Los test de antígenos llegan al Tíbet: los nómadas hacen fila en medio de la nada para poder continuar su travesía

La lucha de China por mantener la tasa de Covid 0 ha dado un paso más y ha llegado hasta la remota región del Tíbet. Allí, las autoridades han ubicado puestos de control en medio de la nada para realizar tests de antígenos y evitar así la expansión del virus.

Así se puede ver en los vídeos publicados en las redes sociales donde aparecen largas filas de ciudadanos en las montañas frente al personal sanitario para someterse al cribaje. Evidentemente, la dificultad logística ha sorprendido a propios y extraños debido a la orografía del terreno.

Además de esto, algunas imágenes muestran también la instalación de centros de cuarentena, a base de tiendas de campaña, para retener los casos positivos que se detecten allí. Se trata de estructuras con aislante térmico y con una capacidad para cuatro personas.

Pero los tibetanos parecen tenerlo asumido y se someten a las pruebas con naturalidad. La realización de tests masivos en esta zona de China parte de las infecciones notificadas en los últimos días. A principios de agosto, se confirmó el caso de un paciente local y hasta 21 casos asintomáticos más.

Estos controles también se están llevando a cabo en las dos ciudades más grandes de la región, Lhasa y Shigatse, donde además las autoridades locales suspendieron eventos y ordenaron el cierre temporal de lugares de entretenimiento, religiosos y turísticos, como el Palacio de Potala.

Hasta este mes de agosto, el Tíbet había notificado un solo caso sintomático desde que comenzó la pandemia hace más de dos años pero estos últimos positivos lo han cambiado todo. A pesar de ello, los residentes no temen por un confinamiento que les lleve a permanecer encerrados durante meses, tal y como ha ocurrido en el resto del país.

Tanto en la ciudad de Lhasa como de Shigatse, puerta de entrada a la región del Everest, se han reactivado las pruebas masivas e, incluso, en Shigatse se ordenó un periodo de cuarentena de varios días.

Se trata de una situación que puede afectar gravemente a la economía de la zona, ya que esta se nutre principalmente del turismo. Tanto es así que en 2019, el Tíbet alcanzó una cifra récord de visitantes que superó los 39,5 millones.