Temor y aceptación se mezclan en la cuna de la revolución de Túnez

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Para muchas personas en Sidi Bouzid, cuna de la revolución de 2011 en Túnez que desencadenó la Primavera Árabe, la concentración de poderes del presidente Kais Saied fue un mal necesario.

Pero también existen temores en la ciudad de que el cierre del Parlamento, la destitución del primer ministro y la toma de plenos poderes por parte de Saied, ocurridos en julio, puedan llevar a Túnez a convertirse en una dictadura.

Fue en esta ciudad del centro del país donde, el 17 de diciembre de 2010, el vendedor ambulante Mohamed Bouazizi se prendió fuego, hastiado del hostigamiento policial.

Su suicidio desató un levantamiento sin precedentes que dejó 300 muertos y depuso al dictador Zine El Abidine Ben Ali.

Pero más de una década después, la esperanza de un futuro mejor se disipó y dio lugar a la rabia y la decepción frente a los políticos del país norteafricano y su incapacidad de mejorar las condiciones de vida de la población.

Los cantos de "dignidad" y "trabajo" que resonaban durante la revolución, han vuelto a escucharse en manifestaciones recientes.

Ahmed Ouni, un desempleado de 36 años, no está contento con su situación.

"¡Estos últimos 11 años han sido peores que los 23 años bajo Ben Ali! El Parlamento y el gobierno nos dejaron en la pobreza, así que mejor que se vayan", declaró Ouni a la AFP.

"Como los tunecinos escogieron a Saied, él tiene respaldo para gobernar el país y hacer lo que debe hacerse. Confiamos en él", agregó.

Las infraestructuras de Sidi Bouzid ha mejorado y han abierto más negocios, pero algunas personas se sienten marginadas y esperan que Saied mejore sus vidas.

- Plenos poderes -

Saied, un profesor retirado y especialista en derecho constitucional, fue electo presidente en 2019.

El 25 de julio, el presidente invocó la Constitución para otorgarse plenos poderes, luego de suspender el Parlamento por 30 días.

El 23 de agosto anunció que esas dos medidas continuarían de forma indefinida.

"Es una cirugía necesaria para parar la hemorragia", comentó Abdelhalim Hamdi, trabajador de la construcción de 47 años y coordinador de movimientos de protesta en Sidi Bouzid.

"Los políticos en el poder han robado nuestros sueños y ambiciones", declaró.

Por ello, respalda abolir la Constitución, "hecha para servir intereses estrechos".

Para muchos tunecinos, era inevitable suspender la Constitución, cuya adopción en 2014 fue celebrada por la comunidad internacional.

"Es un mal necesario para salvar el país, incluso si conduce a un régimen autoritario", sostuvo Sami Abdeli, de 38 años, en una plaza en el centro de Sidi Bouzid, cerca de la escultura del puesto de verduras de Mohamed Bouazizi con la palabra "libertad".

Los vecinos de la localidad entablan fácilmente conversaciones sobre política, pero algunos parecen reticentes a comentar las acciones de Saied.

"Constatamos que volvió la autocensura", según Mounira Bouazizi, bloguera y coordinadora local del Observatorio Internacional de Prensa y Derechos Humanos.

- Purga anticorrupción -

"La gente ya no quiere expresarse libremente y decir lo que realmente piensa", indicó, tras señalar que los seguidores de Saied en redes sociales "usan un lenguaje violento y no aceptan críticas al presidente".

Yossra Abdouni, una estudiante de ingeniería de 25 años, se muestra prudente.

"La idea de que una persona tenga todos los poderes ejecutivos me asusta", admitió. Saied "ha sido vago sobre sus intenciones, no ha presentado un programa".

"Incluso si la situación económica y social se agrava y la clase política está fragmentada, al menos tenemos libertad y democracia", agregó.

La prolongación del cierre del Parlamento fue condenado como un golpe por Ennahdha, el partido islamista mayoritario en el legislativo.

Desde entonces, legisladores, jueces y empresarios han enfrentado prohibiciones de viaje y arrestos domiciliarios como parte de una purga anticorrupción que suscitó temores de un retroceso en las libertades.

"Saied avanza hacia un régimen individualista y dictatorial. Solo escucha su propia voz", afirmó Rabeh Zaafouri, jefe de la sede de la Liga Tunecina de los Derechos Humanos en Sidi Bouzid.

"Hasta ahora solo ha tomado decisiones populistas y caóticas que amenazan al proceso democrático y son un obstáculo a la vida política", comentó Zaafouri.

Los tunecinos "nunca permitirán una vuelta" a las condiciones de antes de la revolución de 2011, concluyó.

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