Así encalló la vacuna rusa Sputnik V

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Rusia ha entregado menos de 80 millones de dosis de sus vacunas Sputnik V y Sputnik Light a otros países en 2021, según datos de Unicef. Los desarrolladores de la vacuna inicialmente habían planeado exportar dosis para más de 500 millones de personas, pero se han visto afectados por retrasos en la producción y la entrega.

La vacuna rusa sigue en tierra de nadie en muchos países: aún no ha sido aprobada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la Agencia Europea del Medicamento (EMA). Esa ha sido su mayor traba. Los patrocinadores de Sputnik V han sugerido durante meses que la aprobación es inminente.

“Creemos que podemos suministrar a Covax alrededor de 200 millones de dosis al año, de 200 a 300 millones. Solo necesitamos la aprobación de la OMS”, dijo el director ejecutivo del Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF por sus siglas en inglés), Kirill Dmitriev, en una entrevista con la agencia Associated Press en octubre. El RDIF es el impulsor de la vacuna rusa en el mundo.

Aunque algunos medios rusos han culpado a Occidente, lo cierto es que Rusia aún no ha proporcionado toda la información solicitada por la OMS para certificar la vacuna Sputnik V, insignia del país. Así lo admitió el mes pasado el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov:

“Es cierto que aún no se ha presentado parte de la información necesaria para la certificación. Teníamos una idea diferente de qué información se necesitaba y cómo debía enviarse”, dijo Peskov a los periodistas, y agregó que al Kremlin no le preocupa el largo proceso de aprobación que ha enfrentado la vacuna.

Fue en agosto de 2020 cuando el Ministerio de Salud de Rusia presentó su vacuna contra el Covid-19 –Sputnik V– desarrollada por el Centro de Epidemiología y Microbiología Nikolai Gamaleya. Fue presentada como la primera vacuna registrada contra Covid-19, impulsada por un programa de marketing global.

La situación es un revés para la imagen de Rusia. “Había esperanzas de que las vacunas chinas y rusas pudieran llenar los vacíos que quedan en las cadenas de suministro globales. Pero incluso antes de Ómicron había problemas con esa hipótesis”, escribía la semana pasada ‘The Washington Post’.

La Sputnik, impopular al interior de Rusia

En casa al Gobierno ruso y al partido Rusia Unida les vuelve a temblar el pulso. La semana pasada decidieron aplazar la votación sobre la polémica ley que estipula introducir el uso de certificados "covid" en lugares públicos. La idea es impopular entre la población.

Otro problema ha sido la baja aceptación de la vacuna en Rusia: sólo un 47,6% de la población está vacunado. El país está registrando unos 29.230 contagios de coronavirus al día, con subidas de un 7,5% de una jornada para otra. La presencia de la variante Ómicron en la capital rusa ya es “significativa”, dice el alcalde de Moscú, Serguei Sobyanin.

El mandatario advirtió que la ciudad vería un aumento importante de infecciones dentro de 7 a 10 días y agregó que “es muy posible que enfrentemos una situación peor que en oleadas anteriores”. Rusia admitió que registró su mes más mortífero en décadas en octubre, con el número total de muertes en exceso desde el comienzo de la pandemia de coronavirus, superando la cifra 810.000.

El nivel de la inmunidad colectiva se estima en torno al 63,7%. En este sentido, Rusia sí ha flexibilizado su postura: los ciudadanos extranjeros que ya superaron el coronavirus o fueron inoculados con vacunas foráneas, pueden recibir su certificado "covid" en Rusia si tienen anticuerpos, declaró la viceprimera ministra rusa Tatiana Golikova en declaraciones recogidas por la agencia rusa Sputnik.

Hasta el 14 de enero se completaron en Rusia más de 76,5 millones de ciclos de inmunización -incluidas dosis de refuerzo- contra el Covid-19. Hay cada día 686 fallecimientos asociados al virus, según el centro operativo nacional para la lucha contra el coronavirus. Para intentar mejorar esas cifras, el pasado 31 de diciembre —fecha del inicio de las navidades en países ortodoxos como Rusia— el Ministerio de Salud aconsejó a los rusos que no viajasen al extranjero para las vacaciones de Año Nuevo debido a la propagación de la variante Ómicron.

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