¿Tiene derecho su jefe a exigirle que conteste un whatsapp fuera del horario laboral?

El PSOE presenta hoy en el Congreso una proposición no de ley para regular la desconexión digital de los trabajadores fuera del trabajo. Tres de cada cuatro empleados dicen tener menos tiempo libre ahora que hace años: no pueden desconectar. 

Ocho de la tarde. Baños de los niños pequeños. La cena en el fuego. Una lavadora puesta. El mayor que grita desde su cuarto que se ha atascado con las matemáticas, que si le puedes ayudar.

Y suena el beep del móvil. ¿Será un correo electrónico del trabajo? ¿Será un whatsapp de tu jefe? ¿Será una llamada perdida de un cliente?

Y, claro, ante la duda, lo que solemos hacer es dejarlo todo -niños en la bañera, cena en el fuego, lavadora y deberes- para correr a echarle un vistazo al móvil. ¿Tienes  a mano los datos del proyecto X? , pregunta tu jefe directo. ¿Qué haces? ¿Le contestas que vaya a la oficina y se busque la vida, o sigues dejando en pausa tu propia vida para meterte en el ordenador, acceder a la oficina remota, y bucear entre las carpetas hasta que das con el informe? ¿Y cuando te llama un cliente? ¿O cuando recibes un correo electrónico?

El 70 por ciento de los trabajadores reconoce que responde a las llamadas, a los correos electrónicos y a los whatsapps fuera de su horario laboral. Muchos, de forma inmediata. En cuanto suena el móvil, contestan. Dejan de lado lo que estén haciendo -dejan de lado su vida- y contestan.

Nuestra casa se parece cada vez más a una oficina.

Según un estudio de Ramstad, dos de cada cinco trabajadores afirma sentirse presionado para responder a llamadas y emails fuera de la oficina e incluso en época de vacaciones.

¿Tenemos derecho a una desconexión digital?

Eso es lo que va a proponer el PSOE este lunes por la tarde en el Congreso, que podamos dejar de dedicar a la empresa parte de nuestro tiempo libre. Pero, lo que es más importante, que tengamos derecho a no estar pendientes 24 horas al día. Que tengamos derecho a cortar el cordón umbilical con nuestra empresa.

Los sindicatos recuerdan que ni el jefe ni los compañeros ni la propia empresa tienen derecho a exigirnos que estemos localizables al salir del trabajo. Cuando termina la jornada laboral, termina. Pero, ¿qué trabajador se arriesga a no responder?

Por eso hace falta una ley que cree un sistema para proteger al trabajador del tecnoestrés y que limite los abusos de algunas empresas al respecto. En Francia la nueva ley laboral que entró en vigor el uno de enero regula un marco para desconectar digitalmente. Pero es marco amplio, que deja en manos de las empresas pactar con los trabajadores cómo ejercer esa desconexión. Si no se ponen de acuerdo, la normativa la dictará la empresa. Una regulación, a todas luces insuficiente.

¿Qué hacemos entonces?

Está claro que la tecnología permite flexibilidad laboral. Pero, de momento, va ganando la batalla la parte negativa de la ecuación: seguimos nuestras ocho, nueve o diez horas en la oficina -calentando la silla hasta que se vaya el jefe-, y después nos mantenemos conectados. ¿Nos pasará factura?

 

 

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