El sinsentido de viajar por el mundo para jugar en estadios vacíos

Luis Tejo
·7 min de lectura
Vista general de una pista de tenis sin público en las gradas mientras un tenista saca.
Partido del torneo de Buenos Aires, a primeros de marzo, en una pista vacía. Foto: Marcelo Endelli/Getty Images.

Ayer mismo, día 22, comenzó el Abierto de Miami, torneo de tenis de categoría Masters 1000 masculina, WTA 1000 femenina, que se disputa en las pistas de esta ciudad en el estado norteamericano de Florida. En lo que va de mes ya se han disputado campeonatos en Dubái (Emiratos), Acapulco (México), Róterdam (Países Bajos), Buenos Aires (Argentina), Doha (Catar), Marsella (Francia) y Santiago de Chile. Durante 2021 el circuito también ha visitado Australia, Singapur y Turquía, además de otras competiciones en tierras francesas, argentinas y estadounidenses. Y eso quedándonos solo con la ATP; si incorporamos los destinos que han acogido competiciones exclusivas de mujeres, la lista se hace interminable.

Sedes muy diferentes y alejadas entre sí, campeonatos de distinto nivel, prestigio y premios, superficies muy variadas, pero en todos los casos hay un elemento común. Las gradas siempre estaban igual de vacías, o con enormes restricciones de aforo en el mejor de los casos (el torneo mexicano, por ejemplo, autorizaba un máximo del 30 % de la capacidad en los asientos). La pandemia del coronavirus que aún no nos hemos conseguido quitar de encima (confiemos en que la vacunación pronto sea masiva y dé los resultados esperados) desaconseja las reuniones multitudinarias en las que el virus se transmitiría con facilidad, por lo que el público no puede acceder a las tribunas a ver a sus ídolos.

Los mismos motivos de seguridad fuerzan a los profesionales de la raqueta a permanecer confinados en sus hoteles, guardando la cuarentena preceptiva. Nada de salir, nada de mezclarse con la población local, nada de hacer algo de turismo. ¿Merece la pena continuar jugando en semejantes circunstancias? Hay bastantes tenistas que empiezan a pensar que no.

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Una de esas voces es la de Benoît Paire. El francés de 31 años, actual 33º del mundo (en su momento llegó al puesto 18), lo ha dejado claro en una publicación en su cuenta de Instagram. "El circuito ATP se ha convertido en algo triste, aburrido y ridículo. Jugar en estadios a puerta cerrada, sin ningún ambiente... no es eso por lo que juego al tenis. Tener que permanecer en el hotel o en el club, con prohibición de salir bajo pena de exclusión o de multa... ¿dónde está el placer de viajar? Para mí, el tenis se ha vuelto una profesión sin sabor".

Paire, curiosamente, dice este tipo de cosas poco después de protagonizar un episodio muy polémico en el torneo de Buenos Aires, en el que, pese a estar entre los favoritos, se marchó al caer en segunda ronda con una actitud lamentable. No es el suyo, sin embargo, el único comportamiento impropio de profesionales que hemos visto en las pistas en los últimos tiempos. Baste recordar las amenazas de muerte de Damir Džumhur al juez de silla o el intento de pelotazo de Coco Gauff contra el cuerpo de su rival.

No parecen estar muy cómodos ahora mismo los tenistas en la competición. Por si no había quedado claro, algunas opiniones se suman a la de Paire, según los testimonios que recoge The Guardian. Valga el ejemplo del también francés Gilles Simon, quien ha decidido dejar temporalmente el circuito alegando que no le dan ganas de "viajar y jugar en estas condiciones" y que debe hacer una pausa "para conservar la salud mental, esperando que la moral vuelva lo antes posible". Jo-Wilfried Tsonga, recién regresado de una lesión, también dijo que no hay "ni motivación ni diversión" para jugar ahora mismo.

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Qué mejor motivación que el dinero que reciben por competir en los torneos, pensarán muchos. Tampoco parece suficiente, en vista del panorama actual. Las cuentas no cuadran, porque los ingresos se han reducido debido a la epidemia y sin embargo los gastos fijos se mantienen. Así, se dan paradojas como la que explicó el propio Paire en L'Équipe hablando de su derrota en la primera ronda del torneo de Acapulco: "Mucho mejor. Podré salir bastante rápido de la burbuja y aprovechar para estar unos días antes en Miami. Espero poder ir a la playa y a la piscina. El tenis no es mi prioridad por ahora. Lo único en lo que pienso es en salir de la burbuja. Ese es el único objetivo que tengo en cada torneo. No estoy nada feliz en la cancha".

