Sólo con agricultura ecológica no salvamos el planeta

Cultivo ecológico. Crédito: Hajhouse (Own work) [Public domain or Public domain], via Wikimedia Commons
Cultivo ecológico. Crédito: Hajhouse (Own work) [Public domain or Public domain], via Wikimedia Commons

Cada vez más gente se inclina por la comida orgánica y de cultivo ecológico. A fin de cuentas, son mejores para la salud al tiempo que ayudan a salvar el planeta. ¿O no? Según un artículo reciente, la cuestión no es tan sencilla y depende mucho del contexto. Es decir, por sí solas, estas prácticas no bastan.

Antes de continuar, hay que dejar claros algunos conceptos. Este nuevo estudio no niega que la agricultura ecológica, bien gestionada, emplee menos fertilizantes potencialmente contaminantes. O que los productos orgánicos – dejando al margen si el nombre es apropiado – tengan un mejor balance de nutrientes. El problema está en cómo se analizan y comparan las cosas, para determinar si su influencia o efecto es tan importante como se cree.

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Por empezar por algún sitio, tenemos el efecto de los fertilizantes. Las cantidades que se emplean, la manera en que se aplican, incluso los productos que se consideran ni siquiera se parecen entre la agricultura ecológica y la tradicional o comercial. Y el impacto negativo de los fertilizantes es innegable.

Todo esto está muy bien, cuando las regulaciones sobre el uso de fertilizantes no son muy rigurosos. Algo que ocurre en muchos lugares del mundo, sin duda. Pero si comparamos lugares donde las regulaciones son más estrictas – para su estudio, los investigadores se han centrado en Canadá, donde se ubica su centro de investigación – las diferencias no son tan llamativas. De hecho son, en términos estadísticos, descartables. Siempre considerando que se cumple con la normativa, algo que funciona en ambos casos.

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Otro tema muy relevante es el de la productividad de los cultivos. Este factor influye en un gran número de cuestiones, como veremos en un momento. El caso es que nadie puede negar que los cultivos ecológicos son menos productivos. Pero no demasiado, lo que hace que no sea una diferencia relevante.

Salvo por un pequeño detalle. Cuando se realizan estas comparaciones, se hace entre fincas de un tamaño similar. El problema es que los cultivos ecológicos y de productos orgánicos suelen tener un tamaño mucho menor. Y este menor tamaño implica, por las técnicas que se emplean, que la productividad por superficie disminuya. Es decir, que las fincas ecológicas de menor tamaño producen mucho menos, haciendo que la diferencia sí sea notable.

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Aquí es donde entra una de las cuestiones de las que hablábamos antes, y que es muy relevante. Uno de los argumentos para favorecer las agriculturas orgánicas y ecológicas es su contribución en la lucha contra el cambio climático. Que se computa en base a la cantidad de carbono que los cultivos capturan. Y la cantidad de carbono depende de la producción, así que si esta es mucho menor, capturarán mucho menor carbono, con lo que tendrán un efecto menor en la lucha contra el cambio climático.

Podría parecer que las alternativas sostenibles a la agricultura comercial no aportan ningún beneficio. Pero no es así. Tienen una contribución, y muy importante, pero si realmente queremos mejorar la situación del planeta hay que saber exactamente cuál es. Y sobre todo, ser muy rigurosos al exigir buenas prácticas tanto en la agricultura tradicional como en la orgánica y ecológica.