Echar una mano para poder comprar: el ejemplo de La Osa como modelo sostenible de supermercado

Javier Sánchez
·4 min de lectura

Los supermercados no siempre dominaron el mundo (de las compras). Al menos en España. Hubo un tiempo, allá por los años 50 del pasado siglo en el que en nuestro país eso del autoservicio aún no se estilaba. Fue en concreto en 1957 cuando Alberto Ullastres, Ministro de Comercio, decidió instalar supermercados de titularidad pública para modernizar el comercio en España. Ante el éxito de la iniciativa, pronto se sumaron otros de titularidad privada como Caprabo que, abierto en 1959 en Barcelona, fue el primero en España de capital privado. El resto es historia y el éxito del modelo ha llevado a que nuestras ciudades y pueblos estén repletas de supermercados e hipermercados con una variedad de productos infinita y en la que se ha perdido ese contacto cliente-tendero que caracterizaba a las tiendas y colmados de proximidad que ahora están casi en peligro de extinción.

En La Osa, la verdura y fruta es ecológica. Foto: Isabel Roncero
En La Osa, la verdura y fruta es ecológica. Foto: Isabel Roncero

Toca viaje de vuelta. El supermercado, en los años revueltos que nos ha tocado vivir, cambia su rumbo para humanizarse. Un ejemplo es La Osa, supermercado cooperativo y participativo, inaugurado el 9 de diciembre de 2020 en Madrid. Su modelo no tiene ánimo de lucro y lo que hace es poner “el planeta, el medioambiente y las personas en el centro”, explica María Nájera, cooperativista y responsable de la Comisión de Comunicación. Curiosamente, la inspiración para este proyecto también viene, al menos en parte, de Estados Unidos. Uno de sus modelos es el proyecto Park Slope Food Coop de Brooklyn (Nueva York), que lleva funcionando desde 1973. Otro de sus modelos es el parisino La Louve, a los que visitaron en 2019 con el objetivo de aprender sobre su experiencia.

Lo que uno se encuentra en La Osa cuando entra en su espacio de 800 metros cuadrados es una oferta que apuesta, sobre todo, por productos ecológicos, sostenibles y de proximidad “siempre que esto sea posible”, puntualiza Nájera. También se hace hincapié en seleccionar productos de calidad, de producción ética y con un precio justo, de modo que se alineen con valores como la inclusión, transparencia, compromiso y cooperación. Esta selección convive con productos convencionales y marcas similares a las que uno se puede encontrar en un supermercado tradicional “con el fin de cubrir todas las necesidades de los cooperativistas que, en un momento dado, pueden buscar un producto del que no haya una opción ecológica”. No obstante. la vocación de La Osa es ser cada vez más consecuentes con su filosofía e ir añadiendo opciones de cercanía o ecológicas siempre que sea posible.

El objetivo de La Osa es que todos, clientes y productores, tengan un trato justo. Foto: Isabel Roncero
El objetivo de La Osa es que todos, clientes y productores, tengan un trato justo. Foto: Isabel Roncero

Pero, ¿qué se necesita para ser miembro de La Osa? No es un supermercado abierto al público en general. Solo los cooperativistas pueden comprar en él. Para entrar a formar parte de esta comunidad de 1.050 personas “de distintos perfiles, edades y diferente procedencia” hay que aportar 100 euros de capital social y estar dispuesto a colaborar con tres horas de trabajo cada cuatro semanas en tareas que pueden ir desde reponer hasta tomar la temperatura a los clientes, pasando por atender la frutería. “Puedes elegir tu horario para colaborar y trabajas junto a un equipo de personas concreto, pero también tienes la posibilidad de cambiar turnos si en un momento dado lo necesitas. Además, hay seis personas contratadas, los dos coordinadores y creadores del proyecto y otras cuatro que hacen distintas funciones”, explica Nájera.

Este proyecto que busca hacer de la compra “un acto político” todavía tiene, sin embargo, margen de crecimiento. Es por eso que necesitan más cooperativistas para hacer frente a los nuevos retos que permitan que La Osa sea un supermercado cada vez más completo, incluyendo, por ejemplo, una sección de pescadería o una de productos a granel. “Tenemos que lograr que el proyecto resulte justo para todo el mundo. Y sobre todo para los productores, de forma que cobren un dinero justo por su trabajo”, remata Nájera.

Los productos eco conviven con los convencionales en La Osa. Foto: Isabel Roncero
Los productos eco conviven con los convencionales en La Osa. Foto: Isabel Roncero

El proyecto de La Osa también reacciona a las necesidades de las personas de su entorno. Ubicado en el número 57 de la Avenida de Asturias de Madrid, se abrió a los vecinos durante los días más duros del temporal Filomena de este mes de enero. Todo aquel que vivía al lado pudo acudir a La Osa para hacer la compra con el objetivo de minimizar los riesgos para la integridad física derivados de desplazarse a otros supermercados que estuvieran más lejos.

Puede parecer que La Osa es una iniciativa aislada. Sin embargo, este proyecto también forma redes de apoyo con modelos similares que existen en España. Es el caso de los madrileños SuperCoop (Lavapiés) y Biolibere (Getafe) o de los catalanes Food Coop BCN, Super Coop Manresa o Terranostra Coop (Mallorca). Es la creación de un nuevo modelo que trata de coger lo mejor de la antigua tienda de ultramarinas y las ventajas del supermercado, pero haciendo de algo tan cotidiano como la compra una acción enfocada a la creación de un mundo mejor.

Más historias que te pueden interesar: