Teatro para combatir los trastornos de la imagen de la "generación selfie"

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San Sebastián, 5 jun (EFE).- La disociación entre la imagen real y la digital es un problema que afecta a muchos jóvenes y que tiene consecuencias en ocasiones muy graves. Unos se aíslan, otros encadenan retoques estéticos y otros además sufren desórdenes que acaban en depresión e incluso en suicidio.

Lo cuenta a EFE Verónica Vieites, una de las impulsoras de un proyecto denominado "Dis-like", con el que quieren llegar a los centros educativos para ayudar a prevenir los trastornos de la imagen derivados del mal uso de las redes sociales a través del teatro foro, de dramaturgias en las que los adolescentes deben implicarse y dejar de ser meros observadores.

Ya han enviado su propuesta a un millar de colegios de Madrid, con muy buena acogida, y tienen previsto realizar estrenos en sendas salas de San Sebastián y de la capital de España.

¿Por qué en estas dos ciudades? Porque en ellas viven los promotores de la iniciativa, una profesora -ella-, la actriz Irene Corbelle y el fotógrafo Sergio Lardiez, tres amigos que durante la pandemia decidieron fundar la asociación sin ánimo de lucro "Ojos de cambio".

La donostiarra es Verónica Vieites, que da clases en un centro de formación profesional y que alerta de que esa disociación es un problema "muy real" al que muchas personas no saben "ponerle nombre" ni cómo lo pueden afrontar.

"No queremos ser alarmistas, sólo queremos que la gente sepa de qué se trata y, quienes se sientan identificados, actúen en consecuencia. Ofrecemos a jóvenes, padres y educadores una herramienta didáctica para abordar la situación", señala.

Para obtener financiación, el pasado año presentaron el proyecto a la iniciativa de micromecenazgo META de la Diputación de Gipuzkoa, que se desarrolla a través de la plataforma de "crowdfunding cívico" Goteo. Lo acompañaron con un vídeo en el que Vieites juega con un filtro de realidad virtual sobre su rostro.

En la imagen se la reconoce perfectamente, aunque con un aspecto distinto. Ha cambiado el color de su pelo, sus pómulos están más marcados, sus ojos lucen más luminosos y su piel se muestra lisa y radiante.

Lo que es "muy divertido al principio", tiene a veces un efecto negativo, sobre todo entre quienes están empezando a formar su personalidad, adolescentes que dejan de salir porque su imagen es distinta a la que proyectan en las redes sociales, o a los que lograr pocos "likes" o no tener un cuerpo "hipersexualizado" afecta a su estado de ánimo.

"Bajan sus notas, baja su autoestima, sufren trastornos alimenticios, entran en un círculo depresivo", explica Vieites.

Dice que si hace unos años el modelo de la "delgadez extrema" empujaba a perder peso y causaba patologías como la bulimia y la anorexia, el canon actual de persona delgada, pero "cachas", con "culo, tetas y labios" exuberantes produce también graves alteraciones.

Lleva tanto a chicos como a chicas a recurrir a la "medicina estética", a hacerse un retoque tras otro sin intervención quirúrgica para intentar igualarse a la "versión mejorada" que han creado de sí mismos en las redes sociales.

"Van a inyectarse ácido hialurónico en los labios, a conseguir unos ojos rasgados o a hacerse una 'bichectomía", que consiste en quitarse la grasa que hay entre el pómulo y la mandíbula y que es irreversible. Son retoques que cuestan entre 200 y 300 euros, asumibles para economías medias, y que se anuncian en algunas redes como quien anuncia un chicle", destaca.

Advierte, no obstante, que ese paso por centros "médico-estéticos" para "refeminizarse o resmaculinizarse", en ocasiones acompañados por los propios padres, desorientados ante el problema, no es "el mal mayor". Lo son los trastornos que afectan a la conducta alimenticia y a la salud mental, que llevan a la depresión y a veces también al suicidio.

"Los jóvenes de la 'generación selfie' son los más expuestos a ese bombardeo de cánones de belleza. Tienen la idea de que su valor como personas está ligado a gustar en las redes. Encima los referentes de belleza que tienen están todos retocados. Ahora ser adolescente es un reto, tienes que ser guapo, parecerlo, publicarlo y que te lo validen con un like", señala Vieites.

El equipo de "Ojos de cambio" ha crecido y está a punto de terminar la dramaturgia. Espera que las restricciones contra la covid vayan mermando para llevar el próximo curso su propuesta de microteatro a las escuelas madrileñas en una "primera ronda".

"Para el año que viene y el siguiente nuestra idea es traducir la dramaturgia al euskera y encontrar actores formados en teatro foro para empezar a hacerla en los colegios de aquí", puntualiza Vieites, que precisa que acompañarán el teatro foro de formación didáctica para trabajar en clase.

La dramaturgia que preparan concluirá con "el peor de los desenlaces posibles" y se planteará a los estudiantes que busquen una solución alternativa. En la sala habrá mediadores que no les dejarán resolver la situación de manera rápida y les intentarán hacer ver "las consecuencias de esas posibles soluciones" que proponen.

"Se convertirán en espectactores y espectactrices, verán qué recursos pueden buscar. La escenificación les servirá de ensayo para la vida real", subraya Vieites.

Por Ana Burgueño

(c) Agencia EFE