El tribunal deja al hijo de 11 años resolver la pelea de sus padres

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La comunicada a las partes interesadas por un tribunal del norte de Italia ha sido toda una decisión salomónica. Los padres separados de un niño de 11 años no se ponían de acuerdo sobre dónde debía continuar su hijo su educación, si en un colegio público o en uno privado, y recurrieron a la Justicia para que decidiese por ellos. Y esta, en la sala presidida por Lara Ghermandi, optó por darle voz y voto al menor, que ha escogido por la primera opción, según informa la agencia de noticias italiana Ansa.

Los padres no se ponían de acuerdo y el tribunal dejó decidir al niño, de 11 años. (Foto: Getty Images)
Los padres no se ponían de acuerdo y el tribunal dejó decidir al niño, de 11 años. (Foto: Getty Images)

La falta de acuerdo de los dos progenitores acabó en un tribunal. La madre abogaba porque el niño siguiese estudiando en un colegio público una vez terminada la fase educativa de elemental. Alegaba como argumentos a favor de su opción que el centro estaba cerca de casa y que le ofrecía la posibilidad de seguir con la música, una de las grandes pasiones de su hijo.

Al otro lado, el padre. Este prefería un centro privado defendiendo la alta calidad del claustro del mismo, la amplia oferta educativa y la posibilidad de usarlo a tiempo completo. Se desconoce cuánto tiempo estuvieron discutiéndolo, pero, ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo, lo llevaron ante la Justicia para que un juez tomase la decisión que ellos no tomaban.

Escuchadas ambas partes, el tribunal decidió llamar al menor y que les contase su versión y sus preferencias en esta disputa. El niño decidió decantarse por la opción defendida por la madre y estudiar en el colegio público en el que, además, están sus dos hermanas mayores. 

En la sentencia se ha explicado que aunque el menor aún no tenía siquiera los 11 años cumplidos, “supo expresarse con una naturalidad que inmediatamente inspira simpatía”. Insistiendo en el hecho de su corta edad, también se ha destacado, como recoge Ansa, que el pequeño demostró en su comparecencia tener “capacidad de discernimiento y madurez” como para tomar él mismo la decisión y ser respetada. 

Por otro lado, el niño también reconoció que “había hablado mucho del tema con mamá y papá” y que enel transcurso de esas conversaciones mostró “una preferencia explícita y auténtica”. Al final, los jueces hicieron lo que sus padres parece que no: escuchar su opinión y respetar sus preferencias. 

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