Un fármaco contra el cáncer arroja un rayo de esperanza sobre algo totalmente inesperado

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Los caminos de la ciencia son fascinantes: no es infrecuente que una investigación en la que se espera obtener cierto resultado acabe revelando sorpresas inesperadas.

Esto es lo que ha ocurrido con un compuesto químico que se estaba estudiando para tratar el cáncer y que ha resultado tener una potencial aplicación en un área completamente distinta: la regeneración de los nervios, un reto que hasta ahora se le ha resistido a la medicina.

La posibilidad de revertir el daño medular es un sueño para miles de pacientes y ahora un fármaco orientado al cáncer podría alumbrar un rayo de luz. Imagen vía Getty.
La posibilidad de revertir el daño medular es un sueño para miles de pacientes y ahora un fármaco orientado al cáncer podría alumbrar un rayo de luz. Imagen vía Getty.

El compuesto AZD1390 estaba siendo investigado por la farmacéutica AstraZeneca por su capacidad para hacer que las células cancerosas se vuelvan más vulnerables a la radioterapia. Sin embargo, un equipo de científicos de la Universidad de Birmingham observó un efecto inesperado durante sus experimentos que les hizo pensar que la sustancia podría fomentar la regeneración de nervios dañados.

Utilizando modelos animales, el equipo ha constatado que el compuesto es capaz de llegar a las zonas lesionadas de la médula espinal y promover su regeneración, restaurando así las funciones sensoriales y motoras. El fármaco todavía está en fase experimental, pero de aprobarse supondría un anhelado rayo de esperanza para las personas que han sufrido lesiones medulares.

Efectos secundarios afortunados

El cuerpo humano es una complejísima maquinaria en la que interaccionan miles de sistemas y procesos, por lo que no siempre es fácil predecir los efectos secundarios que puede tener un fármaco. A veces esos efectos imprevistos no son nocivos y el caso de AZD1390 no es el único ejemplo en el que se pueden aprovechar para un fin distinto.

El caso más sonado es el del sildenafilo, un fármaco que se desarrolló para tratar la hipertensión pulmonar y la angina de pecho. ¿No te suena? Seguro que su nombre comercial sí lo has oído: se trata de la famosa Viagra. Contra la angina no hacía gran cosa, pero durante los ensayos clínicos se descubrió que provocaba fuertes erecciones y se acabó comercializando para el tratamiento de la disfunción eréctil.

La investigación de tratamientos para la hipertensión ha reportado grandes alegrías al público masculino, y es que otro fármaco inicialmente desarrollado con ese fin también resultó inesperadamente útil para combatir nada menos que la calvicie. Se trata del minoxidil, un vasodilatador que en los ensayos clínicos produjo en los pacientes hipertricosis -un aumento del crecimiento del pelo en el cuerpo y en la cabeza-. La farmacéutica Upjohn desarrolló una loción con este principio activo y la comercializó para tratar la alopecia.

El aceite de minoxidil se utiliza para tratar la alopecia. Imagen vía Getty.
El aceite de minoxidil se utiliza para tratar la alopecia. Imagen vía Getty.

Nunca se sabe qué puede ocurrir cuando se pasa los ensayos in vitro y en modelos animales a los estudios en pacientes humanos y uno de los ejemplos más desastrosos fue el de la tristemente famosa Talidomida. Este fármaco, comercializado para tratar las náuseas en mujeres embarazadas, provocó una oleada de malformaciones congénitas hasta su retirada.

Pero incluso la infame Talidomida ha resultado tener sorprendentes aplicaciones. Obviamente se debe mantener alejada de cualquier mujer embarazada, pero en 1979 se empezó a utilizar para el tratamiento de una enfermedad reumática crónica llamada Síndrome de Behçet. Además, se ha demostrado eficaz para luchar contra el mieloma múltiple y sus propiedades antiangiogénicas -impide que se formen nuevos vasos sanguíneos- podrían ser de interés en el tratamiento de tumores.

La Talidomida produce malformaciones fetales, pero ha resultado útil en el tratamiento de otras enfermedades. Imagen vía Getty.
La Talidomida produce malformaciones fetales, pero ha resultado útil en el tratamiento de otras enfermedades. Imagen vía Getty.

La lista de compuestos químicos que se inventaron con fines distintos a los que tienen hoy es infinita: la aspirina, utilizada masivamente para el dolor y la fiebre antes del desarrollo del paracetamol o el ibuprofeno, se emplea actualmente para tratar la enfermedad de Kawasaki, la pericarditis o la fiebre reumática.

El Listerine, antes de ser popular como remedio para la halitosis, se creó para curar la gonorrea y se ha comercializado a lo largo de la historia como antiséptico quirúrgico, antifúngico para los pies, tratamiento del resfriado e incluso remedio para la caspa. ¿Quién sabe qué otras interesantes aplicaciones esconden los fármacos que ya conocemos?

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