Por qué hay tantas vacunas para el coronavirus y ninguna (todavía) para el VIH

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Una enfermera prepara una inyección de la vacuna del covid en Ogijares (Granada) el 30 de agosto de 2021. (Photo: Álex Cámara via NurPhoto via Getty Images)
Una enfermera prepara una inyección de la vacuna del covid en Ogijares (Granada) el 30 de agosto de 2021. (Photo: Álex Cámara via NurPhoto via Getty Images)

Hablar de pandemia no es sólo —o no debería ser— hablar de covid. “Hay otra pandemia que lleva más de 30 millones de muertos en los últimos 40 años”, recuerda Javier Sánchez.

El 5 de junio de 1981 se describieron las primeras manifestaciones de un cuadro clínico que luego pasaría a llamarse síndrome de inmunodeficiencia adquirida (sida). Cuatro décadas después, la ciencia y la medicina han avanzado enormemente, y esa epidemia no es la que era, pero la meta de la erradicación del VIH —el virus que provoca el sida— aún parece lejana.

Desde este año, este hito es un poco más alcanzable. Por primera vez en más de diez años, los ensayos de una vacuna frente al VIH han llegado a fase III, de eficacia en humanos, y España es uno de los países donde se llevan a cabo. Javier Sánchez forma parte de los 250 voluntarios del país que participan en el llamado estudio Mosaico, de la farmacéutica Janssen.

Para que la ciencia avance, hacen falta científicos y científicas, pero también implicación por parte de la sociedad civil

“Para que la ciencia avance, hacen falta científicos y científicas, pero también implicación por parte de la sociedad civil”, defiende Sánchez. Ese fue uno de los convencimientos que le llevó hace cuatro meses a ponerse en contacto con la clínica Sandoval de Madrid para ofrecerse como voluntario a probar el suero. Ya tiene puestas dos dosis de las seis que tienen que administrarle, aunque desconoce si forma parte del 50% de los voluntarios que reciben placebo en lugar de vacuna.

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Con el paso de los meses, reconoce Sánchez, le ha dado “un poco de heroicidad al tema”. “Nuestra generación, y especialmente las personas LGTBI, hemos vivido como un estigma brutal todo lo que tuviera que ver con el VIH”, cuenta.

Los requisitos para participar en el ensayo son tener entre 18 y 60 años, ser hombre o persona trans que tiene sexo con hombres o personas trans, ser VIH negativo y no usar PrEP, un tratamiento profiláctico para quienes no tienen VIH pero tienen mayor riesgo de contraerlo.

“Mira que si esta vacuna funciona, va a ser impresionante”

Como voluntario del estudio, Sánchez se acuerda de “toda esa gente que hemos ido perdiendo por el camino” por culpa del VIH, más de 36 millones de personas desde que comenzó ‘oficialmente’ la epidemia en 1981. Por ellas, sobre todo, es por lo que ha decidido implicarse en esta causa.

Además, reconoce el joven, siente “algo de vértigo”. “Digo: ‘Mira que si esta vacuna funciona, va a ser impresionante, algo histórico, y me encantaría formar parte de ello’”, afirma. Para Sánchez, en cualquier caso, “los héroes y heroínas son los científicos que en tiempos de covid han decidido seguir investigando esto”.

Los héroes y heroínas son los científicos que en tiempos de covid han decidido seguir investigando una vacuna para el VIH

Vicente Descalzo es uno de ellos. Es médico en la Unidad de ETS y VIH en el Hospital de Vall d’Hebron de Barcelona, uno de los centros que están desarrollando Mosaico en España, y habla todavía con cautela del estudio. “El seguimiento de los participantes es de dos años y medio, así que empezaríamos a tener datos en 2024”, explica.

Por qué es tan “difícil” la elaboración de una vacuna para el VIH

Descalzo señala que este ensayo es más complejo que los que se han realizado para la vacuna del covid porque la incidencia de coronavirus “es muy alta, y es fácil en un corto período de tiempo probar la eficacia”, mientras que para el caso del VIH, cuya incidencia es mucho menor, “hay que hacer un seguimiento más largo” a los voluntarios para calcular la eficacia de la potencial vacuna. Con datos de 2014, la incidencia de VIH en España era de 9 casos por 100.000 habitantes.

“Cuando lo comparan con el covid, la gente se sorprende mucho” al pensar que ya han pasado 40 años desde el inicio de la pandemia del sida y todavía no hay vacuna, comenta el médico. Sin embargo, los motivos son algo menos evidentes y algo más complejos de lo que a priori parece. El VIH es un virus muy diferente del covid, tiene muchísima más variabilidad genética”, explica Vicente Descalzo. Esto quiere decir que “muta mucho, y eso hace que pueda escapar a posibles mecanismos de inmunidad que podamos crear”, apunta.

