Túnez se asoma al abismo de un repetición electoral o crisis constitucional

Soldados ante un colegio electoral en unas elecciones en Túnez el pasado mes de septiembre. EFE/EPA/MOHAMED MESSARA/Archivo

Túnez, 15 feb (EFE).- Túnez se asoma esta semana a un abismo ignoto, atrapado entre la posibilidad de una inédita repetición electoral o de una profunda crisis electoral si el primer ministro designado, Elyas Fakhfakh, no logra que el fragmentado Parlamento acepte las propuesta de gobierno que tiene previsto presentar hoy.

Tras más de cuatro meses de arduas negociaciones y un intento fallido por parte del primer encargado, Habib Jemli, el exministro de Turismo y de Finanzas durante la transición lucha contra las presiones del partido conservador de tendencia islamista "Ennhada", primera fuerza en la Cámara, y las reticencias del resto de formaciones

Desde su designación, el pasado 20 de enero, Fakhfakh ha sido cuestionado por la mayor parte de los partidos de la Asamblea, que le reprocharon su falta de legitimidad y de apoyo popular después de que su candidatura sólo obtuviera un 0,34% de los votos en las elecciones presidenciales de septiembre.

En este contexto, necesita formar un mayoría de 109 diputados -de los 218 que integran el Parlamento-, objetivo que alcanzó Jemli pese a ser el candidato propuesto por "Ennahda", que concita 52 escaños.

Seguido con 38 diputados, se encuentra Qalb Tounes, fundado por el populista y polémico magnate de los medios, Nabil Karoui -encarcelado por corrupción-; el socialdemócrata "Ettayar" con 22, y la plataforma "Al Karama", que reivindica el "islam revolucionario", con 21.

Ante la dificultad de la negociación, en la que participan una decena de formaciones, los analistas no esconden sus temores a un nuevo fiasco y aseguran que los partidos jugarán sus cartas hasta el último minuto en un intento por obtener el máximo número de carteras.

A los tradicionales cálculos de poder se suman factores estructurales propios de un proceso de transición "todavía sin consolidar", señala a Efe Rosa Álvarez, investigadora española afincada en Túnez.

Tras la revolución de 2011, que puso fin a las dos décadas de Zine El Abidine Ben Ali y permitió su salida de la clandestinidad, Ennahda ha estado siempre presente en el poder. Primero en el gobierno de la Troika, que apenas duró tres años, y más tarde en la coalición con el laico "Nidaa Tounes", fundado por el fallecido mandatario Béji Caid Essebsi.

"Estar en el gobierno y no gobernar, como ocurrió en la legislatura anterior, supone no cumplir con sus promesas electorales, lo que le ha hecho perder cerca de un millón de votos. Ennahda ya no quiere repetir la misma fórmula, que es lo que están tratando de imponer el resto de partidos », explica Álvarez.

La formación islamista, señala, teme quedar aislada en este nuevo mapa político por lo que trata de aliarse con los sectores más moderados del antiguo régimen, que a su vez está formado por multitud de nuevas escisiones y que atraviesa una grave crisis de identidad ideológica.

« No son partidos sino plataformas electorales cortoplacistas ya que sólo aspiran al poder pero no a evolucionar como partido: tienen que formarse, crear estructuras orgánicas desde donde se tomen las decisiones y no como hasta ahora que es el líder el que decide de manera unilateral », subraya.

Para paliar esta situación, los conservadores religiosos defienden enmendar la ley para aumentar el umbral electoral de 3% al 5%, lo que beneficiaria a los grandes partidos como el suyo, que obtendría 30 escaños más.

A la inestabilidad del gobierno se suma la inestabilidad dentro de las familias políticas, añade el exdirector del Instituto de Estudios Estratégicos de Túnez, Tarek Kahlaoui, para quien el mayor problema es la propia "debilidad" de los partidos.

Por un lado, la lucha entre los sectores del viejo régimen tras el cisma de "Nidaa Tounes", que ha pasado de 86 escaños a tan sólo 3 y ha quedado dividido en numerosos grupúsculos.

Por otro, la crisis interna que viven partidos como "Ennahda", en la que la autoridad de su líder histórico, Rachid Ghannouchi, es cada vez más contestada y debe hacer frente a la aparición de nuevos actores en el frente del islam conservador como la coalición "Al Karama".

Ante el posible escenario de la disolución del Parlamento y la llamada a nuevas elecciones, tal como recoge la constitución en caso de fracasar la formación de gobierno, Kakhlaoui se muestra indeciso. "La constitución no se lo impone, es una opción. Saied es un seguidor estricto de la constitución, no es alguien que busca interpretar los textos. Si su candidato es descartado puede que lo vea como una amenaza y utilice su poder como reacción hacia los partidos políticos", plantea. Con un calendario de reformas que apremia, insiste, el objetivo será encontrar el "equilibrio", no sólo entre los propios miembros de la coalición y la Cámara sino con organizaciones como la Unión General de Trabajadores Tunecinos (UGTT) y la patronal (UTICA). En la hoja de ruta del futuro gabinete, revela, deberá sanear las compañías nacionales con grand déficit presupuestario, modificar el sistema de subsidios de hidrocarburos y alimentos y recortar la masa salarial de la Administración. Reformas esenciales para que el Fondo Monetario Internacional (FMI) desbloquee los dos últimos tramos de un crédito de 2.800 millones de euros solicitado en 2015 y que debería concluir el próximo mes de abril. "Los seis primeros meses serán cruciales y el momento de hacer grandes reformas. Si Fakhfekh no es capaz de imponer sus propias reglas de juego durante estos primeros meses no sé si lo podrá hacer luego", concluye Kahlaoui.

Natalia Román Morte