En Suecia algunos pacientes escogen al médico según su origen étnico

La unidad de cuidados intensivos del hospital de Danderyd, cerca de Estocolmo, en Suecia, el 13 de mayo de 2020 (AFP/Jonathan Nackstrand)

¿Ser atendido por un médico blanco? Ningún problema, solo pídalo. En Suecia muchos centros médicos aceptan que sus pacientes escojan a sus médicos según el color de la piel.

La reforma del sistema de salud, adoptada en 2010 y que permite a los pacientes elegir a su propio médico, condujo de forma inesperada a una discriminación de los médicos de origen extranjero.

"Cuando trabajaba en psiquiatría, un paciente anuló tres veces su cita conmigo, pues no quería ser examinado por un 'médico extranjero'", dice Navid Ghan, de 30 años, que pidió cambiar su nombre para proteger su identidad.

"Finalmente, no pudo escoger, pues yo era el único médico ahí. Durante la consulta, incluso aunque se daba cuenta que yo hablaba sueco sin acento, me decía que nosotros los extranjeros no comprendíamos nada", dice con cierto desencanto el médico, que creció y estudió en Suecia.

"Ahora, con mis colegas, bromeamos a la hora del almuerzo. Las enfermeras (que se ocupan de las citas, ndlr) me dicen que algunos pacientes anularon otra vez al ver mi nombre", señala Ghan.

Desde 2010, los pacientes, a quienes antes se atribuía un centro médico en función de su domicilio, pueden escoger libremente la clínica, el hospital o el médico que los trata.

En un contexto de crecientes tensiones vinculadas a la inmigración en una Suecia tradicionalmente homogénea, la reforma ha permitido a los pacientes rechazar ser atendidos por suecos de origen extranjero.

- "Piel clara" -

A fines de marzo, 1.011 médicos y estudiantes firmaron un artículo en el tabloide Expressen pidiendo a "las autoridades responsables actuar contra el racismo".

En el verano, el diario Dagens Nyheter, el más leído del país, publicó una investigación que revelaba la magnitud del problema.

Haciéndose pasar por pacientes que cambiaban de residencia, los periodistas llamaron a 120 establecimientos de salud pidiendo que su nuevo médico fuera de origen sueco.

Aceptaron 51 y 40 rechazaron la petición. Solo unos cuantos subrayaron la imposibilidad de satisfacer la cuestión por temor a violar una ley contra la discriminación.

"Tenemos a María, Sanna y Elsa. Tres mujeres de piel clara", respondió la secretaría de un centro médico.

"Una práctica inaceptable" denunció la ministra de Igualdad, Märta Stenevi, interrogada par la AFP.

Para Madeleine Liljegren, responsable del SYLF, la asociación de jóvenes médicos, esta práctica se explica especialmente por "una situación de competencia entre establecimientos para lograr pacientes y la remuneración respectiva". Los centros obtienen financiación según el número de pacientes que tratan.

- Polarización -

"Los médicos se dicen que van a aceptar la petición, aunque sea horrible y repugnante, con el objetivo de conservar al paciente", denuncia Liljegren.

Sin embargo están obligados a respetar la legislación antidiscriminación, que es violada por esas prácticas.

Para Makih Fatelahi, médico en Kronoberg (sur), cuya identidad también quiso que fuera modificada, algunos temen no ser comprendidos.

"El problema es que solo ven tu nombre cuando toman la cita y no hay tiempo para establecer un contacto humano antes de que nos rechacen", dice este médico de 28 años.

Para el Ombudsman de la Igualdad (DO), Lars Arrhenius, escoger a su médicos según el color de piel es reflejo de un "fenómeno preocupante" en la sociedad sueca.

"Todo está muy polarizado y es cada vez más difícil cuando se habla de estos asuntos", dice.

Ahora el partido de extrema derecha, Demócratas de Suecia, con 20% de intenciones de voto en las encuestas, es la tercera fuerza política.

Suecia ha duplicado su población inmigrante en los últimos veinte años.

En 2020, DO recibió más de 3.500 quejas por discriminación. Y 1.146 se referían a asuntos "étnicos".

Navid Ghan dice no sentirse apoyado por sus superiores, pese a que saben muy bien que hay racismo en varios pacientes.

Y muchos subrayan la falta de consignas internas para afrontar este tipo de comportamientos.

"Termina uno por ignorar el asunto. Personalmente, para no dejar que las emociones me dominen, actúo con un algoritmo en mi cabeza: ¿ese paciente requiere de mi ayuda? Si es cierto, lo atiendo sin preocuparme por sus comentarios. Y si realmente no requiere de mi ayuda, se lo paso a otro colega", dice.

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