Tras la amenaza de los yihadistas "retornados", la de quienes salen de prisión

Por Michel MOUTOT con las oficinas europeas de la AFP
Un grupo de policías monta guardia frente al Palacio de Justicia de Bruselas el pasado 5 de febrero, con motivo de la apertura del juicio a Salah Abdeslam, único miembro con vida de los comandos yihadistas que atacaron París en noviembre de 2015

Los servicios antiterroristas europeos, ya de por sí confrontados a amenazas en constante cambio, se enfrentan ahora a la excarcelación de cientos de condenados por "terrorismo" islamista que ya cumplieron su condena y que van a suponer un problema adicional de vigilancia.

En los próximos meses y años, van a sumarse a las listas de personas de riesgo formadas ahora por sospechosos habituales, "retornados" de la yihad en Siria y en Irak, células durmientes o yihadistas radicalizados en Europa, que los investigadores temen que puedan entrar en acción en cualquier momento.

"Esperamos las primeras salidas de condenados por cargos de terrorismo para la primavera" boreal, confió a la AFP un alto mando de la lucha antiterrorista francesa que pidió el anonimato. "Representan una amenaza potencial, inquietante y que nos tomamos muy en serio", dijo.

Por ejemplo, en Francia, hay cerca de 500 personas condenadas en la última década a largas penas por "asociación de malhechores vinculados con una empresa terrorista" que serán considerados como "liberables" de aquí a 2020, indicó el responsable.

A esta lista se suman 1.500 presos por delitos comunes que se sospecha se radicalizaron en prisión, al contacto con los presos por delitos de terrorismo.

Pero aunque muchos de ellos puedan haber pasado página, el ejemplo de Chérif Kouachi, autor con su hermano Said del ataque contra el semanario Charlie Hebdo que dejó 12 muertos en enero de 2015, está en todas las mentes.

Chérif había sido encarcelado en 2005 y 2006 por pertenecer a una filial de un grupo yihadista cuando estaba determinado a viajar a Irak para recibir instrucción. Fue condenado en 2008, pero quedó en libertad.

Fue vigilado y durante varios años estuvo sometido a escuchas que nunca arrojaron nada, a parte de alusiones a microtráficos. Para despistar a las autoridades, los hermanos usaban las líneas de sus parejas.

Después de cambiar de casa, lograron salir del radar de los investigadores hasta que llegó la mañana del 7 de enero de 2015, cuando, armados de dos fusiles Kalashnikov, diezmaron a la redacción del semanario satírico.

- La prisión, 'una escuela de la yihad' -

"La perspectiva de ver salir de aquí a 2020/21 a cientos de yihadistas detenidos, es un verdadero problema", afirma a la AFP Yves Trotignon, exanalista antiterrorista de los servicios exteriores franceses DGSE.

"Hay que tener con estas personas la misma actitud que con los retornados de Siria. No tenemos ninguna forma de evaluar, para los 500 chicos que van a salir, la peligrosidad operacional y sobre todo saber si renunciaron a la ideología de la yihad", explica.

Para este experto, la única solución es comenzar enseguida a trabajar en las redes. "¿Quién se reúne con quién? ¿Quién llama a quien? ¿Quién dice qué? ¿Quién recibe qué SMS? Para lograr tener un diagrama de sus contactos (...) se dice mucho que la prisión es la escuela del crimen, lo es también de la yihad. Es el lugar donde quienes son un poco tibios se radicalizan, ahí es donde van a aprender cosas de los antiguos detenidos", asegura.

"Rara vez uno sale de prisión mejor que como entró", dice por su parte Alain Grignard, experto en islamismo radical belga, que dirigió una conferencia en la Universidad de Lieja.

Según Grignard, antes de la ola de atentados de Bruselas en marzo de 2016, se pronunciaron entre 150 y 200 condenas. "Esta gente está marcada a fuego y algunos de ellos probablemente están a punto de salir", dijo.

- Continuar la vigilancia -

En Holanda, el abogado Andre Seebregts contó su experiencia tras haber defendido a varios supuestos yihadistas, condenados a prisión y recientemente liberados.

"Ninguno de mis clientes participó en un programa de rehabilitación", asegura a la AFP. "El peligro de una nueva radicalización sigue ahí (...) las condiciones de su liberación implican muchas veces la obligación de usar brazaletes electrónicos que permiten vigilarlos a distancia, además del contacto con un imán designado por el gobierno y la supervisión de un oficial para la condicional".

En el Reino Unido, los datos señalaban que en 2017 había cerca de 200 detenidos por cargos de terrorismo islamista, un aumento de 25% con respecto al año anterior. Entre septiembre de 2016 y septiembre de 2017, 36 condenados fueron liberados tras haber cumplido su condena.

Durante la investigación y el proceso, los acusados son vigilados, sometidos a un seguimiento e interrogados, pero después, en prisión caen en lo que un agente de las administración penitenciaria considera que es "un punto muerto de la vigilancia".

"Después de los atentados de 2015 y 2016 esto ya no es aceptable", estimó.

El objetivo en la mayor parte de los países europeos es a partir de ahora mantener lo más posible la continuidad de la vigilancia, para poder poner en marcha sistemas de adaptados a la salida de las personas que se considera de mayor riesgo.

Pero un alto responsable francés de la lucha antiterrorista señala que vigilar permanente todos los perfiles sospechosos de radicalismo está fuera del alcance de cualquier unidad antiterrorista del mundo.

"La vigilancia de un sospechoso 24 horas al día, implica de 20 a 30 policías", dice suspirando. "Hagan el cálculo".

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