Los sueños sin cumplir en la vida personal desconocida de Carlos Marín de 'Il Divo’

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LAS VEGAS, NV - MAY 02:  (L-R) Singer Carlos Marin of Il Divo attends a news conference announcing the group's September six-show headlining engagement,
Carlos Marin tenía dos grandes metas en su futuro que no ha podido cumplir (Photo by David Becker/Getty Images)

Son muchos los amantes de la buena música los que lloran hoy la reciente pérdida de una voz tan prodigiosa como la de Carlos Marín, integrante de la formación operística ‘Il Divo’. El artista, fallecido por Coronavirus en un hospital de Manchester, tenía claros sus objetivos en la vida y así lo ha demostrado.

Su perseverancia y esa trabajada voz le han llevado a la cumbre del éxito profesional y, en lo personal, también le había ido bien, tras una relación de 17 años con Geraldine Larrosa la cosa acabó en boda mágica celebrada en Disleylandia, separación tres años después y una amistad íntima de por vida.

Carlos era una persona con ambiciones que creía en la espiritualidad y en el feng shui, una antigua filosofía china que busca el equilibrio de la energía vital a través de la distribución y la orientación de los espacios.

Mediante sus creencias tenía organizada su casa, los colores, las habitaciones, los minerales, los espejos y también un elemento clave en el que creaba mentalmente sus sueños todavía por cumplir.

La vida son retos que nos vamos poniendo y, a medida que los conseguimos, vamos hacia la siguiente línea de meta. Marín contaba para ello con lo que se llama un ‘Tablero de Visión’. Este concepto lo ha creado el ahora multimillonario John Assaraf que antes era, como él se define, un niño de la calle”.

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Ahora es un empresario de éxito y son miles las personas que usan esta técnica que abrazaba también Carlos, el tablero de visión no es más que un corcho que colocas en un sitio en el que puedas verlo a menudo y en él vas colgando retales, escritos, fotografías o dibujos de tus sueños aún por cumplir.

A medida que se van cumpliendo, das gracias y los retiras del panel. La clave de este tablero es determinar tus metas, seleccionar las imágenes para pegarlas y visualizar a diario que ya tienes lo que deseas.

Sabiendo que Marín practicaba esta técnica es inevitable formularse dos preguntas, si su éxito y su fama venían, en parte, gracias a la fe que él tenía en dicho tablero y qué sueños quedaron en el corcho en su camino truncado por la enfermedad que ha acabado con su vida.

Pues en el tablero de Carlos quedaban dos grandes sueños pendientes, uno casi intangible “tener el espíritu de Frank Sinatra”, que quizá aunque él fuera exigente consigo mismo, en gran parte ya logró con su talento y el otro sueño, algo material.

Carlos quería poseer diez millones de euros. Seguramente su cuenta bancaria ya contaba con una buena suma de dinero pero llegar a diez millones era su objetivo en curso antes de su adiós. Además, el artista confesaba sin pudor que desde pequeño “he visto cosas…” y por eso creía tanto en la espiritualidad.

Su vida vino marcada ya con cierta estrella y es que no todos los cantantes de hoy en día pueden decir que grabaron su primer disco con tan solo ocho años, de hecho, seguramente serán una minoría a la que Carlos Marín pertenecía orgulloso.

De padres españoles aunque nacido en Alemania, el cantante siempre sintió que su público favorito era el madrileño porque “Como en Madrid, no se aplaude en ningún sitio”. Hoy, es público, llora su adiós y sus sueños pendientes.

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