Trapero, la prueba de que España ha aprendido a gestionar atentados terroristas

El presidente catalán, Carles Puigdemont (d), junto al conseller de Interior, Joaquim Forn (i), y el mayor de los Mossos d’Esquadra, Josep Lluís Trapero (c). EFE/Marta Pérez

‘Bueno, pues molt bé, pues adiós’. La reacción de Josep Lluís Trapero se convirtió ayer en viral cuando, en la rueda de prensa posterior a la confirmación de la muerte de Subirats a Younes Abouyaaqoubautor del atentado de La Rambla-, varios periodistas se quejaban y abandonaban la sala porque el ‘major’ de los Mosos d’Esquadra estaba dando las explicaciones en catalán. Hubo quien intentó convertir en polémica este hecho cuando es una práctica habitual que en las ruedas de prensa de organismos oficiales de Cataluña -al igual que en Euskadi o Galicia– los protagonistas contesten en el idioma por el que han sido interpelados en las preguntas. Pero no pasó de anécdota. Porque Trapero ya había ido ganando entidad en los días previos como para acabar definido por un exceso de celo y protagonismo de ciertos periodistas totalmente equivocados en sus actos.

Porque si algo ha dejado claro el doble atentado de Barcelona y Cambrils con respecto de los del 11-M es que, en materia de comunicación, se ha aprendido mucho. Muchísimo. Y se ha hecho bien como demuestra el hecho de que ni un sólo partido político haya puesto en duda la versión oficial, que en ningún momento ha parecido que las autoridades estuvieran escondiendo datos, y que ningún comunicado ni rueda de prensa ha tratado de sostener un discurso con doble intención salvo excepciones. Sí, seguro que la imagen que les ha venido a la cabeza al leer estas líneas es la de un palidísimo Ángel Acebes matando moscas a cañonazos en su defensa de la vía de ETA como causante de los atentados de Atocha y El Pozo.

A pesar de que la información se vertebraba sobre dos organismos diferentes -el ministerio de Interior y los Mossos-, esta ha sido compartida de manera clara facilitando una imagen de unidad ante el terrorismo que el PP puenteó en 2004. Algo que ha impedido que ningún actor político, como hace 13 años, haya realizado declaraciones del tipo “Tengo la convicción moral de que fue ETA”.
Al contrario. Aquí la primera y única hipótesis sostenida tras los ataques de Barcelona y Cambrils fue la de que “el atentado se preparaba desde hacía un cierto tiempo en Alcanar”.

No todo han sido aciertos. Los medios sí que han incurrido en algunos errores a causa de entrar al juego de la dictadura de las redes sociales por ser los primeros. Así se han dado informaciones no del todo confirmadas que posteriormente han tenido que ser matizadas o corregidas. Algo que ya sucedió en los recientes atentados de París o Londres como cuando, en este último caso, la cadena de TV británica Channel 4 empezó a distribuir la noticia de que se había identificado al responsable del ataque en el puente de Westminster y el Parlamento -publicando su nombre y la foto- teniendo que ser corregido poco después. Pero ni siquiera en esos momentos estos errores han pasado de circunstancias menores. Porque la labor policial y la dirección de la investigación sí que estaban claras y eran inamovibles.


Y volviendo al principio, el sujeto sobre el que se ha personificado este buen hacer es el citado Trapero quien ha marcado un nuevo tono en la comunicación corporativa. Como bien enumeran los especialistas en la materia, Trapero ha acertado de lleno con “su serenidad“, su “tono de voz grave“, su “sensatez“, su “radicalidad a la hora de desmontar tópicos racistas” que sobrevolaban en el ambiente, su “prudencia” a la hora de colgarse medallas y dar por finalizada la operación, su “transparencia” y cercanía dando dos ruedas de prensa diarias desde el inicio de la barbarie, y su “rigurosidad“. A pesar de que atentados terroristas como el de Barcelona no siempre se pueden evitar, por lo menos se ha evitado la desinformación oficial al respecto.