"Su vida y su familia no están arruinadas": el poderoso mensaje del padre de una víctima de Parkland al juez Kavanaugh

La tensión y el malestar que han sufrido el juez Brett Kavanaugh y su familia a causa de las acusaciones de agresión sexual que se han formulado contra él han sido considerables. Y al margen de que esas alegaciones sean ciertas o falsas, ciertamente le han causado pesar a él, su esposa y sus hijas.

Kavanaugh, visiblemente afectado, clamó ante el Senado, en la audiencia del pasado jueves, que el golpe a su reputación que le propinaron esas acusaciones ha arruinado su vida.

Con todo, algunos afirman que Kavanaugh debería reducir el melodrama y poner los pies más firmemente en la tierra. Tanto aceptando una investigación del FBI sobre las alegaciones en su contra –que si él es inocente, como afirma, en realidad le beneficiará y mitigará la “ruina” sobre su nombre- como teniendo empatía hacia personas que, en mucho mayor grado que él, han enfrentado la desolación y la tragedia.

Fred Guttenberg, padre de Jamie Guttenberg, joven asesinada en la masacre en la escuela Stoneman Douglas en Parkland, Florida, le tiende la mano al juez Brett kavanaugh durante una de sus audiencias de confirmación en el Senado. Kavanaugh, con todo, le dio la espalda y dejó a Guttenberg con la mano tendida al aire. (AP)
Fred Guttenberg, padre de Jamie Guttenberg, joven asesinada en la masacre en la escuela Stoneman Douglas en Parkland, Florida, le tiende la mano al juez Brett kavanaugh durante una de sus audiencias de confirmación en el Senado. Kavanaugh, con todo, le dio la espalda y dejó a Guttenberg con la mano tendida al aire. (AP)

Un ejemplo poderoso de ello es el comentario que Fred Guttenberg, cuya hija Jaime fue asesinada en febrero de 2018 junto a otras 16 personas en la escuela Marjory Stoneman Douglas en Parkland, Florida, le dirigió a Kavanaugh a través de Twitter:

“Juez Kavanaugh, su vida y su familia no están arruinadas. Imagine tener una hija asesinada por un arma a la que usted se refiere como ‘uso común’. Usted superará esto y abrazará a sus dos hijas esta noche”.

Guttenberg aludió al hecho de que su hija Jaime y las otras víctimas de la masacre en la escuela de Parkland fueron asesinadas con disparos de un rifle semiautomático tipo AR-15. Un tipo de arma de poder devastador y que muchos han pedido sea proscrita para uso civil. Pero grupos pro armas y la derecha han defendido su libre venta, invocando una interpretación amplia de la Segunda Enmienda Constitucional, y el propio Kavanaugh dijo en una audiencia previa que ese tipo de fusiles semiautomáticos “no han sido tradicionalmente prohibidos y son de uso común por parte de ciudadanos respetuosos de la ley para autodefensa en sus hogares, cacería y otros usos legales”.

Pero es patente y trágico que muchas de las más cruentas masacres sufridas en EEUU han sido perpetradas por tiradores provistos de esa clase de armamento. Si su venta hubiese estado restringida, posiblemente muchas personas no habrían muerto, muchas familias no habrían sido devastadas.

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Ese es el sentido del mensaje de Guttenberg: perder a una hija es una tragedia mayúscula y en cambio Kavanaugh tiene la fortuna de poder abrazar cada noche a las suyas.

Alguna vez, durante la campaña electoral de 2016, Donald Trump respondió a la crítica de Khizr Khan, el padre del capitán Humayun Khan, quien murió en servicio durante la guerra en Irak, aludiendo a los “sacrificios” que según él ha tenido que hacer en su vida.

“Usted no ha sacrificado nada…”, clamó Khan en alusión a Trump. El entonces candidato presidencial respondió luego en una entrevista al canal ABC: “he hecho muchos sacrificios, he trabajado muy duro, he creado miles de empleos… he tenido tremendo éxito…”.

La diferencia entre los “sacrificios” de Trump y los de la familia Khan, y la “ruina” que Kavanaugh dice haber sufrido en comparación con la tragedia de Guttenberg son evidentes. Y aunque la altiva personalidad de Trump y su actitud confrontacional son ya bien sabidas, como lo ha sido su falta de empatía ante víctimas de tragedias y desastres que han golpeado a Estados Unidos, en el caso de Kavanaugh y Guttenberg se ha revelado una línea punzante.

Cuando en un receso de una audiencia en el Senado Guttenberg se acercó a Kavanaugh para saludarlo, el juez le dio la espalda y le dejó con la mano tendida tan pronto escuchó que se trataba del padre de una de las personas asesinadas en la escuela de Parkland.

Kavanaugh por lo dicho se opone a una mayor regulación de las armas de fuego, opinión controversial pero a la que tiene derecho, pero se esperaría de un aspirante a juez de la Corte Suprema mayor empatía hacia una persona golpeada por la tragedia. Y aunque hay quien podría criticar a Guttenberg por la naturaleza o los detalles de su activismo, la civilidad es de importancia meridiana.

Disentir es válido, pero el desdén resulta reprochable. Y es en ese sentido también que el contraste entre a la “ruina” de uno y otro, en alusión al tuit que Guttenberg dirige a Kavanaugh, cobra singular sentido.

Si Kavanaugh es inocente o culpable de las alegaciones que se le imputan es cuestión aparte y nadie ha puesto en duda el sufrimiento que esas alegaciones le han provocado a su familia, como tampoco el que ha experimentado la profesora Christine Blasey Ford, quien dijo que fue agredida sexualmente por Kavanaugh cuando ambos eran adolescentes. La incertidumbre sobre el caso está allí y presumiblemente nunca se diluya, sea él ratificado o no para la Corte Suprema.

Pero la empatía, la sensibilidad y el rigor son valores indispensables en la función pública que, cabe esperar, Kavanaugh y cualquier otro servidor público deberían mantener sea cual sea su función o posición, pero sobre todo cuando se trata de una de la magnitud de un asiento en el máximo tribunal estadounidense.

Sigue a Jesús Del Toro en Twitter: @JesusDelToro