En Túnez, los islamistas de Ennahdha están en el centro de todas las críticas

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Bajo el sol abrasador de la ciudad de Túnez, Radi al Chawich comparte un cigarrillo con algunos clientes. Todo está tranquilo hasta que el propietario del café reconoce apoyar al partido islamista Ennahdha, origen del descontento de muchos tunecinos.

Los contertulios habituales estallan. Cinco contra uno, todos se alinean contra el sexagenario. "¡Lo que dices no tiene sentido!", dicen.

La escena refleja lo que ocurre en este pequeño país norteafricano tras el golpe sobre la mesa dado por el presidente Kais Saied. Después de meses de conflicto abierto con Ennahdha, principal fuerza parlamentaria, el jefe de Estado se atribuyó el poder ejecutivo y suspendió el Parlamento durante un mes.

Miembro de todas las coaliciones de gobierno desde la revolución de 2011, Ennahdha denuncia un "golpe de Estado". Pero después de diez años asumiendo cotas de poder, la formación topa con una hostilidad creciente de la población.

"Corruptos", "hipócritas", "mentirosos": en la Medina de Túnez, el casco antiguo de la capital, la inmensa mayoría de habitantes abordados por la AFP identifican este partido como el principal responsable de los problemas del país, enfrentado a una triple crisis política, social y sanitaria.

El ambiente entristece a Al Chawich. Con las acciones del presidente, "hemos vuelto a los tiempos de la dictadura", asegura.

Ennahdha es "un partido reconocido, (...) fue segunda fuerza en 2014 y primera en 2019". Si existe disconformidad, "son las urnas quienes deben decidir".

Ante el riesgo de escalada, este hombre bigotudo reconoce sentir "miedo por el país". "No quiero que se hunda en el caos", afirma.

A la comunidad internacional le preocupa un eventual retorno al autoritarismo, incluso a la violencia, del país que fue cuna de las primavera árabes, pero por el momento en Túnez impera la calma.

Después de congregar a cientos de militantes ante el Parlamento el lunes, Ennahdha juega la carta del apaciguamiento. La formación reclama un "diálogo nacional" y propone nuevas elecciones legislativas y presidenciales para remediar la situación.

- Electores desencantados -

El politólogo Selim Kharrat opina que es una actitud pragmática. La manifestación del lunes mostró "el fracaso de Ennahdha para movilizar su base" y "un equilibrio de fuerzas perdido ante el presidente", estima.

"Ennahdha siempre ha estado dispuesto al compromiso porque el partido está obsesionado por su supervivencia, atemorizado por la posibilidad de una nueva prohibición como durante la dictadura de (Zine el Abidini) Ben Ali", indica.

En diez años de poder, nunca consiguió la mayoría absoluta y se vio obligado a formar alianzas contra natura con partidos liberales en un hemiciclo muy fragmentado. Esto confundió a muchos de sus electores: entre 2011 y 2019, el partido perdió más de un millón de votos.

En las callejuelas adoquinadas de la Medina, Ismael Mazigh es uno de los desencantados.

En las primeras elecciones de la andadura democrática de Túnez en 2011, este antiguo obrero textil se dejó seducir por este partido que exaltaba la identidad arabomusulmana y prometía seguridad, desarrollo y justicia.

"Hicieron muchas, muchas promesas. Y, en realidad, eran mentiras", protesta este hombre en la cuarentena, desocupado desde hace diez años.

"Trabajaron únicamente para sus intereses personales, nada más", critica.

Antiguamente unida alrededor de su líder, Rached Ghannouchi, Ennahdha se resquebraja ahora internamente, entre dimisiones de altos cargos y críticas abiertas de sus miembros.

La imagen del partido quedó mermada a principios de julio cuando, en pleno repunte del covid-19, uno de sus dirigentes, Andelkarim Haruni, lanzó un ultimátum al gobierno para acelerar las indemnizaciones a las víctimas de la dictadura.

Para muchos tunecinos era una demanda indecente ante las diferentes crisis en curso.

La formación recibió un nuevo golpe el miércoles con el anuncio de una investigación por presunta corrupción, basada en la sospecha de financiación extranjera durante su campaña electoral de 2019.

Elector fiel a Ennahdha desde la revolución, Taoufik ben Hmida jura que no volverá a votarles. Para este comerciante de ropa de 47 años, "han agachado la cabeza, mientras que la corrupción está por todos lados en Túnez".

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