“Tenemos poco o ningún control sobre nuestros gustos personales”: el ADN decide según investigador

La comida que elegimos tiene que ver con nuestra carga genética (Foto Getty Creative)

Si pensabas que tus gustos e inclinaciones dependen del control que tienes sobre tus elecciones, te puedo adelantar que hay investigaciones que aseguran que eres resultado de otra cosa muy distinta a cualquier empeño que te hayas propuesto hacer para moldear tus gustos o elecciones.

Te gusta lo que gusta debido a “fuerzas biológicas ocultas”, según el científico Bill Sullivan, profesor de farmacología y microbiología en la Facultad de Medicina de la Universidad de Indiana, Estados Unidos, quien se propuso conocer las razones de por qué nos gustan o no ciertos alimentos, bebidas, parejas románticas y hasta políticos.

“Nos enseñan que podemos ser lo que queramos ser, hacer lo que queramos hacer. Intuitivamente, parece que elegimos los alimentos que nos gustan, a quién damos nuestro corazón o qué botones presionamos en la cabina de votación”, explica Sullivan. Pero, asegura, realmente “somos robots de carne bajo la influencia de fuerzas invisibles”.

De acuerdo con este investigador, “tenemos poco o ningún control sobre nuestros gustos personales”. Asevera, después de varios estudios, que el comportamiento y las preferencias humanas están muy ligados al ADN, a la herencia genética que portamos que está fuera de cualquier control que queramos tener. Nadie la elige, viene en el paquete original todo incluido.

También influyen en nuestros gustos, según Sullivan en un artículo que escribió para la revista National Geographic, los factores del entorno que afectan a los genes y los innumerables microbios que habitan dentro del cuerpo humano.

Desde niños nos tratan de moldear los gustos, pero el componente genético es mucho más fuerte. Nuestras amistades pasan por ese punto también. (Foto Getty Creative)

Las causas del rechazo al brócoli

Sullivan comenzó a estudiar estos temas por una razón personal. No le gusta el brócoli. Después de intentarlo muchas veces, acudió a la ciencia para desentrañar ese misterio.

Supo que muchas personas, como él, odian el brócoli porque tienen una variación en los genes que construyen los receptores de las papilas gustativas, que reconocen químicos amargos, como las tioureas que abundan en esa planta, y por eso les resulta repulsiva.

Sullivan explica que “el ADN puede ser modificado por factores ambientales de maneras que pueden afectar profundamente el desarrollo y el comportamiento”.

También, dice, los microbios en nuestro cuerpo, conocidos como microbiomas, “pueden ser un factor ambiental significativo que afecta a innumerables comportamientos desde comer en exceso hasta la depresión”.

Asegura que “somos nuestros genes, pero nuestros genes no pueden evaluarse fuera del contexto de nuestro entorno”.

“La verdad es que cada comportamiento humano, desde la adicción a la atracción a la ansiedad, está atado a un ancla genética”, afirma Sullivan.

Aunque, por suerte, también apunta que el ADN ha creado a los seres humanos un cerebro tan magnífico que ha descubierto su propio juego. La edición genética podría ser una forma de “derrocar” la tiranía de la genética.

“Conocer la base molecular de nuestros comportamientos adversos debería ponernos en una mejor posición para frenarlos o remediarlos; aceptar que otras personas tienen pocas opciones sobre cómo surgieron debería generar más empatía y compasión. Tal vez, con la confianza de que estamos no en control total, podemos resistir la tentación de culpar o alabar y buscar el entendimiento en su lugar”, concluye.