25 S: "No creemos en la magia, sino en la colaboración ciudadana”

Cecilia Marín

“¡El próximo parado, que sea un diputado!”, “¡Que no, que no, que no tenemos miedo!”, “¡De norte a sur, de este a oeste, la lucha sigue cueste lo que cueste!”. Eran algunas de las insignias que se escuchaban a primera hora de la mañana en Atocha frente a un gran despliegue policial con motivo de la convocatoria 'Ocupa el Congreso'.

Pasadas las doce de la mañana el movimiento 25 S comenzó a crecer con la llegada de personas desde diferentes puntos de España. Y del extranjero. Paco, de 38 años, venía de Francia. “Merece la pena, aunque sea para hacer ruido, que seamos el doble que en el 15-M y que crezca la bola de nieve”, dice. Parado desde hace más de un año, vive en el país galo por el trabajo de su mujer. Tiene hipoteca y dos hijas de 4 y 2 años a las que mantener, así que sabe de lo que habla. “Hace 40 años nuestros padres y abuelos hicieron mucho por nuestro país y ahora nos toca a nosotros. La situación es ya insostenible”, narra con impotencia.

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Como él, miles de personas se han concentrado en Plaza de España y Atocha con el fin último de pedir la dimisión del Gobierno y la apertura de un nuevo proceso constituyente. ¿Lo conseguirán? “Hoy no, pero no es ninguna quimera”, afirma fehacientemente esta funcionaria del Estado de 58 años. “Ahora es un granito de arena y mañana será una montaña. La ciudadanía no puede más. ¿Nos recortan en derechos y nosotros no nos podemos manifestar? ¡Que dimitan ya!”.

De todas las edades, clases sociales e ¿ideologías? Por el momento, se ha tachado al movimiento de ultraizquierda y también de ultraderecha. ‘Ocupa el Congreso’ surgió de una iniciativa ciudadana que hasta el día de hoy ha contado con la adhesión de parte del 15-M, la Plataforma Democracia Real Ya y varios partidos políticos, como Izquierda Unida y Equo. Así pues, estaríamos ante un movimiento que a día de hoy cuenta con una ideología definida. Fernando, sin embargo, no está del todo de acuerdo: “No soy apolítico, pero sí apartidista. La izquierda es igual que la derecha”. Este trabajador de mantenimiento de 31 años se ha enfundado su careta y su sudadera de Anonymous para ayudar a un cambio en la ley electoral y en la Constitución. “Tenemos que avanzar hacia la Constitución 4.0. No sé si se conseguirá ahora, pero seguro que los que tengan de 35 años para abajo ven el cambio”.

Podría ser el caso de Carlos Guillén. Es de Sevilla, tiene 19 años y estudia 2º de Psicología, y aunque asegura que su situación actual no es nada precaria –sus padres son funcionarios-, ha venido hasta Madrid por conciencia social. “Los recortes, la falta de representatividad, la no existencia de refenrendums vinculantes, la criminalización de la protesta social"… y una larga lista de motivos por lo que incluso rompería la protesta pacífica. “Si la gente toma iniciativa, me uniría a ello. Cuando no hay justicia social no queda más remedio”.

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La cosa se pone seria. Aunque el movimiento ha proclamado a bombo y platillo que su protesta es totalmente pacífica, y la inmensa mayoría de los manifestantes apelaba a la no violencia, también aseguraban que nunca se sabe en lo que puede desembocar si se produjeran cargas policiales. De eso sabe Óscar, exiliado argentino de 65 años. Lleva 36 años en España y advierte que “se están dando los mismos pasos que en la dictadura de Videla, donde hubo más de 30 muertos en 2002 en las manifestaciones”. ¿Tiene que haber sangre para cambiar la situación? “Necesario no es, pero es muy posible que la haya”, sentencia. Jubilado con pensión mínima, no sabe si las cosas cambiarán de rumbo, pero lo que sí tiene claro es que “el gran paso ha sido juntarnos, conocernos, organizarnos. No creemos en las cosas mágicas sino en la colaboración de la gente”.