Su perro aparece a 1.600 kilómetros de distancia y cuatro años después de perderlo

Karisa Lambert no se lo creía. Esta joven de 14 años residente en Nueva Orleans (Estados Unidos) recibió la semana pasada la llamada de un trabajador del refugio de animales de Cedar Rapids, del estado de Iowa, en la que le comunicaba que Sam, su yorkshire terrier que desapareció hace cuatro años, se encontraba allí.

En 2011, Sam desapareció del jardín de su casa. En un primer momento, la familia creyó que había salido a dar una vuelta por un bosque cercano, como solía hacer  a veces. Pero esa vez no volvió. “Asumimos que nos lo habían robado y que no volveríamos a verle”, explica Thomas Lambert, el padre de Karisa, en palabras que recoge la web de ABC News.



Pero cuando todos había perdido la esperanza, Sam apareció a 1.600 kilómetros al norte de su hogar. “Fue una sorpresa maravillosa, mi hija rebosaba felicidad. Durante este tiempo mi familia ha tenido que pasar por mucho. Yo he perdido a mi padre y ella ha perdido a gente con la que se sentía muy unida”, confiesa Thomas.

Sam llegó al refugio de Cedar Rapids a principios de abril. Su estado era bueno, aunque estaba por debajo de su peso. En un primer momento, los veterinarios creían que se trataba de un perro callejero más, ya que no encontraron ningún chip identificativo. Pero su conducta cariñosa les hizo sospechar que realmente pertenecía a una familia, por lo que buscaron con más ahínco hasta que finalmente encontraron su identificación.

Billetes de primera clase
Pero aunque habían encontrado a sus verdaderos dueños, Sam todavía estaba lejos de su hogar, y los Lambert no disponían de recursos económicos suficientes para traerle. Así que abrieron un colecta online para poder pagarle el viaje, con la que recaudaron 225 dólares (unos 200 euros), cifra más que suficiente para contratar un servicio de mensajería. Pero cuando los medios de comunicación empezaron a hablar de la historia de Sam, la aerolínea United Airlines decidió regalarle un billete de primera clase al perro y a un cuidador para que le acompañara.

En el aeropuerto de Nueva Orleans se produjo el esperado reencuentro entre Sam y Karisa. “Él en seguida me reconoció. Empezó a darme besos por toda la cara y se puso muy contento”, cuenta la adolescente. Como si no hubieran pasado más de un día separados.

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