El VIH es un virus muy diferente del covid, tiene muchísima más variabilidad genética

Por otro lado, prosigue el experto, “cuando una persona sana se infecta de covid, lo más probable es que pase la infección y se cure, mientras que en la infección por VIH no es así”. En el caso del VIH, la “curación” no es lo natural; “el virus se integra en alguna de las células de su cuerpo y hace que el organismo no pueda eliminarlo, con lo cual no contamos con ese modelo natural que podamos copiar para crear una vacuna”, abunda Descalzo. Y concluye: “Esto hace muy difícil la elaboración de una vacuna”.

“Si funciona, podríamos hablar de la erradicación del VIH”

La esperanza de Vicente Descalzo, y de tantos otros investigadores, activistas y población en general, está puesta en el estudio Mosaico, con el que se prueba una vacuna que trata de prevenir la infección de VIH. “En caso de que funcione, podríamos hablar de la erradicación del VIH”, celebra Juan Ramón Barrios, presidente de Omsida.

Como director de una organización que lleva 28 años dedicándose a la prevención y a la educación sobre el VIH, Barrios hace hincapié en la relevancia del estudio Mosaico como “una forma de poder acabar con el VIH”, que cada año infecta a 1,5 millones de personas en el mundo, unas 3.300 en España.

La enfermedad en sí, el sida, ya no se desarrolla en la mayoría de las personas con VIH una vez que acceden a diagnóstico y tratamiento antirretroviral. El problema es que los países en desarrollo tienen acceso limitado a este fármaco, y que una de cada cuatro personas infectadas en todo el mundo no sabe que vive con el virus. “Lo peor del VIH es no saber que se tiene”, reconoce Juan Ramón Barrios. Pero hay otro lastre que arrastran esas personas, que se llama estigma, y muchas veces tiene que ver con la desinformación.

Los prejuicios y el estigma “siguen pesando”

“El estigma viene desde el comienzo de la enfermedad, por la identificación con el colectivo homosexual, con el sexo y las drogas, por la falta de información y por la mortalidad de entonces”, explica Barrios. “Esas etiquetas siguen pesando”, lamenta, y mucha gente ni siquiera sabe cómo se transmite el virus o qué supone a día de hoy ser positivo.

Vicente Descalzo no se cansa de repetir que “indetectable es igual a intransmisible”. Esto es, “las personas que toman tratamiento consiguen una ‘carga viral indetectable’”, aclara, y esto hace “que la infección no evolucione” y que “la persona ya no pueda transmitir el virus”. “Este mensaje tiene que llegar a la población general”, pide Descalzo.

Indetectable es igual a intransmisible. Este mensaje tiene que llegar a la población general

Precisamente, el primer pilar para lograr la erradicación del virus es “tratar a las personas con VIH para que sean indetectables y no lo puedan transmitir”, asegura el médico. El segundo es que las personas en riesgo puedan tomar profilaxis (PrEP); y el tercero es “la vacuna”, afirma con rotundidad Vicente Descalzo.

Mosaico, en busca del “hito” de lograr una vacuna para el VIH

“Sería un hito llegar a la vacuna para el VIH”, enfatiza el médico, consciente de que mucha gente se ha animado a participar en el estudio Mosaico al saber “que podían poner su granito de arena en esto”. “También hay muchas personas de la comunidad LGTBI, sobre todo jóvenes que no han vivido los años duros del sida, pero que tienen muy clara cuál ha sido la historia, y de ahí su compromiso”, dice.

Tanto es así que el cupo de los 250 participantes españoles ya está cerrado y hay lista de espera, cuenta Javier Sánchez, uno de los voluntarios. Él cree que la pandemia de covid ha tenido algo que ver en esto. “Nos ha demostrado la importancia de la ciencia y de quienes hacen la ciencia”, sostiene Sánchez. “Y nos ha permitido entender que para que las vacunas funcionen, antes tienen que ser probadas, y que habrá vacunas que tengan una eficacia muy alta y otras algo más baja”, añade.

Me imagino que si este estudio hubiera sido antes del covid, habría abierto algún informativo

La parte negativa, en su opinión, es que la información sobre las vacunas del covid ha ocupado tanto espacio que “no se ha dado tanta relevancia al ensayo Mosaico”. “Me imagino que si esto hubiera sido antes del covid, habría abierto algún informativo”, dice. Aunque Sánchez sabe que este estudio es sólo “el inicio”, fantasea pensando en que pueda ser “el definitivo”.

En la carrera por la vacuna del VIH ha habido avances y también “jarros de agua fría”, pero Vicente Descalzo está convencido de que la única opción es “seguir buscando”. Javier Sánchez no puede estar más de acuerdo. Bien valen su “dolor en el brazo” y sus “decimillas de fiebre” tras el pinchazo si el fin es poder acabar con una pandemia.

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Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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