorm y los de Gandía, también. Es un mal que atraviesa y ensombrece los resultados, aunque no se denota el mismo temor a estos contratiempos que a los que ha ocasionado la crisis sanitaria del coronavirus.

“Lo que nos da miedo de verdad es la crisis sanitaria, porque contra eso no tenemos herramientas con las que actuar”, explica Montes. Afirma que la industria, al final, ha sorteado a lo largo de la historia crisis económicas y en todas ha encontrado la manera de adaptarse: “De cara al otoño y al invierno somos moderadamente optimistas”.

En la Comunidad Valenciana se espera un septiembre “extraordinariamente bueno”, en línea con la experiencia previa a la pandemia. El ritmo al que se registran las reservas apunta justo en esa dirección. Para este otoño e invierno, en la Costa del Sol, la AEHCOS mueve sus predicciones entre 6 y 9 puntos de ocupación por debajo de 2019, aunque los cambios en la antelación de los clientes para reservar podría aumentar las expectativas. “Las reservas cada vez son más tardías, y podríamos llegar a registrar cifras parecidas o incluso superiores a 2019”.

Sacudidos los miedos, ahora toca buscar soluciones a los problemas y capear el temporal. Pero lo primordial es que las mascarillas, geles hidroalcóhlicos, aforos limitados, toques de queda y confinamientos queden en el recuerdo, como las piezas de un mal sueño del que se logra despertar y que se debe evitar a toda costa.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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