Trump anuncia el retiro militar de Siria y les despeja el camino a Rusia e Irán

LA NACION

WASHINGTON.- En una decisión que cambia por completo la relación de fuerzas en la guerra civil que sacude a Siria desde 2011, Estados Unidos anunció ayer que retirará sus tropas del país árabe, según indicó la Casa Blanca, luego de que Donald Trump afirmara que Estado Islámico (EI) fue derrotado.

La decisión cederá influencia en Siria a Rusia e Irán, y debilita especialmente a los rebeldes kurdos, que están enfrentados al gobierno de Bashar al-Assad y al de Turquía. Los propios insurgentes calificaron la medida como "una puñalada por la espalda" por parte de Washington, luego del decisivo apoyo brindado por los kurdos para la derrota militar de los jihadistas de EI.

Según publicó The New York Times, durante una serie de encuentros y llamadas en los últimos días el secretario de Defensa, Jim Mattis, y otros altos funcionarios de seguridad de Trump intentaron disuadirlo de sus intenciones. Entre los argumentos en contra está el hecho de que la retirada de Estados Unidos les despeje el camino a Rusia e Irán.

La noticia se conoció después de que Trump afirmara que los efectivos de su país ya habían alcanzado el objetivo de su intervención, que era derrotar al grupo jihadista. "Vencimos a EI en Siria, mi única razón para estar en ese país durante la administración Trump", indicó.

La retirada de las tropas estadounidenses de Siria fue una de las promesas del republicano durante su campaña electoral. "Empezamos a traer de regreso a casa a las tropas de Estados Unidos a medida que iniciamos una transición hacia la siguiente fase de esta campaña", indicó la vocera de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders.

La noticia de una abrupta retirada desató críticas en el Congreso. El senador republicano Marco Rubio dijo que un repliegue total de las tropas sería un "grave error con implicaciones más amplias" que exceden a la lucha contra los jihadistas de EI.

En tanto, el premier israelí, Benjamin Netanayahu, dijo que respeta la decisión de Washington de retirarse de Siria y advirtió de que su país "se protegerá ante la nueva situación".

Actualmente hay 2000 efectivos norteamericanos en Siria, y la mayoría está en misiones de apoyo de entrenamiento y asesoramiento a las fuerzas rebeldes locales.

Washington apoya especialmente a las Unidades de Protección del Pueblo Kurdo (YPG), que son la columna vertebral de una coalición árabe-kurda denominada Fuerzas Democráticas Sirias (FDS).

Fue una fuente militar de las FDS la que calificó como "puñalada por la espalda" la decisión "imprevista" de Estados Unidos de retirarse de Siria.

Los kurdos son la minoría étnica más numerosa de Medio Oriente, unos 50 millones de personas distribuidas por Siria, Turquía, Irak e Irán. En varias oportunidades Washington contó con su apoyo en la región. En 1991, tras expulsar a las tropas de Irak de Kuwait durante la Primera Guerra del Golfo, Estados Unidos alentó a los kurdos iraquíes a rebelarse y derrocar a Sadam Hussein. En respuesta, Bagdad bombardeó sus aldeas, lo que obligó a más de un millón de kurdos a huir hacia Turquía e Irán.

En la guerra civil siria, iniciada en 2011, los kurdos volvieron a jugar un papel crucial en la derrota de los jihadistas de EI, que en su momento de mayor expansión en 2014 llegaron a ocupar con su califato cerca de la mitad del territorio sirio.

Ahora, cuando EI está militarmente derrotado tanto en Irak como en Siria, las pugnas territoriales y los intereses geoestratégicos de los grandes actores regionales e internacionales vuelven a dejar abandonada a su suerte a la minoría kurda, que lucha por su autonomía en un contexto adverso.

Turquía considera a las YPG como una "organización terrorista activa" del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), ilegalizado.

De hecho Ankara advirtió que lanzará una operación "en los próximos días" contra el territorio controlado por las fuerzas kurdas en el norte de Siria.

El vínculo entre Estados Unidos y Turquía, un importante aliado en la OTAN, se había tensado en los últimos tiempos debido a esta alianza de Washington con los kurdos. La tirantez se agudizó cuando Estados Unidos estableció un puesto de observación en el norte de Siria, cerca de la frontera con Turquía, que tenía como objetivo evitar altercados entre las fuerzas turcas y las YPG.

Pero ayer, poco después de conocerse el anuncio de la retirada norteamericana de Siria, el Departamento de Estado informó que había aprobado la venta de 80 misiles guiados Patriot a Turquía por 3500 millones de dólares.

Los analistas consideran que la retirada norteamericana puede tener consecuencias imprevistas en toda la relación de fuerzas en la región. Charles Lister, investigador del Middle East Institute de Washington, estimó que la decisión revela una visión "extraordinariamente cortoplacista e ingenua".

"Esta medida parecerá más como una 'retirada' que una 'victoria' y es otra evidencia más de la peligrosa imprevisibilidad de Trump", afirmó Lister. Agregó que esto no solo favorece a EI, sino que también beneficia a Rusia, a Irán y a Al-Assad.

Wendy Sherman, que fue la principal negociadora del acuerdo nuclear con Irán -el cual Trump abandonó-, criticó también la decisión al afirmar que retirarse no constituye una estrategia para Estados Unidos. "Hubo progresos con EI, pero Rusia quedó a cargo, Israel sigue en riesgo y Al-Assad, un dirigente cruel, queda reafirmado", afirmó.

Agencias AFP, ANSA, AP y Reuters