Transición en Sudán enfrenta trabas para incorporar a paramilitares al ejército

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La integración de las poderosas fuerzas paramilitares en el ejército se convirtió en el último obstáculo en la transición de Sudán al mando civil, después de tres décadas de gobierno del depuesto autócrata Omar al Bashir.

Sudán ha estado bajo un gobierno cívico-militar desde agosto de 2019, tras un acuerdo de repartición del poder que iba a vencer el próximo año, pero que fue extendido tras un pacto de paz alcanzado en octubre con varias facciones rebeldes.

Ambos acuerdos contemplan la reforma militar, incluida la integración de la Fuerza de Apoyo Rápido (RSF), formada en 2013 para enfrentar a los rebeldes que combatían al gobierno de Bashir, al ejército regular.

La RSF está integrada en gran parte por nómadas árabes y la milicia yanyauid, acusadas por organizaciones de derechos humanos de atrocidades en Darfur.

Las tensiones entre la RSF y el ejército han crecido en las últimas semanas, especialmente luego de que el comandante paramilitar Mohamed Hamden Daglo, conocido como Hemeti, rechazó una integración con las fuerzas armadas.

"Hablar de la integración de la RSF al ejército podría dividir al país", advirtió Daglo en un discurso que se volvió viral en redes sociales.

"La RSF fue oficializada por una ley aprobada por un parlamento electo, no es un batallón (...) que se puede integrar al ejército", declaró.

Dirigentes militares han negado un enfrentamiento, pero el primer ministro civil, Abdalá Hamdok, ha señalado fracturas "muy preocupantes" entre los poderosos bloques del sistema de seguridad en Sudán.

Se pronunció por un ejército unificado que incluya a la RSF y advirtió que las disputas entre facciones políticas a cargo de la transición en Sudán podrían resultar en caos y guerra civil.

- Rumores -

Sudán navega una tumultuosa transición, marcada por una grave crisis económica y profundas divisiones políticas.

El país ha tenido las últimas semanas un aumento en los crímenes violentos, protestas y descontento popular por las duras reformas económicas del gobierno.

Daglo y el general Abdel Fatah al Burhan, comandante en jefe del ejército y líder del órgano de transición en Sudán, aseguraron que las versiones de tensiones entre el ejército y la RSF son solo "rumores".

El mes pasado, grupos rebeldes de la región de Darfur, que en 2020 firmaron un histórico acuerdo de paz con el gobierno de Sudán, pidieron acelerar las reformas de seguridad.

La guerra estalló en Darfur en 2003 cuando rebeldes de la minoría africana que reclamaban de discriminación, se alzaron en armas contra el gobierno de Bashir, dominado por árabes.

El prolongado conflicto dejó 300.000 muertos y 2,5 millones de desplazados, según la ONU.

El experto militar Amin Ismail comentó que la integración de la RSF al ejército "es necesaria en este momento".

"La RSF fue formada con un propósito específico bajo Bashir, pero ahora que su régimen acabó, debe ser parte de un ejército unificado", comentó.

Una fuente militar sudanesa dijo a AFP que la integración de la RSF al ejército está "vinculada con las presiones occidentales y de instituciones internacionales".

No hacerlo podría "afectar las relaciones internacionales de Sudán", según la fuente que pidió mantener el anonimato.

- Esperanza lejana -

Jonas Horner, analista del International Crisis Group (ICG), dijo que la reforma del sector de seguridad es "un requisito fundamental para la transición en Sudán".

Sin embargo, advirtió que cualquier intento de una integración forzada o desarme de la RSF "podría catalizar una grave guerra urbana".

Antes de acceder a integrar sus fuerzas, "Hemeti podría buscar garantías sobre su papel en un Sudán posterior a la transición, y sobre los llamados a su enjuiciamiento" por el conflicto en Darfur, advirtió Horner.

Hemeti estuvo involucrado en el derrocamiento de Bashir en abril de 2019, tras protestas masivas contra su gobierno de mano dura.

Los manifestantes han acusado a la RSF de dispersar con violencia una protesta masiva en el cuartel del ejército en junio de ese año. Médicos cercanos al movimiento de protesta dijeron que al menos 128 personas murieron en la represión.

Hemeti niega las versiones y más bien se presenta como un "protector" de la revolución sudanesa. Incluso participó en conversaciones con los rebeldes que firmaron el acuerdo de paz de octubre.

Mientras tanto, continúan las negociaciones con facciones rebeldes que no adhirieron a ese acuerdo.

El jefe negociador del grupo dijo a AFP que uno de los temas sin resolver es la integración de los grupos armados al ejército.

El analista Horner apuntó que "mientras Sudán continúe con ejércitos múltiples con distintos intereses y bases de poder, la reforma del sector de seguridad será poco probable".

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