El taller donde los fundamentalistas hindúes construyen un hipotético templo

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Uno de los pilares construidos para el templo en honor a Ram en la ciudad india de Ayodhya, en un terreno disputado entre hindúes y musulmanes, el pasado 1 de noviembre de 2019. Pequeños grupos de visitantes circulan, empequeñecidos, entre pilas de columnas y frisos de piedra que se extienden por un taller a cielo abierto en la ciudad india de Ayodhya, donde desde hace décadas hindúes y musulmanes se disputan un terreno sagrado. EFE/David Asta Alares

Ayodhya (India), 8 nov (EFE).- Pequeños grupos de visitantes circulan entre pilas de columnas y frisos de piedra que se extienden por un taller a cielo abierto en la ciudad india de Ayodhya, donde fundamentalistas hindúes moldean el armazón de un templo que esperan construir en un terreno sagrado en disputa con los musulmanes.

El país asiático se encuentra a la espera de que el Tribunal Supremo zanje de una vez por todas una espinosa cuestión: ¿A quién pertenece el terreno? ¿A los musulmanes que rezaron durante siglos en una mezquita del siglo XVI o a los hindúes que creen que allí, exactamente allí, nació el dios Ram?

La respuesta se espera antes de dos semanas y puede poner en riesgo la armonía religiosa de la India: la mezquita de Babri fue arrasada en 1992 por fanáticos hinduistas, desatando choques entre hindúes y musulmanes en los que murieron 2.000 personas.

UN TEMPLO SIN TERRENO

Pero en esta ciudad del estado norteño de Uttar Pradesh, el fundamentalismo hindú no se ha quedado de brazos cruzados: las piedras están listas para la construcción de un templo en honor del rey-dios, que según la mitología gobernó la ciudad.

"La fe de la gente está ligada al dios Ram, y sin duda creen que nació aquí. Vienen a Ayodhya con esos sentimientos, con esas creencias", explica a Efe el portavoz de la organización conservadora Vishwa Hindu Parishad (VHP) que gestiona el taller, Sharad Sharma.

El VHP es uno de los litigantes hindúes del caso en el Tribunal Supremo, junto con un monasterio de ascéticos y el propio dios Ram, ya que la ley india permite que un dios sea reconocido como "persona jurídica".

A ellos se oponen principalmente organizaciones musulmanas que administraban Babri hasta que fue destruida.

"Hemos estado esperando la decisión judicial durante los últimos 70 años", dice Sharma, a la sombra de una pila de tres o cuatro metros de altura de frisos tallados en arenisca rosa.

La ciudad está tomada por las fuerzas de seguridad desde que el Supremo concluyó la audiencia del caso a mediados del pasado octubre, aunque en el taller reina la calma y solo se ve un par de policías.

Sharma explica que la talla comenzó en los años 90 -más o menos al mismo tiempo que la destrucción de la mezquita de Babri- y aunque el local llegó a acoger a 80 artesanos, en la actualidad hay "tres o cuatro".

"No sabemos cuándo van a reconstruir el templo, pero estamos a favor", cuenta a Efe Chetan Shamsunder Pal, un turista que junto a su mujer y dos hijos ha recorrido 1.500 kilómetros desde Bombay para visitar algunos de los lugares más sagrados para el hinduismo.

En el itinerario figuran Varanasi y Mathura. Ayodhya, cuyos edificios agrietados por los siglos dejan intuir un pasado glorioso, no podía faltar en el circuito.

"Claro, Ayodhya es donde se encuentra el principal lugar de culto de nuestro dios Ram, que vivió y nació aquí. Por eso hemos venido", explica.

LA MINORÍA MUSULMANA, ATEMORIZADA

Pero los fundamentalistas hindúes son solo una parte en una disputa legal que llegó a los tribunales en los años cincuenta, después de que un grupo de hindúes colocase ídolos de Ram en el interior de la mezquita y las autoridades la cerrasen al público.

Los musulmanes, que representan el 14,2 % de la población frente al 79,8 % de indios que profesan el hinduismo, también han luchado ante la justicia durante décadas para recuperar la propiedad del terreno.

"¿Qué pasaría si los musulmanes empezasen a reunir materiales para construir una mezquita?", se pregunta el periodista y escritor Dhirendra K. Jha, autor de varios libros sobre las organizaciones conservadoras hindúes.

El máximo órgano judicial de la India podría inclinarse a favor de cualquiera de las partes, al fin y al cabo, aunque los litigantes musulmanes de Ayodhya contactados por Efe han decidido mantener un perfil bajo y repetir que aceptarán cualquier decisión del Supremo.

"Es miedo, especialmente ahora que ven cómo está funcionando el Gobierno (...) En el peor de los casos obtienen justicia y sufren las consecuencias", lamenta Jha.

FUNDAMENTALISMO HINDÚ

Y es que el primer ministro indio, Narendra Modi, ha sido acusado de inacción ante los linchamientos a musulmanes acusados de transportar y poseer carne de vaca que han ido en aumento en los últimos años.

El Bharatiya Janata Party (BJP), de Modi, bebe de la misma fuente que el VHP, la organización Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS), conocida por su hinduismo radical, y estuvo implicado en los sucesos que llevaron a la destrucción de la mezquita de Babri en 1992.

El líder del BJP de aquel entonces, L.K. Advani, y otros miembros están implicados en un caso ante el Supremo por lanzar supuestamente discursos incendiarios desde una plataforma cerca del lugar de culto justo antes de ser derribada.

Aún hoy, el taller de Ayodhya guarda un recuerdo de aquella época turbulenta: las decenas de ladrillos marcados con el nombre de Ram que el VHP recibió de toda la India y el extranjero destinados a la construcción del templo se apilan junto a los pilares de piedra.

Al caer la noche cerca del taller, decenas de personas contemplan fascinadas una de las pantallas gigantes instaladas en varias partes de la ciudad: un Ram de carne y hueso abraza a su mujer Sita en una escena de la serie épica de los ochenta "Ramayana".

"Todo Ayodhya celebra tu vuelta", susurra Sita, después de que el rey-dios haya derrotado al demonio Ravana que la había secuestrado en Sri Lanka, frente a los espectadores sentados sobre el suelo.

David Asta Alares