Sudán, breve historia de un país que no encuentra tregua desde su independencia

Sudán atraviesa días convulsos tras un nuevo golpe de Estado militar que ha puesto fin al Gobierno de transición de Abdalla Hamdok. Un capítulo violento más en la política de una nación cuya historia está marcada por guerras civiles, derrocamientos, dictadores y la división del territorio para ceder ante la separación de Sudán del Sur.

Sudán nació como país independiente en 1956, en medio de una cruenta guerra civil entre el norte y el sur. El norte, con una predominancia de población árabe; el sur, con una mayoría cristiana repartida en grupos étnicos que habitaban el sur del río Nilo.

Este desgarrador conflicto dejó más de medio millón de muertos en 16 años y desestabilizó y empobreció por completo a la nación africana que, a pesar de haberse creado como una democracia, sufrió ya su primer golpe de Estado en 1958.

  • Numeiry, el coronel que logró mantenerse en el poder tras haber asestado un golpe militar

El poder militar es clave para entender la política sudanesa. Tras el primer golpe del 58, se inauguró un periodo de gobiernos inestables que culminó con otra toma forzosa del poder estatal en 1969 por parte del coronel Yaafar al-Numeiry.

Con Numeiry, Sudán vivió cierta estabilidad. Aunque este militar suprimió toda libertad política, logró firmar la paz con el sur en 1972 gracias a los acuerdos de Adís Abeba. Pero su acercamiento al islam y la imposición de la ley islámica en 1983 desató la segunda guerra civil sudanesa.

Esta guerra fue aún peor que la anterior. Sumado al conflicto, un periodo de sequía desembocó una serie de hambrunas que afectaron a millones de personas, especialmente en el oeste del territorio. Este desastre humanitario fue ocultado por el Gobierno de Numeiry, cuestión que precipitó su derrocamiento en 1985.

El final de Numeiry trajo más inestabilidad y el surgimiento de un nuevo nombre que a la postre se convertiría en el líder del país por casi 30 años: Omar al-Bashir.

La era de tres décadas del dictador Omar al-Bashir

Al-Bashir llegó al poder en 1989 e instauró un régimen de partido único que se acercó progresivamente hacia el fundamentalismo islámico. Para finales de la década de 1990 Estados Unidos incluyó a Sudán en la lista de estados terroristas por sus nexos con Osama Bin Laden y Al-Qaeda.

El fundamentalismo de Al-Bashir propició el inicio de otro conflicto en Darfur, una región al oeste de Sudán, donde se libró un enfrentamiento religioso, entre árabes y cristianos.

Las matanzas en esta región se prolongaron durante años, algo que hizo que la Corte Penal Internacional de La Haya emitiera dos órdenes de detención contra Al-Bashir bajo la acusación de genocidio y limpieza étnica.

El nacimiento de Sudán del Sur, el país más joven del mundo

El conflicto interno sudanés dio un respiro a su población a partir de 2005 con la firma de los Acuerdos de Nairobi que pusieron fin a la segunda guerra civil sudanesa.

El norte y el sur firmaron una paz tras 22 años de guerra, 1,9 millones de muertos y más de 4 millones de ciudadanos desplazados.

Desde el 2005 hasta el 2011, se revivió la figura del gobierno autónomo de Sudán del Sur dentro de un estado unificado, pero esa idea caducó pronto para los separatistas de la región que decidieron organizar un referendo de independencia el 9 de julio de 2011.

La votación dio un rotundo sí a la independencia con el 98,83% de los votos, una decisión que fue aceptada por Jartum y que precipitó la división de Sudán en dos estados: Sudán y Sudán del Sur.

La posición de Jartum frente a la creación de Sudán del Sur brindó más crédito a la malograda reputación internacional de Al-Bashir, pero la independencia del sur supuso la pérdida de una cuarta parte del territorio y de la región con mayor cantidad de recursos naturales.

El descontento contra Al-Bashir se materializó en 2018, al igual que las intenciones de derrocarlo

Desde diciembre de 2018 las marchas contra Omar al-Bashir aumentaron, la población mostró su hartazgo por tres décadas de férreo control militar, violencia, aislamiento y pobreza y miles de sudaneses salieron a las calles. El punto de ebullición ocurrió en abril de 2019, cuando Al-Bashir sufrió un golpe por parte del Ejército que lo depuso del poder.

Aquel episodio fue el final del hombre fuerte de Sudán y el inicio de un nuevo periodo de inestabilidad en el que el poder civil intentó hacerse con la política local. El país vio progresos internacionales al dejar de aparecer en la lista de estados terroristas y el procesamiento de Al-Bashir ante la Corte Penal Internacional.

Sin embargo, la profunda crisis económica y la sombra permanente de la casta militar nunca desaparecieron, haciendo que, una vez más, un golpe de Estado haya tomado por la fuerza el control de la nación.

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