“Llego, juego, cojo la pasta y me voy para el próximo torneo: hago mi trabajo. Lo sorprendente de la gira actual es que hay muchas ventajas si pierdes. Si ganas un ATP 250, no te embolsas más de 30.000 euros. Yo, perdiendo en primera ronda, gano 10.000. ¿Por qué luchar como un loco para ganar un poco más?”, añadió sin tapujos. En términos parecidos se expresó el canadiense Denis Shavopalov: "Tenemos compromisos con patrocinadores, contratos que nos obligan a jugar. Estoy seguro de que esa es la única razón de que muchos tenistas siguen compitiendo. Si no, habría bastantes que se quedarían en casa".

El mismo torneo de Florida es una muestra clara de cómo están las cosas. Federer se cayó del cartel, y poco después siguieron sus pasos Nadal y Djokovic. Serena Williams tampoco está, alegando la recuperación de una intervención quirúrgica. Todos tienen su excusa, pero en otra época habrían hecho lo imposible para no perderse todo un Masters 1000. Este año nadie tiene demasiadas ganas, entre la apatía generalizada por el virus, el hecho de que los premios económicos hayan bajado sensiblemente (los ganadores tanto en categoría masculina como en femenina pasarán de llevarse unos 850.000 euros a cerca de 250.000) y factores muy criticados como el ranking protegido, que hace que jugadores que permanezcan mucho tiempo sin jugar por lesiones no se vean penalizados en la clasificación mundial (pero con la contrapartida de que los que sí siguen compitiendo tienen más difícil escalar posiciones, así que carecen de grandes motivaciones para jugar).

Vista general de la pista de tenis de Acapulco casi vacía de público durante un partido.
Así de vacía estaba la pista de Acapulco durante el partido entre Sebastian Korda Felix Auger-Aliassime. Foto: Alfredo Estrella/AFP via Getty Images.

De todo esto puede deducirse que, en las condiciones actuales, no tiene sentido alguno poner a los tenistas a viajar por el mundo. Ni a ellos les apetece, ni dan un espectáculo en condiciones, ni los espectadores de las ubicaciones que visitan los pueden disfrutar. Más bien al contrario: al moverse continuamente de un sitio a otro, se convierten en focos de riesgo de transmisión de los patógenos entre lugares donde la enfermedad está más descontrolada y otros en los que la situación es algo más positiva. Los confinamientos forzosos que tuvieron que vivir algunos competidores de cara al Open de Australia, con casos particularmente desagradables como el de Paula Badosa e incluso amagos de motines colectivos contra las restricciones de la cuarentena, demuestran que tanto desplazamiento no es la mejor idea ahora mismo.

El problema es que no hay plan B. Porque se planteó crear una gran burbuja al estilo de la NBA en alguna sede (no se especificó cuál) y que todos los partidos de la temporada se acumularan allí. Algunos jugadores como Djokovic (quizás el menos indicado para hablar) se mostraron a favor. Y desde el punto de vista puramente deportivo a lo mejor sí es una buena solución, pero tiene varios problemas, como elegir dónde y cuándo se haría, convencer a los tenistas (que, al contrario de los jugadores de baloncesto, no dependen de ningún equipo, sino que eligen por libre en qué torneo participar y en cuáles no) para pasar no se sabe cuánto tiempo lejos de casa... y sobre todo, asumir el coste. La del Open de Australia ya supuso un gasto de unos 100 millones de dólares australianos (casi 65 millones de euros). Algo a más largo plazo sería difícil de mantener.

¿Otras alternativas? A nadie se le ha ocurrido. Salvo, claro, dejar definitivamente de jugar hasta que el mundo entero se normalice, algo para lo que, por supuesto no tenemos fechas. Todos los aficionados del mundo, más o menos, coinciden en que no sería lo más deseable. Pero lo que se está haciendo ahora mismo, forzar a los tenistas a moverse de lado a lado del planeta para competir en pabellones sin gente y no salir de la pista mas que para volver al hotel, tampoco funciona. Si se te ocurre alguna solución, en la ATP y en la WTA estarán encantados de escucharte.

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