El coronavirus puede dejar al descubierto lo peor de EEUU: la economía es siempre lo primero

¿Donald Trump tiene ansias ante los efectos negativos en la economía que puede generar la pandemia del nuevo coronavirus?

La epidemia de COVID-19 en Estados Unidos apenas ha comenzado y sus etapas más severas, lamentablemente, aún están por suceder. Y aunque numerosos estados y ciudades han ordenado a su población permanecer en casa salvo para actividades esenciales, decenas de millones de estadounidenses aún no experimentan restricciones de ese nivel ni el golpe a escala sustantiva de la enfermedad, como es ya el caso en Nueva York, el estado de Washington y otras áreas.

Pero se teme que eso suceda, en mayor o menor medida, en las próximas semanas.

El presidente de EEUU, Donald Trump. (AP)

Ante ello, la baja de la actividad económica ha sido enorme, tanto por la suspensión o reducción drástica de negocios como por el impacto en los mercados bursátiles y demás. Una recesión de fuerte impacto es la consecuencia probable de todo ello, con fuertes pérdidas de empleos y muchas empresas, sobre todo las pequeñas, en riesgo de no poder continuar.

Las medidas de distanciamiento social y permanecer en casa han tenido un rudo impacto en la economía estadounidense.

Ante ello, se ha reportado que el presidente Trump estaría considerando retirar muchas de las restricciones a la actividad a fin de mitigar los efectos negativos a largo plazo de la epidemia en la economía.

Incluso dijo en un tuit que “no podemos dejar que la cura sea peor que el problema en sí. Al final del periodo de 15 días, tomaremos una decisión sobre el camino que quereos tomar”, comentó Trump.

El citado periodo de 15 días comenzó el martes 17 de marzo y duraría así hasta el 31 del mes. Pero expertos médicos y, en general, el sentido común no coinciden con esa noción de Trump.

Estados Unidos aún no vive niveles de crisis como los que se sufrieron en China o se sufren ahora mismo en Italia o España, pero la cantidad de casos va al alza y la posibilidad de que el sistema hospitalario quede colapsado por una oleada de enfermos graves es ominosa.

Levantar restricciones ahora sería prematuro y peligroso.

Un plan bastante complicado de llevar a la práctica

De acuerdo a la agencia Bloomberg, las discusiones en la Casa Blanca al respecto de levantar pronto las restricciones tienen que ver con la posibilidad de detectar y aislar a todas las personas enfermas, para que el resto pueda volver a sus actividades normales.

Algo que luce muy difícil de lograr, y para muchos es simplemente una idea errada.

Ante la incapacidad de realizar exámenes de coronavirus de la magnitud requerida y ante el riesgo inmenso de que los casos de Covid-19 se incrementen de modo mayúsculo, el distanciamiento social, acompañado de su aletargamiento económico, sería la única opción realmente viable.

Individualismo y capitalismo

La mentalidad estadounidense de individualismo a ultranza y capitalismo casi sin contrapesos permea poderosamente a la sociedad y al gobierno, y en ese sentido Trump ha estado toda su vida interesado en la maximización de las ganancias propias sin tener muy en cuenta a quienes se queden rezagados. Y para muchos, el concepto de estado de bienestar propio de naciones europeas o latinoamericanas es rechazado por implicar intervenciones del gobierno en la economía y la transferencia de recursos a los necesitados. Cosas que resultan indeseables o incluso anatema a muchos conservadores.

En ese sentido, establecer medidas que directamente frenen la economía y las empresas, y con ello al empleo y al consumo, tiene un filo adicional en el contexto estadounidense. Pero es claro que en la emergencia actual incluso esos empecinamientos ideológicos quedan en segundo plano.

El golpe económico es y será severo, pero en todo caso la afirmación de que la “cura”, es decir el distanciamiento social y sus efectos económicos, puede ser peor de la enfermedad suena a frase vacía y peligrosa, pues no tiene en cuenta que entre uno y otro escenario la diferencia son muchas vidas perdidas.

