Techos con encanto: el palacio renacentista de los Pinelo en Sevilla

Antonio Gámiz Gordo, Doctor Arquitecto, Profesor Titular, Universidad de Sevilla y Pedro Barrero Ortega, Doctor Arquitecto, Profesor Asociado, Universidad de Sevilla
·5 min de lectura
<span class="caption">Detalle de techo del palacio de los Pinelo con decoración renacentista pintada.</span> <span class="attribution"><span class="license">Author provided</span></span>
Detalle de techo del palacio de los Pinelo con decoración renacentista pintada. Author provided

La palabra techumbre alude a la parte superior de una estancia que nos cubre o protege y que tiene cierta altura o complejidad. A lo largo de la historia, las techumbres han marcado la identidad de la arquitectura con soluciones muy diversas. Son bastante conocidos bellos ejemplos en la arquitectura hispanomusulmana, mudéjar y renacentista, como la Alhambra de Granada, el Real Alcázar de Sevilla, la Aljafería de Zaragoza u otros muchos. En ellos se conservan alfarjes (techos horizontales) y artesonados (con artesones o forma de artesa) con imaginativas formas y una cuidadosa decoración.

Un caso apenas estudiado hasta ahora son las techumbres del palacio renacentista de los Pinelo en Sevilla, cuya conservación y restauración hemos analizado en un reciente artículo.

Los Pinelo, Colón y la Casa de la Contratación

De procedencia genovesa, la familia de los Pinelo financiaría grandes empresas de la Corona. Estableció fuertes lazos con la aristocracia sevillana y con Cristobal Colón, amigo personal y paisano de Génova. Francisco Pinelo intervino como tesorero del segundo viaje colombino, e impulsó el primer reglamento de la Casa de la Contratación de las Indias, de la que fue dirigente (“primer factor”), según Real Provisión firmada por los Reyes Católicos en 1503.

Un palacio transformado

El palacio de los Pinelo fue construido hacia el año 1500 cerca de la catedral hispalense, en un entramado urbano de origen medieval, en la calle Abades esquina con calle Segovias. Su distribución está compuesta mediante patios yuxtapuestos, con un esquema frecuente en la arquitectura de los palacios hispanos: un patio de acceso, otro principal, mas el jardín.

En otro reciente artículo hemos analizado la conversión del palacio en Pensión Don Marcos (1885-1964).

Tras su declaración como monumento histórico (1954) y su expropiación por el Ayuntamiento de Sevilla (1964) se acometieron profundas intervenciones y restauraciones, dirigidas por los arquitectos Jesús Gómez-Millán (1967-1971) y Rafael Manzano Martos (1969-1981). Desde entonces el palacio alberga las sedes de las Reales Academias de Buenas Letras y de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría en Sevilla.

Breve recorrido por sus techumbres

Para recorrer las distintas dependencias del palacio se ha seguido un valioso texto del año 1542 que lo describía con detalle. Sus datos han sido fundamentales para confirmar la datación de las distintas techumbres hoy conservadas, transformadas o perdidas.

Dicho texto comenzaba hablando de tradicionales techos con “ladrillo por tabla” –ahora restaurados– en el acceso al palacio, en dependencias del patio apeadero entonces llamadas “casapuerta”, “recibimientos” y “caballerizas”.

Pasando al patio principal, en la actual biblioteca de la Real Academia de Buenas Letras se conservan alfarjes con una delicada decoración renacentista pintada, al igual que tuvieron las galerías del patio.

En un pequeño pasillo que conduce al jardín también se conserva una delicada bóveda de artesones octogonales de yesería. Su trazado coincide con una lámina (LXXV vta.) del Libro IV de Sebastián Serlio, una publicación con notable influencia en aquel tiempo.

Un restaurador premiado

Muchas de las techumbres que hoy pueden disfrutarse en este palacio se deben a las mencionadas restauraciones del catedrático Rafael Manzano Martos, que fue distinguido con el premio Richard Driehaus 2010.

Bajo su dirección se añadieron nuevos fondos a las viejas vigas del actual salón de actos de la Real Academia de Buenas Letras. También fue sustituido el artesonado perdido de la escalera principal, a partir de fragmentos de otro, procedentes de anticuario.

En planta alta desaparecieron muchas techumbres. En el salón de actos de la actual Academia de Bellas Artes, fueron sustituidas por una bóveda con yeserías del siglo XVII, cuyos motivos reprodujo Manzano al restaurarlas. Junto a ella, en el estrado se conserva un original techo de casetones.

También se ha conservado el artesonado original de la capilla, a pesar de que la estancia fue usada como cuarto de baño en la Pensión Don Marcos. El alfarje de la antecapilla fue trasladado por Manzano desde otra dependencia del propio palacio.

El emblemático torreón-mirador en fachada fue el primero construido en Sevilla bajo la influencia de las villas del renacimiento italiano. Su armadura de madera ruinosa, sustentada por once arcos y columnas de mármol, fue desmontada y se colocó una nueva copiando la desaparecida.

El artesonado más singular

En la entreplanta, con acceso desde el rellano de la escalera principal, se conserva el más bello artesonado original del palacio. El texto de 1542 lo describía como un “saquiçami” con “deçendidas”, o sea, con sus elementos portantes ocultos y sus laterales inclinados. Está compuesto por lazos geométricos e incluye escudos heráldicos de la familia Pinelo.

A pesar de los avatares sufridos durante siglos, las techumbres de este importante palacio renacentista del sur de Europa siguen conservando hoy un especial “encanto” y constituyen un destacado símbolo de su identidad.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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