Al dejar ese antibiótico en el envase le haces un flaco favor a tu salud

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Cuidado con creer que puedes dejar de tomar los antibióticos que te ha prescrito tu médico porque ya te encuentras mejor. Completar el tratamiento es esencial para tu infección actual, tu salud general e incluso para evitar un problema de salud pública. (Foto: Getty)
Cuidado con creer que puedes dejar de tomar los antibióticos que te ha prescrito tu médico porque ya te encuentras mejor. Completar el tratamiento es esencial para tu infección actual, tu salud general e incluso para evitar un problema de salud pública. (Foto: Getty)

Si has tenido una infección bacteriana en los últimos años, ya sea una infección del tracto urinario, faringitis, una infección del oído o cualquier otra enfermedad bacteriana, es posible que te hayan recetado antibióticos. Si es así, es probable que haya escuchado las siguientes instrucciones: "Termina el tratamiento y tómate toda la caja".

Sí, aunque te sientas mejor o hayan disminuido los síntomas, no es bueno para tu salud dejar de tomar las pastillas que te ha mandado el médico. Completar el tratamiento de antibióticos prescrito por el médico es esencial para esa infección en particular pero también para tu salud general.

Como sabrás, los investigadores tardan años en diseñan cantidades y programas de dosificación para que los antibióticos sean efectivos y cumplan su función principal: matar bacterias, y lo hacen con diferentes mecanismos fisiológicos.

Los medicamentos necesitan tiempo para destruir las bacterias en su cuerpo, y acortar ese periodo puede tener dos efectos. "Primero, es posible que la infección no desaparezca por completo, incluso si comienzas a sentirte mejor. Si tomas suficientes antibióticos para reducir, digamos, el 70 por ciento de la bacteria en tu cuerpo, los síntomas podrían disminuir. Pero el 30 por ciento de las bacterias que quedan pueden aumentar y reproducirse en unos pocos días o semanas", según explica a Well+Good la doctora Linda Yancey, especialista en enfermedades infecciosas.

Pero no solo pueden replicarse, sino que las bacterias también pueden cambiar y, como todos los seres vivos, pueden volverse más robustas para sobrevivir. Seguro que has oído hablar de las bacterias resistentes. Por tanto, si introduces un antibiótico específico en tu sistema para combatir a estos invasores, lo haces para que los eliminen por completo, ¿verdad?

De lo contrario, al matar solo una parte de la infección estás dando la oportunidad de replicarse a las bacterias 'malas' y permitiendo que puedan luchar contra ese medicamento. Según la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (SEFAC), la consecuencia directa es que "aumenta la frecuencia de episodios similares en el mismo individuo". Es decir, que al no completar el tratamiento, es muy probable que vuelvas a enfermar por lo mismo y podrías estar favoreciendo que ciertas afecciones se vuelvan crónicas. Quizás por eso tienes tantos episodios de laringitis o faringitis.

Además, tendrás que volver a repetir el tratamiento con otro riesgo añadido, ya que la toma frecuente de antibióticos puede sentarte mal y causar una serie de efectos adversos innecesarios como problemas gastrointestinales, cefalea, rash cutáneo o infecciones fúngicas.

Por otro lado, esta mala práctica (dejar a medias el tratamiento) no solo perjudica a uno mismo, también tiene sus consecuencias globales. Lo creas o no, esto también afecta a la salud pública. Cuando las infecciones contagiosas evolucionan como resultado de una medicación no terminada o un tratamiento ineficaz (lo que también sucede), pueden propagarse.

De hecho, tras años de un mal uso de antibióticos, las bacterias unos organismos extremadamente adaptables- han logrado desarrollar resistencias a varios fármacos para sobrevivir. De manera que este proceso evolutivo y natural se está acelerando cada vez más por nuestra culpa.

Desde una perspectiva de salud pública, esto es peligroso. No quieres que un invasor se vuelva más fuerte, más contagioso y resistente al tratamiento que se supone que lo matará. Así es como las enfermedades se vuelven más potentes y más difíciles de tratar a un nivel social más amplio.

La resistencia a los agentes antimicrobianos ocurre cuando los gérmenes como las bacterias y los hongos son capaces de combatir los medicamentos que fueron diseñados para matarlos. El problema no es nuevo, pero la atención ha aumentado en medio de preocupaciones sobre la falta de nuevos medicamentos para combatir las bacterias. Y todo por el uso indiscriminado e irresponsable de los antibióticos, ya que tanto el abuso como el incumplimiento de las pautas ha reducido la eficacia de esta terapia.

Estamos acostumbrados a administrarlos para todo, incluso cuando no son necesarios. De hecho todavía hay personas que piensan que tomando antibióticos pueden curar el resfriado o la gripe, ¡en absoluto! Puede al tomarlos si se nota mejoría (o eso crees), pero en realidad lo que ocurre es que estás generando resistencias y alteraciones de la flora intestinal, que tiene un importante papel regulador y estimulante del sistema inmunitario, y la toma de antibióticos puede hacerte enfermar de nuevo. Vamos que así lo que único que haces es acuciar a las bacterias a evolucionar para evitar los efectos de los antibióticos.

Como advierten desde la Sociedad Española de Farmacia Comunitaria (SEFAC), no siempre acertamos a la hora de escoger el tratamiento adecuado para curarnos. Y es que automedicarse es lo peor que podemos hacer si queremos curarnos, aunque creamos que no es necesario es importante acudir al especialista para que nos prescriba el tratamiento adecuado y cumplirlo a rajatabla, hasta el final.

No obstante, los pacientes no somos los únicos responsables de este problema. Los profesionales sanitarios lo ha estado prescribiendo de manera excesiva durante años, y han tardado en reaccionar.

Y es que los medicamentos alteran la flora bacteriana del intestino, que es fundamental para el desarrollo de la tolerancia del cuerpo a las proteínas extrañas (echa un vistazo a este artículo médico si quieres profundizar). En este sentido, los pediatras consideran que, en la mayoría de los casos, no es necesario que los niños tomen antibióticos, y que al prescribirlos de forma excesiva también se ha contribuido a la aparición de las bacterias resistentes a todos los antibióticos conocidos, lo que está poniendo en peligro la salud de los menores. Como consecuencia de los desequilibrios que estos fármacos provocan en la microbiota intestinal de los niños pueden aparecer enfermedades como asma, obesidad o alergias.

Ahora está claro que un uso inadecuado de los antibióticos “lleva a más problemas que beneficios”. Hay que tomarlos solo cuando sea necesario y del modo adecuado ya que la amenaza de las infecciones por bacterias multirresistentes es real, y además de las muertes que provoca, pone en riesgo la medicina moderna y todos sus beneficios.

“Sin antibióticos no se pueden realizar trasplantes, ni administrar quimioterapia para al cáncer, ni realizar cirugías complejas. Necesitamos especialistas muy bien formados que lideren la lucha contra las bacterias y salven a los antibióticos para que sigan siendo útiles por generaciones”, advierte el doctor José Miguel Cisneros.

Moraleja: La mejor manera de protegerse de la resistencia a los antibióticos es seguir las instrucciones de uso de cada medicamento, tomando la dosis indicadas durante el tiempo marcado. Y, ante todo, hacer lo posible por no saltarse ninguna toma y continuar con el tratamiento incluso después de que comiences a sentirse mejor.

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