Estados Unidos aún no ha visto el golpe mayor del Covid-19 y relajar ahora las medidas podría agravar aún más la situación, catalizando los contagios, elevando la cantidad de enfermos y, por ende, el número de muertes, sobre todo si los hospitales quedan rebasados.

En Italia y España se están ya tomando las terribles y trágicas decisiones de a qué paciente atender y a cuál no, dependiendo de sus posibilidades de sobrevivencia, ante la insuficiencia de los recursos médicos.

Eso no ha sucedido aún en Estados Unidos y las medidas de distanciamiento social tienen justo como objetivo evitar que suceda.

Y, como algunas voces han dicho, la economía nacional sufriría un golpe aún más brutal si se relajasen prematuramente las medidas ahora y la epidemia se disparara en consecuencia de modo gravísimo. La pérdida de vidas sería, en ese escenario, mucho más numerosa.

Al respecto, Linday Graham, senador republicano y cercano aliado de Trump, quien se encuentra en cuarentena, dijo en un tuit que “no existe una economía funcional si no detenemos el virus”.

Y, para detenerlo, el distanciamiento social y otras medidas restrictivas son imperativas, como han señalado los expertos médicos.

Discusiones como estas se han tenido y se siguen teniendo en todos los países, pero es claro que relajar la guardia antes de tiempo podría contribuir a un golpe aún más rudo.

No hay debate en otros países: la salud es lo primero

En Europa y otras partes del mundo, a contrario de esas supuestas consideraciones de Trump, los gobiernos han impuesto medidas más duras que en Estados Unidos y se disponen a mantenerlas, e incluso incrementar su rigor, por un tiempo aún no definido. Las economías de todos esos países han sufrido y sufrirán caídas muy severas. Pero el distanciamiento social es allí también una medida indispensable. Esas medidas rudas serán ciertamente en algún momento revisadas y en su caso justadas, pero cuando la situación médica lo permita.

La economía está condicionada a la emergencia de salud y lo que realmente sería desastroso es no contener la epidemia por consideraciones meramente económicas.

Nadie desea las grandes pérdidas de empleo que eso podría provocar y que ya ha comenzado a suceder en Estados Unidos. Los propios especialistas en salud pública lo han señalado, pero no habría actualmente otra opción.

En ese sentido, aprobar un paquete de rescate económico, que se afirma podría ser de 2 billones de dólares, en apoyo de las empresas y las familias (a las que se les daría ayuda financiera directa) es imperativo, pues de lo contrario la caída económica general podría ser abismal.

Ya se habla, por efecto, de posibles niveles de desempleo de 20% o 30%.

Y es posible que haya que establecer en una o varias regiones del país restricciones aún más severas.

Unas elecciones a la vista

¿Por qué entonces Trump estaría considerando relajar las restricciones cuando Estados Unidos no ha incluso entrado a lo más arduo de la epidemia, no existen todavía indicadores de que esta vaya a reducirse en el corto plazo ni se han impuesto aún las medidas más fuertes que se ha dado en Europa?

En parte por la idea de que la actividad económica y la generación de la riqueza debe seguir con la menor intervención estatal posible, en parte quizá por la propia propensión de Trump a creer que el dinero lo es todo y, también, por la consideración válida de que una crisis económica mayor generará fuertes sufrimientos adicionales a la población y graves pérdidas a las empresas.

Y en el caso de un presidente que con frecuencia antepone sus obsesiones e intereses, el hecho de que una economía en problemas reducirá fuertemente sus posibilidades de reelección sugiere que Trump podría estar buscando modos de apuntalar su campaña con miras a la elección de noviembre.

Hay mucho de especulación en todo ello y, hasta el momento, el Senado trabaja en realidad en un plan de transferencias masivas de dinero público a personas y empresas y no parece viable relajar las medidas de distanciamiento social en el corto plazo.