'Supervivientes' deja de ser 'Supervivientes'

Teresa Aranguez
·6 min de lectura

A menos de una semana de su arranque, Supervivientes 2021 ya tiene unas cuantas tramas para dar que hablar. Gracias a los clanes Pantoja y Jurado, el reality empieza a andar por sí solo. Así lo vimos en el primer debate Conexión Honduras de Jordi González este domingo que, más que analizar la supervivencia de estos primeros días de sus participantes, parecía más un plató de Sálvame Deluxe machacando los temas tan trillados de siempre

Las ganas de ver a Rocío Flores hablando de su madre o el tenso encuentro de su prima Gloria Camila con Sofía Suescun cobraron más importancia que lo que pasaba al otro lado del charco. 

Rocío Flores en el debate de Supervivientes 2021 con Jordi González, cortesía de Mediaset
Rocío Flores en el debate de Supervivientes 2021 con Jordi González, cortesía de Mediaset

Como espectadora por casi dos décadas de Supervivientes reconozco que las tramas desarrolladas en la isla son la clave para que uno se enganche. Como en todo reality uno vive pendiente de esos romances incipientes, de las guerras que se forman e incluso las amistades que nacen de la convivencia. Si embargo, de un tiempo a esta parte, lo que pasa en Honduras ha dejado de ser lo prioritario, sobre todo cuando los defensores o invitados en plató tienen más relevancia que quienes están en la isla.

Afortunadamente no es siempre, pero es un hecho que ocurre más a menudo de lo esperado. El ejemplo claro lo tenemos en Rocío Flores. La joven ya se robó el protagonismo en la última edición de Gran Hermano VIP cuando fue a defender a su padre Antonio David Flores. Era su primera puesta en escena en televisión y todos los ojos estaban puestos en ella. Y ahora, en Supervivientes 2021 vuelve a ser la estrella absoluta. La emisión de Rocío Carrasco: contar la verdad para seguir viva la ha convertido, sin ella buscarlo ni quererlo, en todo un reclamo para los medios. 

Lo que está pasando es una bomba informativa que llevábamos años esperando, pero empezamos a estar saturados. Mientras su padre está vetado de la cadena de Paolo Vasile, su esposa concursa y su hija se recorre los platós defendiéndola. Bueno, eso y dejando a todos con la miel en los labios. Todos quieren escuchar una palabra de 'la niña' hablando de su madre y dando su opinión sobre lo que está pasando y eso saltó a la vista en el debate de este domingo. Parecía una princesita entre algodones. Todos, menos José Antonio Avilés, el que había sido su amigo en Honduras, le bailaban el agua y de forma indirecta le hacían preguntas para ver si le sacaban prenda, pero Rocío no abrió el pico, al menos para hacer referencia al tema.

De hecho, el polémico colaborador de Viva la vida dio a entender que, para estar allí, la joven había puesto como condición el que no se le mencionara el famoso documental. No es algo confirmado pero el comentario de "cumplo órdenes" de Avilés, y el "en la medida de lo posible, hablemos solo de Supervivientes" de Jordi demostraron que allí el tema no se toca. Muy respetable pero, ¿desde cuándo una defensora de un participante impone de qué se habla o de qué no? Conclusión, a lo mejor equivocada, de una servidora, lo que tenga que hablar, si finalmente habla, lo hará según sus condiciones.

Lo que está claro es que ella y su familia son los grandes reclamos de esta edición. Es actualidad viva y hasta cierto punto comprensible. Pero a quienes amamos el formato, nos encantaría que se centraran un poquito menos en lo que ya trillan en los platós de Sálvame y nos mostraran más qué es lo que pasa allende los mares. Pero no fue así, Rocío fue la reina de la noche, sobre todo cuando se centraron en Olga, sus llantos y su defensa a ultranza a su marido. Momentazo en el que la joven mantuvo el tipo y no soltó ni una lágrima. Fue por sus "hermanos", dijo.

La realidad es que desde que se estrenara como defensora de su padre hasta hoy, la hija de Rocío Carrasco ha desarrollado unas tablas frente a las cámaras que no sabemos si admirar o sentir pena. Se la ve contenida, controlada y con miedo a decir una palabra que no sea la correcta. También se la ve segura, fuerte y a la defensiva, una sensación que a mí, particularmente, me da tristeza. Y no porque me caiga bien, mal o regular, porque la entienda o no, sino porque no ha de ser cómodo ni fácil estar en su piel. No, no es una niña, pero en definitiva no deja de ser la más afectada de una guerra en la que ella no pidió estar y que los programas de la cadena han convertido en el pan nuestro de cada día.

Ya lo dijo Jorge Javier Vázquez en Sábado Deluxe y no podría estar más de acuerdo con él. El presentador dio a entender que tanto hablar de lo mismo, refiriéndose al documental de Rocío Carrasco, tanto debatir lo que no tiene debate y tanto analizarlo lo único que conseguía es que nos cansáramos e incluso termináramos cogiendo manía a su protagonista, quien se supone es la gran víctima de esta historia. "en este momento que es tanto debatir y tanta opinión no lleva absolutamente a nada. No podemos estar 24 horas hablando de Rocío Carrasco porque al final lo que pasa es que te produce el efecto rechazo", expresó. Lo dijo muy a pesar de trabajar donde trabaja, pero lo dijo. Y así mismo es. Un asunto que, indirectamente, rebota en Rocío Flores. Su vida es plena actualidad y el interés por lo que piensa es absolutamente normal, pero convertir eso en lo prioritario agota, cansa y hace que uno pierda interés. 

Esperar al domingo para ver un debate y encontrarte con un Sálvame Deluxe versión dominguera a mí me sobrepasa.

O nos acostumbramos a esta nueva forma de debatir o dejamos de verlo porque esto no tiene mucha pinta de que vaya a cambiar. La tele, como todo, evoluciona y esto es lo que hay. La cosa es crear momentos tensos y polémica. Aunque no con la misma intensidad, vivimos algo parecido con la llegada de Sofía Suescun a plató para promocionarse como presentadora de Supervivientes, una aventura extrema. Aquello más que una píldora publicitaria de su programa en Mi Tele Plus, parecía un partido de tenis donde las cámaras saltaban de Rocío a Gloria Camila mientras Sofía hablaba. De nuevo me atrevo a decir que este teatrillo parecía montado para ver si allí ardía Troya. Pero no, las chicas fueron muy bien portadas y todo quedó reducido a unas cuantas caras de póker de las primas.

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Me temo que esto, que apenas comienza, va a ser una constante en las próximas galas. Pero, si alguien me lee, espero que no le den prioridad a las peleas de plató y que Supervivientes, ese programa que nació para dar protagonismo a sus participantes, darles a conocer más allá de su fama y hacernos vibrar con momentos límites en una isla desierta, nos siga regalando más de esa esencia. Para saber todo lo demás ya tenemos Sálvame, Ya es mediodía, las tertulias de Ana Rosa, Viva la vida, el Deluxe de los sábados y el resto de programas que analizan con lupa todo lo acontecido. ¿Conseguiremos este año ver una edición más humana y menos tombolera? Ojalá que sí.

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