Toros sí o toros no: Francia debate en su Asamblea si prohíbe las corridas por ser "maltrato"

Este jueves, la Asamblea Nacional de Francia tiene un debate candente entre manos: el de abolir o no las corridas de toros en el país. Los festejos se han ido apagando en gran parte del estado, pero no en el sur, en una decena de provincias de Aquitania, Provenza y Occitania, donde se siguen considerando una seña de tradición. Sus detractores dicen que, simplemente, es maltrato animal.

La propuesta parte de un diputado ecologista, Aymeric Caron, integrado en el grupo parlamentario de Nupes, la Nueva Unión Popular Ecologista y Social que aglutina a toda la izquierda y que comanda Jean-Luc Mélenchon. Se debate este miércoles y se vota el jueves. Por ahora, se desconoce si prosperará, porque los progresistas tienen 151 escaños de los 577 que componen el hemiciclo y dentro de la propia coalición hay diferencias. Socialistas y comunistas, por ejemplo, no llevaban en sus programas electorales una medida así y los representantes del partido del presidente Emmanuel Macron, liberales, que son hasta 266, han anunciado un voto en contra.

Ocurra lo que ocurra, la semilla de la discusión ha cuajado. Caron insiste en que lleva a la Asamblea lo que hay en la calle, una “abrumadora mayoría” de franceses que se oponen a las corridas. “Hoy nueve de cada diez franceses desean la abolición de la corrida (de toros)”, afirmó en una rueda de prensa en la que presentó sus próximas propuestas legislativas y que fue recogida por la Agencia EFE. Hay asociaciones preservacionistas y antimaltrato como la Asamblea por la Abolición de las Corridas que insisten en este dato: el 87% de los ciudadanos son contrarios a la fiesta. Este dato proviene de un sondeo de IPSOS para la Alianza Anticorridas, pero el Instituto Francés de Opinión Pública rebaja la cifra al 74%. Un dato que sigue siendo notablemente alto.

El torero español José Tomás, toreando en Nimes (Francia) en septiembre de 2012.
El torero español José Tomás, toreando en Nimes (Francia) en septiembre de 2012.

El torero español José Tomás, toreando en Nimes (Francia) en septiembre de 2012.

Estos espectáculos taurinos, según recuerda Caron, ya no se pueden celebrar en Francia salvo en algunos territorios. Para esas zonas las leyes de protección animal prevén una excepción al considerar las corridas una “tradición” local. En julio de  2016 , el Consejo de Estado dio una victoria histórica a los antitaurinos porque hizo definitiva la eliminación de la tauromaquia del inventario del patrimonio cultural inmaterial de Francia.

“Es una excepción que no tiene lugar, sobre todo porque estamos en un momento de nuestra historia en el que ya no hay debate sobre este tema”, señala el diputado ecologista, tras explicar que si las corridas están prohibidas en París porque los legisladores entienden que incurren en maltrato a los toros, el mismo principio debería aplicarse a todo el territorio francés. “Lo contrario es contradictorio”, recalca. Caron entiende que hay consenso partidario en la necesidad de prohibir las corridas, pero reconode también que los grupos de presión taurinos y de la caza están “muy agitados”. “Espero que la Asamblea esté a la altura de lo que esperan los franceses”, deseó.

Al hilo del debate, en estos días se están celebrando concentraciones y protestas a favor y en contra de la iniciativa, tanto en la capital, París, como en ciudades que son un referente en el mundo taurino, como Nimes. Ninguna de ellas ha sido multitudinaria. Los que apoyan a Caron ensalzan esos precedentes parciales. “Si se habla de maltrato animal en zonas como París, hay que extenderlo. Y eso conlleva hasta cinco años de pena en nuestro Código Penal”, dice a AFP Cindy Tucci, excandidata del Partido Animalista.

Desde la Asamblea por la Abolición, en su web, se preguntan si es “normal” que se autoricen todavía espectáculos “en los que la gente disfruta con la tortura y la muerte pública de un animal”, un ser “sensible”, “sintiente”, “sometido a la muerte con crueldad y público”. “Ya no hace falta demostrar el sufrimiento del toro y la Orden de Veterinarios se ha pronunciado sin ambigüedades al respecto. Además, los especialistas en salud mental también han alertado de los efectos que producen estos “espectáculos” en los más vulnerables”, ahonda.

Frente a ellos, quien insiste en que los opositores a las corridas “no conocen su realidad”, como enfatizaba David Habib, un diputado socialista de los Pirineos Atlánticos que se aferra a un “acontecimiento cultural” que “mueve además la economía” de su zona, según ha publicado en varios tuits.

A través de una carta en el periódico conservador Le Figaro, Simón Casas, responsable de la plaza de Nimes y posiblemente el rostro más conocido del mundo empresarial taurino en Francia, ha repetido los argumentos conocidos de quienes defienden la fiesta: “No tiene sentido prohibir una tradición que tiene un modelo de crianza rural, noble y secular, de manera individualizada”.  De paso, carga contra la ganadería industrial que, señala, mata a tres millones de animales cada año, frente a los 800 toros que mueren en los ruedos. Casas defiende igualmente la vertiente económica de los toros para los ciudadanos del sur y se cobija en la implicación institucional para insistir en el peso que tiene el  sector.

“Tras dos años y medio de régimen de prohibiciones para proteger a la gente dentro del marco de la crisis de la covid, guardémonos de poner nuevas restricciones, nuevas normas, a la gente”, afirmó también el pasado fin de semana el portavoz del Gobierno, Olivier Véran, en una entrevista televisiva.

En 2019, el último año antes de la pandemia, se vendieron 360.000 entradas para ir a los toros, según datos de la Asociación de Ciudades Taurinas de Francia, informa El País.

Si se acepta lo propuesto por los ecologistas en la Asamblea, el veto deberá ir luego al Senado -donde la derecha manda- antes de regresar a la Asamblea y lograr su aprobación. También el Consejo Constitucional deberá pronunciarse y hay un precedente que va contra los abolicionistas: en 2012, el Constitucional reafirmó la legalidad de los toros en las zonas con tradición, tras una reclamación elevada por un grupo de asociaciones animalistas.

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