Sobianin, un inesperado y arriesgado liderazgo

Moscú, 12 may (EFE).- El alcalde de Moscú, Serguéi Sobianin, ha asumido un inesperado liderazgo en la lucha contra la epidemia de COVID-19, que le ha convertido en una figura política de magnitud nacional, después de que el presidente Vladímir Putin optara por mantenerse en un segundo plano al estallar la crisis sanitaria.

Si bien desde siempre el alcalde moscovita, por la importancia de la capital, ha figurado en el escalón más alto de la clase política del país, el coronavirus ha obligado a Sobianin a significarse quizás más de lo que le hubiera gustado, ya que los protagonismos son arriesgados en el sistema de poder vertical creado por Putin.

Pero fue el propio presidente ruso quien situó a Sobianin en esta tesitura al nombrarle al frente del grupo de trabajo del Consejo de Estado para la lucha contra la epidemia, con lo que centró los focos en su figura, mientras él mismo que se recluía en su residencia de Novo-Ogariovo, en la afueras de Moscú.

LA HORA DE LAS DECISIONES

Artífice de un andamiaje administrativo en el que la toma de decisiones se concentra en el Kremlin, Putin esta vez delegó en los dirigentes regionales toda la responsabilidad de afrontar el desafío de contener la epidemia.

Una de las primeras medidas decretadas por Sobianin, además de las cuarentenas obligatorias para los llegados desde el extranjero, fue el confinamiento de todas las personas mayores de 65 años y con patologías crónicas, a la que más tarde se añadió la cuarentena general y la introducción de pases electrónicos para desplazarse.

Las decisiones del alcalde moscovita, que fueron en su mayoría replicadas en casi todas las regiones del país, no estuvieron exentas de críticas incluso desde el oficialismo.

"Solo el presidente y la Asamblea Federal (Parlamento) tienen derecho a imponer tales restricciones", advirtió el senador Andréi Klishas, una de las figuras ascendentes de Rusia Unida, el partido de Putin, que subrayó que las disposiciones del alcalde moscovita exceden el marco constitucional.

Mientras Sobianin dictaba decretos restrictivos, el presidente ruso declaraba no laborable retribuible la semana del 30 de marzo al 5 de abril, medida que luego amplió, primero, hasta todo el mes de abril y, después, hasta ayer, 11 de mayo.

Que a Putin no le gusta que su nombre se asocie a malas nuevas es algo que destacan todos los analistas.

LAS INCÓGNITAS DE LA POSTCRISIS

Según el politólogo Gleb Pavlovski, un gran conocedor de los entresijos del Kremlin, ya que colaboró con la Presidencia rusa entre 1995 y 2012, una vez que se supere la crisis sanitaria se requerirá un nuevo contrato entre las autoridades y la población.

En una entrevista con la radio Ejo Moskvy (Eco de Moscú) destacó que por ejemplo en "Moscú surge en una nueva versión, con un nuevo Sobianin, un político federal de primer nivel, con el respaldo de una ciudad rica y fuerte".

"Se trata simplemente de un nuevo fenómeno político, de un nuevo partido", señaló Pavlovski, para agregar que la figura de Sobianin irrita enormemente al Kremlin, por lo que no descarta que se articule una coalición para "liberarse de las medidas ilegales del alcalde moscovita".

¿UNA ALTERNATIVA A PUTIN?

El analista independiente Abbás Gallyamov consideró en declaraciones a Efe que las primeras semanas tras la llegada de la pandemia a Rusia fortalecieron enormemente a Sobianin como el "gran luchador contra el coronavirus".

De mantenerse esa tendencia hasta el término de la crisis sanitaria, argumenta, su figura en el espacio público sería comparable a la de Putin.

"Y es que la opinión pública busca febrilmente una alternativa a Putin. Está cansada, ya son 20 años, y permanente topa con la pregunta sacramental de la política: 'Si no es Putin, ¿quién?'. Después de la epidemia podría decir: '¿Cómo que quién? Sobianin", dijo Gallyamov.

El Kremlin, añadió, "rápidamente percibió el peligro" y Putin, que estaba desaparecido de la escena pública, volvió a tener presencia casi diaria en la televisión con videoconferencias de trabajo desde Novo-Ogariovo.

"Paralelamente, contra Sobianin se lanzó un fuerte ataque en los medios, y este comprendió perfectamente el aviso del Kremlin, tras lo cual comenzó a actuar -conscientemente, en mi opinión- con cierta torpeza", indicó el experto.

El alcalde de Moscú, explicó, es un "'aparatchik' experimentado", comenzó a bajar su perfil , ya que sabe perfectamente que está perdido en una lucha contra el aparato burocrático del poder y que "el camino hacia la cima no pasa por la comunicación con el electorado, sino por la amistad con Putin".

UNA TRAYECTORIA ORTODOXA

Aunque Sobianin, de 61 años, es miembro del entorno próximo de Putin, es uno de los pocos que no comparte con el líder ruso un pasado en el KGB de la Unión Soviética.

Su carrera, a diferencia de la del presidente ruso, que saltó directamente del cargo de teniente de alcalde de San Petersburgo a la administración de la Presidencia, se asemeja a los líderes soviéticos de la postguerra: de escalón en escalón.

Elegido alcalde de una pequeña ciudad en 1991, dos años más tarde fue nombrado número dos de la región autónoma de Janty-Mansiisk, y en 1994, presidente de la Asamblea Legislativa regional.

Entre 2001 y 2005 fue gobernador del región siberiana de Tiumén -por lo que sus detractores le llaman "el criador de renos"-, desde donde fue llamado por Putin para encabezar la Administración de la Presidencia.

En 2008, cuando Putin pasó a ocupar la jefatura del Gobierno se llevó consigo a Sobianin como su jefe de su gabinete con el rango de viceprimer ministro, hasta que dos años más tarde fue nombrado alcalde Moscú, cargo al que ha sido reelegido, no sin polémica, en dos ocasiones.

LAS ESTADÍSTICAS AVALAN LA ESTRATEGIA DE MOSCÚ

"Lo importante ahora es la salud de los moscovitas", ha repetido una y otra vez Sobianin, cuya estrategia ante la crisis sanitaria en una ciudad de casi 13 millones de habitantes es avalada por las cifras.

Con poco más 121.000 casos confirmados de COVID-19 a día de hoy, en Moscú se han registrado cerca de 1.200 decesos asociados con el coronavirus, lo que supone una letalidad de en torno al 1 por ciento, una de las más bajas entre las grandes ciudades afectadas por la pandemia.

Según el alcalde moscovita, las proyecciones y modelos matemáticos señalan que la cifra real de contagiados en la capital se eleva a 300.000.

Bernardo Suárez Indart

(c) Agencia EFE