Así transcurrió la tercera ola de gripe española: predicciones para la covid-19

Anton Erkoreka Barrena, Director Museo Vasco de Historia de la Medicina (UPV/EHU), Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea
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<span class="caption">Sanitarios ataviados para atender a pacientes de gripe en el Hospital Naval de Mare Island, California, el 12 de octubre de 1918.</span> <span class="attribution"><a class="link rapid-noclick-resp" href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:09-5036-043_influenza_(7839561772).jpg" rel="nofollow noopener" target="_blank" data-ylk="slk:Wikimedia Commons / Navy Medicine">Wikimedia Commons / Navy Medicine</a>, <a class="link rapid-noclick-resp" href="http://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0/" rel="nofollow noopener" target="_blank" data-ylk="slk:CC BY-SA">CC BY-SA</a></span>
Sanitarios ataviados para atender a pacientes de gripe en el Hospital Naval de Mare Island, California, el 12 de octubre de 1918. Wikimedia Commons / Navy Medicine, CC BY-SA

La historia de las pandemias nos enseña que las víricas de transmisión aérea siguen casi siempre el mismo patrón. Ante el nuevo virus SARS-CoV-2, tenemos un punto de referencia nítido y bien estudiado: la pandemia de gripe española.

Como ha ocurrido ahora, en aquella ocasión, en el verano de 1918, apareció un subtipo gripal A(H1N1) que, en mitad del desastre de la Primera Guerra Mundial, se extendió rápidamente por todo el mundo. Entonces provocó, en otoño de 1918, la mayoría de los 40 millones de muertos que achacamos a la gripe pandémica de 1918-1920.

<span class="caption">Fallecimientos por gripe española en tres períodos pandémicos. / Gerardo Chowell et al.</span> <span class="attribution"><a class="link rapid-noclick-resp" href="http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/" rel="nofollow noopener" target="_blank" data-ylk="slk:CC BY">CC BY</a></span>
Fallecimientos por gripe española en tres períodos pandémicos. / Gerardo Chowell et al. CC BY

Lo que hemos aprendido con la pandemia de covid-19

El nuevo virus que ha aparecido en 2019 no trae un libro de instrucciones debajo del brazo. Vamos aprendiendo a medida que se desarrolla la pandemia y vamos mejorando nuestra respuesta.

Nuestros conocimientos médicos, cada vez más profundos, nos están permitiendo mejorar la atención y obtener mejores ratios: si la tasa de mortalidad de los que ingresaban en las UCIs en la primera ola de primavera de 2020, era del 42 %, en esta segunda ola de otoño de 2020 ha bajado ostensiblemente al 25 %.

Conocemos mejor este coronavirus y las múltiples manifestaciones clínicas que produce en el organismo. Empezamos a entender cómo actúa y qué secuelas deja. Los médicos también empezamos a preocuparnos por el enorme coste que supone: cada paciente que sobrevive a la UCI nos cuesta tres millones de euros.

El análisis de todos los efectos de esta pandemia es cada vez más complejo. Nos llevará años valorar correctamente qué sectores han resultado más perjudicados y cuáles se han beneficiado de este cambio de paradigma que se está produciendo.

Nada nuevo bajo el sol

En las Navidades de 2020 todavía estamos al final de la segunda ola de la covid-19, que ha provocado en España, más casos que la primera pero menos muertos.

En otros países de Europa, como cabía esperar, ha provocado más casos y más muertos que en la primera, por lo que han tomado medidas muy radicales. Han tenido que paralizar la actividad económica y social durante el período vacacional. Posiblemente en España, a principios de 2021, echaremos de menos esas medidas que no se quisieron tomar para “salvar las Navidades”.

De hecho, ya podemos hacernos una idea de cómo será la evolución más próxima de la covid-19 y lo que nos espera en los próximos meses y años, pues tenemos como referencia la pandemia de gripe española. En aquel momento, la primera ola leve, en primavera de 1918, fue seguida de una segunda ola muy grave, en otoño de 1918.

Entonces, cuando parecía que aquella pesadilla, al igual que la Gran Guerra, había pasado, se presentó una tercera ola en los primeros meses de 1919 que, afectó especialmente al hemisferio sur.

