No, no todos somos guapos, y haríamos bien en dejar de decirlo

Heather Jones

Hace poco respondí a un tuit del presentador de La Ruleta de la Fortuna de Estados Unidos recordándole sus privilegios como hombre blanco heterosexual y recibí mucho apoyo de personas que también consideraron que su tuit era problemático:

Hubo una época en la que podías disfrutar —o no disfrutar— de una película basándote en sus méritos. Ahora tenemos que preocuparnos por la política al seleccionar a los actores, por las implicaciones sociales de la película e incluso por la validez del proceso de revisión. Le están quitando la gracia a todo.

Quienes coincidían conmigo aportaban razones concretas para defender mi postura. Quienes discrepaban mostraban su desacuerdo de un modo distinto.

En vez de refutar mi punto de vista, atacaban mi físico. Algunos comentaron mi peso; otros, mi aspecto general, y uno incluso publicó un GIF del personaje de Macaulay Culkin en Solo en casa mirando con asco una fotografía enmarcada en la que había insertado mi foto de perfil.

Desde luego que no es la primera vez que recibo comentarios negativos por mi aspecto. Se han metido conmigo durante toda mi infancia y he estado oprimida por no “estar a la altura” de la belleza física de otras adolescentes y veinteañeras. Mis inseguridades por no ser atractiva según las convenciones ensombrecían las áreas en las que sí que sobresalía. Daba igual qué talento tuviera o qué lograra, el hecho de no ser atractiva según las convenciones me hacía creerme menos que los demás.

Con mucho tiempo para reflexionar y mucha introspección, he llegado a un punto en el que ya no pienso tanto en mi aspecto físico: soy realista. Aun así, cuando mi físico...

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