La trágica historia del joven del Congo exhibido en un zoológico de Nueva York

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Ota Benga formaba parte de un grupo étnico de pigmeos del entonces llamado Congo Belga y era apenas un adolescente cuando el misionero y comerciante estadounidense, Samuel Phillips Verner, se lo llevó desde África hasta América con la intención de utilizarlo para exhibirlo en zoológicos y exposiciones que se realizaban en los Estados Unidos a principios del siglo XX.

Ota Benga fue un joven pigmeo llevado desde el Congo para ser exhibido en un zoológico de EEUU (imagen vía Wikimedia commons)
Ota Benga fue un joven pigmeo llevado desde el Congo para ser exhibido en un zoológico de EEUU (imagen vía Wikimedia commons)

A pesar de las leyes de emancipación llevaban en marcha varias décadas y en EEUU (aparentemente) estaba prohibida la esclavitud, Samuel Phillips Verner recibió el encargo de llevar al país algún ejemplar de pigmeo con el fin de demostrar al público asistente a unas jornadas antropológicas que se habían organizado con motivo de la Exposición Universal de San Luis de 1904 (Louisiana Purchase Exposition), la supremacía racial del hombre blanco.

El joven Ota Benga no fue el único exhibido en aquellas jornadas y junto a él se mostraba al público otras personas de diferentes grupos étnicos (entre ellos africanos, nativos americanos o los por entonces llamados ‘esquimales’).

Era un momento en el que, gracias a la ciencia, estaba cogiendo una gran fuerza la teoría desarrollada por Charles Darwin en su famosa obra ‘El origen de las especies’ y ciertos grupos defensores de la eugenesia pretendían crear un vínculo entre determinados grupos étnicos y su descendencia directa de los primates (algo que, lamentablemente, todavía hay quien sigue defendiendo).

Evidentemente, los organizadores de las jornadas antropológicas se escudaban en que los seres exhibidos eran personas totalmente libres y que estaban allí de forma voluntaria, con el fin de colaborar en aquellas demostraciones científicas. Pero aquello no era realmente verdad, debido a que las condiciones infrahumanas con las que se les trató llevó a que la mayoría de los exhibidos acabasen con depresión, alcoholizados e incluso suicidándose años después (como fue el caso de Ota Benga).

La mayoría de los exhibidos regresaron a sus tribus y lugares de origen una vez terminadas las jornadas antropológicas (aunque algunos fueron utilizados también en otro evento de exhibición deportiva dentro de los Juegos Olímpicos que se celebraron aquel mismo año también en San Luis).

En un principio el joven Ota Benga (se desconoce con exactitud su edad, pero por aquel entonces podría tener entre los 14 y los 20 años) volvió a su África natal junto a Samuel Phillips Verner (o al menos esto es lo que explicó tiempo después en sus memorias el comerciante), teniendo que regresar a los EEUU tras unos problemas que tuvo el pigmeo con miembros de su tribu.

Esto llevó a Verner a buscarle al muchacho algún lugar donde alojarse en Estados Unidos, proporcionándole (según la referida autobiografía) un empleo en el zoológico del Bronx. Pero en realidad Ota Benga era utilizado por los responsables del zoo neoyorquino para ser exhibido junto a los monos, ya que estuvo residiendo dentro de la jaula de los primates durante tres semanas del mes de septiembre de 1906.

Las protestas por parte de algunos colectivos afroamericanos hicieron que se le habilitase una pequeña caseta como vivienda fuera de la jaula pero dentro del recinto y el director del zoológico (William Temple Hornaday) indicó que el joven pigmeo no estaba allí como parte de la exhibición de la ‘casa de fieras’ (tal y como se conocía en aquel entonces aquel lugar) sino como trabajador que se encargaba del cuidado y alimentación de los primates.

La mayoría de la información sobre Ota Benga es posterior a aquella época y gran parte de las crónicas y relatos sobre la presencia del pigmeo en EEUU apareció publicada una década después, a partir del 20 de marzo de 1906, fecha en la que el joven africano decidió suicidarse disparándose un tiro en el corazón.

Antes de este trágico suceso había estado residiendo en una institución benéfica (semejante a un orfanato), lo habían escolarizado e incluso trabajado en una fábrica de tabaco de Virginia, pero parece ser que durante todo aquellos años le persiguió el recuerdo del tiempo en el que fue utilizado para ser exhibido.

Una de las cosas que más llamaban la atención de los curiosos eran los dientes puntiagudos de Ota Benga, a quien se los habían afilado siendo muy jovencito como parte de la tradición de su tribu, surgiendo la duda de que tenía la dentadura de ese modo debido a que en su África natal había practicado el canibalismo algo que no era cierto) y que provocó que poco después de marcharse del zoológico del Bronx, lo llevasen a un dentista que limó todas su piezas para que estuviesen rectas.

Fuente de la imagen: Wikimedia commons

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