Y no terminó todo porque, en Europa, también hemos documentado hasta una cuarta ola que ocurrió en 1920. En otras partes del mundo podemos hablar incluso de una quinta ola y, por supuesto, de comportamientos diferenciados en los países de ambos hemisferios.

Sobre la evolución de estas olas y su incidencia a nivel local y en Europa Occidental, recientemente hemos publicado el libro Una nueva historia de la gripe española. Paralelismos con la covid-19.

Tercera ola, a la vuelta de la esquina

Siguiendo con las similitudes de la pandemia de gripe española, recordamos que en los primeros meses de 1919 brotó la tercera ola epidémica con algunos elementos que la diferenciaban respecto a las anteriores. La edad de los fallecidos empezó a variar, disminuyeron los adultos jóvenes y aumentaron los mayores.

Además, no tuvo un pico o cénit sino que fue un goteo de casos y fallecidos, como lluvia fina, que duró entre 3 y 4 meses. Se presentó dispersa, irregular, sin dirección, como si se tratara de simples rebrotes. Duró varios meses y varió según los territorios de Europa entre enero y mayo de 1919.

Los certificados de defunción reflejaban la percepción de los médicos de que se trataba de “grippe complicada”, porque los pacientes presentaban manifestaciones respiratorias, digestivas y de otros órganos y sistemas.

En este momento, en el que las olas epidémicas avanzan y se entrecruzan, es muy complicado hacer su seguimiento. La primera ola se puede seguir incluso espacialmente. Por ejemplo, la de la covid-19 en China-Oriente Medio-Europa-América.

Pero en la tercera ola el virus está en todas partes, se producen variantes, las medidas de contención son distintas según territorios y países, por lo que predecir su evolución suele resultar cada vez más difícil.

Cuando terminó la segunda ola, en otoño de 1919, más de la mitad de la población española había pasado la gripe. Hoy sólo el 10 % de la población española es seropositiva al SARS-CoV-2.

Por eso, seguramente estemos al principio de la pandemia de coronavirus y sufriremos una tercera ola de las características de 1919. Sin embargo, comparar los momentos históricos es complejo, aunque el papel de Casandra es más peliagudo, y predecir qué puede pasar en la tercera onda de la covid-19 es realmente complicado.

Si el coronavirus siguiera las pautas de las pandemias históricas, tomaría forma de goteo de casos y fallecidos por covid-19, como lluvia fina, que se extendería entre los tres o cuatro primeros meses de 2021.

Siempre en función del efecto amplificador que tendrá la celebración de las Navidades y también a la espera del efecto reductor que tengan las nuevas vacunas contra la covid-19.

La importancia de los medios

Los medios de comunicación tienen un papel muy importante. Informan con libertad y, sobre todo, analizan en profundidad lo que ocurre.

En la pandemia de gripe española tuvieron un papel nefasto, pues banalizaron el relato de aquella pandemia e hicieron chistes que han perdurado sobre “la enfermedad de moda” o “el soldado de Nápoles”.

Mientras en mayo de 1918 los periódicos de Madrid daban esas informaciones vacuas, no contaban que la mortalidad en la ciudad se estaba disparando: si a principios del mes estaban muriendo 40 personas al día por todas las causas de muerte, a partir del día 24 de mayo empezó a ascender el número de fallecidos hasta los 53.

Después siguió ascendiendo. Por ejemplo, el día 27 murieron 84 y el día 31 murieron 114 personas. Los medios actuaron como correas de transmisión del poder y no vehicularon esos importantes datos.

Ahora los medios nos informan de las mutaciones que se están detectando: en Aragón en verano, en los visones daneses en otoño y en el Reino Unido y otros lugares en este inicio del invierno.

Estas noticias significativas, junto a las informaciones independientes y contrastadas sobre las nuevas vacunas, así como las proyecciones históricas de que llegará una tercera ola en los primeros meses de 2021, ayudarán a nuestra sociedad a conocer mejor lo que está ocurriendo y a hacer frente a los difíciles retos que nos esperan en 2021.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Anton Erkoreka Barrena no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.