El truco para los que se desinfectan las manos por culpa del Covid-19 pero no soportan el olor del gel hidroalcohólico

El gel hidroalcohólico se ha convertido en parte de nuestra vida diaria. Nos acompaña desde comienzos de la pandemia cada vez que nos apoyamos sobre una superficie pública o necesitamos tocarnos la cara con las manos. Aunque son muchos los que hacen caso omiso de esta recomendación, la mayoría siguen las normas sanitarias a rajatabla y aunque no lleven en sus bolsos o mochilas un botecito de gel, se lo aplican religiosamente en la entrada de centros comerciales y establecimientos para evitar el contagio por contacto.

Lo cierto es que el olor de este tipo de líquidos desinfectantes no resulta agradable para las narices muy sensitivas. Esta mezcla de alcohol etílico de 96º y agua oxigenada, entre otros ingredientes no satisface a muchas personas, que apuestan por geles hidroalcohólicos con olores más exóticos. Existen múltiples opciones: de cereza, menta, limón, vainilla, coco, melocotón, fresa y nata, aloe vera…

Todo con el objetivo de tener siempre las manos desinfectadas sin renunciar a un olor limpio y fresco o algo más dulzón, según los gustos de cada uno. Todo un mundo de posibilidades para sortear el clásico aroma del gel de toda la vida, cuya textura en muchas ocasiones tampoco agrada al público. Si permanece sin usarse durante mucho tiempo, este líquido puede convertirse en una mezcla viscosa que no acaba de repartirse bien entre las manos. Por este motivo, los geles de sabores de pequeño tamaño son una buena alternativa, ya que no les da tiempo a adquirir esta forma. Otra opción son los geles hidroalcohólicos en spray, más líquidos y rápidos de extender, aunque su dispensador puede hacernos perder en el aire parte del producto y que este no acabe completamente en las manos.

Para guardarlo de forma segura y evitar que se derrame si se cierra mal o se abre debido a un descuido, existen pequeñas fundas de diferentes diseños y colores, en las que el gel queda hermético y es muy improbable que se vierta. Además, para no tener que abrir el bolso y meter la mano sucia dentro de él para buscar el envase, muchas de estas fundas resultan ser llaveros que se pueden colgar por la parte externa de la cremallera de nuestros bolsos o mochilas, facilitando la tarea de abrir y cerrar el tapón y aplicarnos gel en las manos cada vez que sea necesario sin tener que estar palpando y contaminando el resto de nuestras pertenencias.

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