A sus 64 años, estudia en la universidad que vendió a un antepasado como esclavo

Hasta hace dos años, Mélisande Short-Colomb, de 64, ignoraba la verdadera historia de su familia. Siempre había creído, porque así se lo habían contado, que el dueño de sus antepasados les dio la libertad. Sin embargo, un día recibió una llamada que le reveló la verdad, que uno de ellos era uno de los esclavos vendidos por Georgetown para conseguir liquidez y evitar la bancarrota. Ahora, Short-Colomb es estudiante de segundo curso como parte de un programa de esta universidad para compensar a los descendientes de aquellas personas con las que traficaron.

Mélisande Short-Colomb es descendiente de uno de los 272 esclavos vendidos por la Universidad de George Town hace 180 años y forma parte de un programa de estudios para ellos. (Foto: Mélisande Short-Colomb en GoFundMe)

“Veo la historia de Georgetown y los jesuitas como un microcosmos de esta sociedad, de la dificultad que tenemos de abordar nuestro nacimiento como una sociedad esclavista”, ha explicado a El País. La entrevista tiene lugar en el campus de esta universidad que reconoció en 2016 su vinculación con la venta de esclavos y ha puesto en marcha varias iniciativas como renombrar edificios o este programa de estudios.

Aquello ocurrió en 1838. Georgetown se encontraba en una situación económica complicada y para salir de ella optó por vender a 272 esclavos que tenía en una plantación de Maryland. El camino de estas personas hacia su nuevo destino fue un verdadero calvario, por las condiciones y por el trato recibido.

Por esta transacción, los jesuitas -regidores de la universidad- recibieron lo que al cambio de hoy serían 3,3 millones de dólares. Un dinero manchado que ayudó a esta universidad de Washington a construir el estatus del que goza hoy. No fue la única, como recuerdan en El País, ya que otras como Harvard y Columbia también tiene un pasado relacionado con la trata de personas y la esclavitud, pero sí el más sonoro.

Hasta que alguien se puso en contacto con ella para contarse su historia, lo que Mélisande Short-Colomb creía era lo que se había contado generación tras generación en su familia. Que su antepasada Mary Ellen Queen fue puesta en libertad por su amo junto a siete hermanos y su madre y que con su nueva condición se mudaron a Luisiana. Pero no fue así. En realidad solo habían cambiado de dueño.

Hoy, 180 años después de aquello, esta mujer de 64 años es una de las cinco personas que se han beneficiado del programa de Georgetown para descendientes de los esclavos que vendieron y aprende sobre estudios afroamericanos. Hace dos años, cuando esa puerta se abrió, dejó su trabajo como cocinera en Louisiana y se mudó a Washington decidida a cambiar su historia.

Protagonista de algunas de las noticias publicadas por la universidad en su página web, a su entrada Short-Colomb explicaba que eligió “estudios afroamericanos porque creo que es un componente integral del contexto más amplio y verdadero de lo que es nuestra historia y cómo contamos la historia a los Estados Unidos de América correctamente. Cuando no conocemos nuestra historia correcta, nos convertimos en una sociedad más débil y divisiva”.

Este verano, tras su segundo curso en el campus, abrió un página de GoFundMe para recaudar fondos y cubrir donde no llega la beca y las ayudas con las que cuenta. En el texto que publicó, reconocía lo estresante que es a veces su vida universitaria. Dice tener “breves momentos de inseguridad y ansiedad, donde solo quiero volver a casa”. Cuando eso ocurre, “entonces recuerdo quién me trajo aquí y por qué estoy aquí”.

En febrero de este año se la pudo ver y escuchar en una charla TEDx (en el vídeo a continuación de estas líneas) en la que repasa su infancia, su historia, la importancia de las disculpas de Georgetown por su pasado esclavista y cómo ha sido el salto de madre, abuela y chef profesional a estudiante universitaria.