Tres millones de aerogeneradores en el Atlántico energizarían a toda la humanidad

Miguel Artime
Energía eólica. (Imagen Creative Commons vista en Pixabay).
Energía eólica. (Imagen Creative Commons vista en Pixabay).

Un nuevo estudio, realizado por el profesor ciencias atmosféricas Ken Caldeira y la investigadora de post-doctorado Anna Possner (ambos de la Institución Científica Carnegie), postula que si cubriésemos de aerogeneradores 3 millones de km2 de área oceánica abierta, en el ventoso Océano Atlántico norte, la instalación podría producir suficiente energía como para satisfacer las necesidades de toda la especie humana durante los meses de invierno, mientras que podría cubrir las necesidades de electricidad de Norteamérica y Europa durante el verano.

El objetivo del estudio era determinar si los vientos descendentes del océano contenían más energía que esos mismos vientos sobre la tierra. ¿La respuesta? Según la investigación, todo parece indicar que así es.

Tal y como la pareja de investigadores escribe en su trabajo:

“En los últimos años, un creciente cuerpo de investigación argumenta que la tasa de potencia generada está limitada a alrededor de 1.5 W m-2 en los grandes parques eólicos terrestres. Sin embargo, en este estudio, mostramos que algunas áreas del océano abierto, pueden ser sostenibles tasas de generación de energía considerablemente más altas. En particular, el Atlántico Norte se identifica como una región en la que el transporte descendente de energía cinética puede sostener tasas de extracción de 6 W m-2 y superiores, como media anual en áreas grandes”.

Es decir, los investigadores descubrieron que se podría extraer del viento hasta 4 veces más energía en áreas abiertas del océano, en comparación con las tasas extractivas de los parques eólicos terrestres. En base a estos números, si colocásemos un aeronerador por km2 en un área del Atlántico Norte (véase recuadro en imagen inferior) de tres millones de kilómetros cuadrados, el gigantesco parque marino compuesto por 3 millones de aerogeneradores produciría una cantidad anual de energía de 18 Teravatios hora (TWh), que es el equivalente a las necesidades energéticas de la humanidad.

En naranja se muestra la zona que ocuparía el mega-parque eólico. (Crédito Caldeira & Possner / PNAS).
En naranja se muestra la zona que ocuparía el mega-parque eólico. (Crédito Caldeira & Possner / PNAS).

No obstante, los autores reconocen ciertos “problemillas” por lo que presentan varias advertencias al lector, la primera de las cuales tiene que ver con la estacionalidad. Y es que la cantidad de energía producida varía mucho entre el invierno y el verano. La producción de un macro-parque eólico como el propuesto, superaría las necesidades energéticas del mundo durante el invierno, mientras que durante el verano solo satisfaría las necesidades de “electricidad” de América del Norte y Europa. Se podría solucionarse la bajada productiva eólica compensándola con energía solar, ya que la campana productiva fotovoltaica es inversa a la eólica, es decir genera más electricidad en verano que en invierno.

La segunda advertencia importante tiene que ver con la tecnología, y es que por el momento no se han desarrollado por completo dos requerimientos importantes para los parques eólicos en océano abierto. El primero tiene que ver con el problema de la profundidad y el segundo con el de la potencia de los cables eléctricos necesarios.

Para poder situarse en un área del Atlántico Norte como la propuesta, estos parques eólicos deberían instalarse sobre un lecho marino que se situa a una gran profundidad. Hasta el momento, lo más parecido que tenemos son los primeros “parques eólicos flotantes” que fabrica la compañía Statoil en la costa de Escocia. Sin embargo, estos parques flotantes se están preparando para resistir olas de más de 20 metros, ya que se ubicarán en zonas marinas cuya profundidad varía entre los 94 y los 120 metros. El mega-parque propuesto por Caldeira y Possner debería en cambio instalarse sobre áreas mucho más profundas de hasta 1600 metros.

Como comentado, el segundo reto tecnológico consistirá en desarrollar e instalar cables de alta tensión lo suficientemente gruesos y largos como para mover la electricidad hacia uno y otro continente. Hace mucho tiempo que se viene hablando de desarrollar una red global de corriente contínua de alta tensión (HVDC en inglés), por lo que desde el punto de vista tecnológico nadie duda de que podría fabricarse algo así. Sin embargo por el momento nadie se ha decidido a invertir lo suficiente. Lo más parecido con lo que contamos es con un plan para mover energía solar desde el occidente de Australia hasta Indonesia, sin duda una distancia mucho más corta que que separa Norte América de Europa.

Para hacerlo todo más complicado, el proyecto debería enfrentarse a un último desafío de importancia, y es que produciría un efecto de enfriamiento localizado bastante significativo. En los modelos creados por los autores del trabajo, el efecto local del enfriamiento producido por la extracción de energía térmica de un parque eólico de 3 millones de kilometros cuadrados en el Atlántico Norte sería de hasta 13ºC en el Ártico. Sin embargo, los autores indican que el efecto sería local y que además se puede mitigar si los aerogeneradores se separan más entre sí.

Como todos los proyectos teóricos faraónicos que de tanto en tanto ganan notoriedad en la prensa, me temo que este trabajo es un bonito ejercicio de ficción científico ecológica que nunca se llevará a cabo. Ahí está como ejemplo el plan de un parque solar en el Sáhara que podría abastecer a toda España de energía y que nunca llegó a construirse.

¡Una verdadera lástima!

El trabajo de Ken Caldeira y Anna Possner se publicó recientemente en Proceedings of the National Academy of Sciences.

Me enteré leyendo Electrek y Washington Post.